El revés de la utopía

La república Independiente de Miranda. Por Enrique Lihn. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1989. 140 páginas.

miranda.jpgEnrique Lihn fue conocido básicamente por su obra poética (La musiquilla de las pobres esferas, París situación irregular, El paseo Ahumada, entre otros títulos), obra que destacó por su seriedad intelectual, por su ceñido trabajo con las formas y por una irreverencia fundada en un acendrado escepticismo. Pero Lihn también destacó en el ámbito de la prosa; desde Agua de arroz, volumen de cuentos publicado en 1964, hasta su novela El arte de la palabra (1981), este autor trabajó, al igual que en su poesía, sobre sendas poco transitadas, con una propuesta estilística y temática que se desmarcaba de las tradiciones vigentes en la literatuta nacional.

En La República Independiente de Miranda, volumen de relatos editado póstumamente, Lihn propone un nuevo territorio para un mapa que registra varios antecedentes: el distrito de Yoknapathawpha de Faulkner, la Santa María de Onetti y el Macondo de García Márquez, para nombrar sólo los más ilustres. Mapa que reinventa e interpreta –o permite leer- el continente real sobre el que se superpone. Este nuevo territorio es una especie de anti utopía de remota ubicación tropical y dislocada geografía, descrito con trazos irónicos y  distanciados que quiebran la esperable alegoría.

El exceso paródico que campea en estos relatos abre una zona imaginaria desgajada del más probable referente (un Chile real agazapado en esta espectral Miranda). Es decir: ante el riesgo de caer en una obvia caricatura o en una historia en clave donde bastaría cambiar los nombres para encontrarse ante una mera crónica, Lihn optó por el exceso. De ahí la delirante geografía de la superposición de islas que conforman Miranda, trazada según líneas cuya regularidad geométrica repugna al sentido común -en el libro es calificada de “estúpida”- e induce a atribuir su creación a humana mano; de ahí la improbabilidad de las catástrofes que arrasan su territorio; de ahí la extravagante importancia de las teorías y prácticas artísticas en la vida política de Miranda.

De este exceso brota una punzante ironía que desafía los códigos del lector. Así como el territorio de Miranda no es reductible al territorio de Chile, estos relatos escapan a la circunstancia en que fueron escritos y se convierten, de carambola, en una mirada de singular lucidez sobre nuestra sociedad.

Pero no sólo de Miranda tratan estos cuentos. Los hay ambientados en Nueva York y en el mismo Chile; su atmósfera, nada mirandiana, tiene, no obstante, indudables relaciones de sentido con los del ciclo de Miranda. Un cuento es ejemplar: “Los gatos”, en donde gatunidad y humanidad se interpelan, agreden y niegan mutuamente.

Apsi 313, del l7 al 23 de julio de 1989

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Excesos

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 29 de enero de 2005

excesos de mauricio wacquezMauricio Wacquez, nacido en 1939, pasó buena parte de su vida fuera de Chile. Si antes del golpe militar residió mayormente en Francia, después del mismo se radicó en Barcelona, desde donde continuó su labor como traductor y narrador. En 1971, la prestigiosa colección Cormorán, de la entonces pujante Editorial Universitaria, publicó Excesos, su primera recopilación de cuentos, escritos en Europa, pero situados en diversos rincones de Chile y muy a tono con el espíritu de los sesenta, quizá la década más abierta a nuevas experiencias y a la revolución en todos los ámbitos de la vida social, política y cultural.

Pero Excesos, tal como lo muestra la reciente edición de Sudamericana, es algo más que el espíritu de la época. Wacquez, como lo demostró más tarde en obras como Frente a un hombre armado (1981, reeditada en 2002) y Epifanía de una sombra (2000, editada tras su muerte), es un narrador de rara finura, con una asombrosa sensibilidad para los matices (quizá por ello fue muy cotizado traductor para importantes editoriales españolas; tradujo, entre otros, a Gustave Flaubert, Jean Cocteau y Julien Green) y hábil constructor de relatos.

En el caso de Excesos, hay que matizar el concepto de relatos. Se trata a veces de viñetas, de momentos, de objetos narrativos, por así decirlo, a caballo entre el cuento y la autobiografía y articulados entre sí por personajes o lugares. Es decir, se trata de una de esas colecciones de cuentos que son bastante más que la suma de sus partes y, por tanto, difíciles de incluir individualmente en una antología. A estos rasgos estilísticos hay que sumar la voluntad de provocación contenida en la obra de Wacquez, quien no se detiene ante la maraña de prejuicios que rigen, de manera no declarada pero implacable, la sociabilidad chilena y la corrección de la escritura.

Sin embargo, Excesos transita, se diría, por diversas corrientes o profundidades dentro del mismo cauce; si por un lado hay extremos, violencia, muertes; por otro, por debajo, o por arriba, circula el recuerdo de la infancia, no menos feroz, pero en el sentido de la voluntad de desnudamiento, de exploración hasta las últimas consecuencias de las figuras paternas, del sumergirse en el yo con una sinceridad implacable que no abunda en las letras chilenas.

