El sueño eterno

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 10 de julio de 2004

sueño eternoEs un real placer leer a Raymond Chandler, uno de los fundadores de la novela negra, en buenas ediciones y mejores traducciones pensadas para el amplio público iberoamericano y no sólo para los españoles. Quizá la traducción de modismos por palabras del léxico tradicional le quite algún matiz al relato, pero, en definitiva, lo deja apropiado para la lectura de cualquier hispanohablante, sin toparse a cada minuto con “napia”, “bofia” y otros tantos localismos equivalentes a tropezones en la calle, que incitan a usar el libro para encender la chimenea.

El sueño eterno, editado por la editorial argentina Emecé, es la primera novela de Chandler, un clásico por donde se lo mire, publicada originalmente en 1939. También hizo su debut mundial Philip Marlowe, el prototipo del detective privado duro e incorruptible, solo y amargo, que arriesga su vida y se enfrenta al mundo por 25 dólares diarios, más gastos. Marlowe está muy lejos del prototipo del héroe consagrado por otra ancha tradición estadounidense, solitario también, pero unilateral en su perfil de defensor del bien y la justicia. Marlowe es un perdedor que vive al margen de la ley, que aplica métodos poco ortodoxos, que se enfrenta permanentemente a la policía y los jueces. No aspira a nada. No quiere nada. Tal vez, a estas alturas, el retrato suene repetido. El punto está es que Marlowe es el original, no la copia, y los libros de Chandler están considerados desde hace mucho tiempo como parte de la mejor narrativa estadounidense, lejos de la etiqueta de la novela negra y a una enorme distancia de las múltiples reencarnaciones, siempre menos afortunadas, de un personaje entrañable.

Chandler, Dashiell Hammet y otros que los siguieron pusieron también los cimientos de una narrativa que rompió decisivamente con el modelo de la novela policial vigente hasta su aparición, planteada más como un puzzle, un desafío lógico, un juego de pistas que desafía al lector a llegar a la meta antes que el protagonista. En estas novelas no importa tanto el puzzle, sino el registro implacable del crimen, la corrupción y la bajeza que muestran la cara más fea y podrida de la sociedad. De ahí la amargura de Marlowe, quien sabe que, por más que logre llegar hasta el fin de una determinada trama, a la vuelta de la esquina encontrará un caso todavía peor.

El argumento de esta novela es complejo, retorcido y cruel: un asesinato lleva a otro, y, cuando todo parecía resuelto, asoman nuevos elementos y más muertes jalonan el camino que Marlowe, con insigne porfía, se empeña en seguir. Howard Hawks dirigió la primera versión cinematográfica en 1946, con la pareja Bogart-Bacall en los papeles protagónicos; hay un remake de 1978 menos destacable, dirigido por Michael Winner, con Robert Mitchum y Sarah Miles.

PD: la foto de portada no corresponde a la edición que leí, pero espero que la traducción sea la misma. Tampoco tengo los datos editoriales.

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