En el prólogo, Carla Cordua destaca el carácter elusivo de algunos relatos, que abordan mediante rodeos, mediante lo no dicho o lo dicho a medias, temas como la bisexualidad o la homosexualidad. Aquí también, y más que nunca, Wacquez recoge el espíritu de los sesenta, pero no de la revolución que recorría el mundo, sino del clausurado espacio de la sociedad chilena.

Mauricio Wacquez. Editorial Sudamericana, Santiago, 2005. 114 páginas.

Lecciones para un niño que llega tarde

Reseña publicada en el suplemento «Babelia» del diario El País, 13 de agosto de 2011

Yushimito.jpgNarrativa. Los cuentos de Carlos Yushimito son una genuina sorpresa. Desgajados de un lugar específico, tanto desde la geografía como desde las tradicionales categorías a las que se apela para clasificar, parecen brotar desde un territorio nuevo, desde una zona fronteriza que siempre está más allá, en otro lado, bañada por otra luz. Poco importa, en este sentido, si los protagonistas son personajes reciclados de El mago de Oz, aprendices de criminales que viven en alguna ciudad brasileña o niños que escapan de las clases de piano para despanzurrar insectos en el jardín; Yushimito habla desde otro lugar. Será que es peruano de origen japonés y vive en Estados Unidos. Será que este escritor de 34 años recicla con inusitado vigor distintas tradiciones y las sintetiza en una propuesta audaz y finamente trabajada, con un estilo de factura clásica que reparte por igual la claridad y la sombra, la ambigüedad y el trazo preciso, en cuentos cuya resolución nunca se reduce a una sola posibilidad de lectura, en historias complejas que nunca son breves y que, más aún, parecen más largas que las páginas que las contienen por su densidad y riqueza lingüística.

Varios de los protagonistas -como en el cuento que da título al volumen- son niños, y por esa vía hay fronteras que se abren y no solo por el ángulo más previsible -el ingreso legítimo de la fantasía, de ese modo de romper las convenciones tan propio de la infancia adoptada como motivo por la literatura-, sino también por el lado de los contornos éticos que dejan pasar la crueldad entendida también como un modo legítimo de aproximarse al otro. Que los mundos narrativos que compone Yushimito se articulen desde otro lugar implica a la mirada que describe o lee esos mundos, no al paisaje físico y humano que el autor pone en escena. Pero a su vez están tocados por una vara que los transfigura y desplaza levemente de su eje hasta el punto en que, sin dejar de ser familiares y de contornos reconocibles, dejan pasar un punto de singularidad y rareza que les proporciona una textura intensamente original. Y aunque hay relatos donde parece insinuarse un anclaje más firme en modos convencionales, no hay que descuidarse: el libro tiene, además, la virtud de la coherencia, y no deja de sorprender jamás.

Carlos Yushimito. Duomo, Barcelona, 2011. 246 páginas.

Usted está aquí

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 18 de julio de 2015 

Usted está aquíEste libro es una buena muestra de la obra de la escritora colombiana Margarita García Robayo (Cartagena de Indias, 1980): cuatro cuentos y una novela -o nouvelle, mejor dicho-, “Hasta que pase un huracán”, que ocupa unas 50 páginas en esta edición. El limpio estilo de la autora, ajeno a alardes vanguardistas y fiel al designio de armar buenas historias, hace que la escritura fluya con naturalidad y les da fuerza a relatos cotidianos de un Caribe desacostumbrado, lejano tanto de los excesos del realismo mágico como de los lugares comunes sobre la fogosidad, el ritmo y la intensidad de la vida sobre la línea del Ecuador. Los cuentos desarrollan historias que inquietan y dejan un regusto amargo: el niño obeso que ve cerrarse el mundo, la hija que no quiere ver a su padre, la joven intelectual que a fuerza de querer una relación no convencional termina por sucumbir a la ausencia de un concepto, el cuarentón de viaje doblemente atrapado en un hotel de paso y en la historia de una mujer que tiene miedo. La novela es protagonizada por una chica cuyo único objetivo en la vida es irse del país, y en ese empeño descubre que, aunque el mundo no tenga fin, da igual donde estés. “Lo bueno y lo malo de vivir frente al mar es exactamente lo mismo: que el mundo se acaba en el horizonte, o sea que el mundo nunca se acaba”, escribe al comienzo de su relato, que, al igual que los otros, puede leerse como que el horizonte en realidad no existe, que las historias son circulares, que las historias que le cuenta Gustavo, el viejo pescador, son tan repetitivas y monótonas como el videojuego en que entretiene sus días el adolescente ya tan gordo que necesita una silla de ruedas para moverse.

Hay que destacar, más allá de la amargura, la potencia de los relatos y la calidad de la escritura. Aunque a primera vista parezca que hay más de algún final abierto, los relatos están perfectamente concluidos, con sutileza y elegancia; y la novela, sobre todo, muestra el talento de García Robayo para delinear en una sola historia, en un golpe de mirada, en la trayectoria de un personaje cuya inteligencia se convierte en su peor condena, el destino de las clases medias, residentes y migrantes, en el ámbito caribeño. “El medio es el peor lugar en donde estar: casi nadie salía del medio, en el medio vivía la gente insalvable”.

Margarita García Robayo. Montacerdos, Santiago, 2015. 127 páginas. 

Latinoamérica criminal

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 17 de enero de 2015

650_RH29112.jpgBrasil concentra un tercio de la población de América Latina, pero suele estar excluido de las antologías de literatura regional. Por el diferente idioma, seguro, pero también por una decisión que se funda en el desconocimiento. Es asombroso, en realidad, que exista tan poco contacto entre ambos mundos. Esta antología -hecha por un escritor brasileño para una revista estadounidense- es un claro aporte en esta línea, puesto que en algo equilibra las cosas. Uno de los mejores cuentos del volumen es “Caballos entre el humo”, de Carol Bensimon, escritora de Porto Alegre que captura la violencia desde un ángulo mucho más político que criminal. La antología incluye asimismo cuentos de Bernardo Carvalho y Joca Reiners Terron, autores escasamente traducidos al castellano.

Tres de trece. El resto viene de México, Guatemala, Cuba, Venezuela, Colombia, Bolivia, Uruguay, Argentina, Perú y Chile. El cuento de Alejandro Zambra, “Hacer memoria”, apareció también en su libro Mis documentos y sirve para ilustrar otra característica de la antología: no se trata de historias policiales al uso, ni los crímenes son el soporte principal. Según indica Daniel Galera en la introducción, “pedimos a trece escritores de diez (en realidad, once) nacionalidades distintas que escribieran una historia de suspense ambientada en sus respectivos países de origen”. Sin embargo, cada autor afrontó con libertad el encargo y el resultado es mucho más diverso y complejo que una simple selección de género. Mariana Enríquez, por ejemplo, sorprende con una historia de ritos satánicos y miseria urbana en pleno Buenos Aires, un cuento magistral que se emparenta mucho más con el horror que con el crimen. El de Zambra es un ejercicio metaliterario singularmente atractivo. Otros cuentos, como el de Santiago Roncagliolo, se inscriben con más propiedad en el género policial, aunque, en el caso del escritor peruano, con una deriva humorística que rompe completamente el molde. “1986”, de Rodrigo Rey Rosa, tiene la estructura de una novela y el misterio o la ambigüedad que siempre se filtra en sus cuentos y novelas, un elusivo punto de fuga que parece quedar fuera de la obra. En síntesis, se trata de una selección original, amplia y de gran calidad, que abre tanto la frontera del relato policial como las fronteras nacionales.

Daniel Galera. Penguin Ramdon House, Barcelona, 2014. 296 páginas.

La ola

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 20 de diciembre de 2014

La-olaSiete cuentos dan forma a este libro de la escritora boliviana Liliana Colanzi (1981). Algunos, como “Vacaciones permanentes”, habían aparecido en un libro previo que llevaba precisamente ese título. El contrapunto entre antiguo y nuevo es muy útil; ese relato es representativo de una escritura bien lograda, pero con un punto todavía de adolescencia en los temas escogidos y en el desarrollo de una trama que podría haber ocurrido en Santa Cruz (la ciudad natal de la autora), Nueva York o Talca: jóvenes perdidos en su camino hacia la madurez, relaciones quebradas, la intensidad dramática de decisiones que más tarde serán tenues hebras de humo en la memoria. Otros relatos -“Retrato de familia”, “El ojo”, “Meteorito”, “La ola”- escapan claramente de ese marco y despliegan historias bien logradas que demuestran una singular madurez en el tratamiento del relato breve.

El mayor logro de Colanzi radica en su modo de trabajar los finales. Hay, aunque a veces sea solo en las últimas líneas, una aceleración del ritmo y una intensificación del sentido que elevan la intensidad narrativa y de alguna manera transforman la narración en otra cosa, o en otro cuento; unas pocas líneas o un par de párrafos que actúan con un efecto bumerán y golpean la conciencia del lector desde ángulos inesperados. Historias familiares o campesinas, cuentos de taxistas, presencias sobrenaturales, frutas autóctonas, dejan ver también el origen de la autora y atisbos sobre la vida cotidiana en Santa Cruz, pero sin ningún afán localista. Al contrario, se nota en Colanzi su voluntad de escribir para todos, con historias que no se arraigan en el color local, sino en sensaciones y percepciones más universales, aunque recuerde, con especial gusto, el achachairú, “la fruta más deliciosa del mundo: por fuera es de un anaranjado violento y por dentro es carnosa, blanca, dulce, ligeramente ácida”. Esa nota de nostalgia funciona como un sello de origen que otorga una identidad más precisa a los relatos, así como cuando habla de los cambas o incorpora una construcción verbal tan propia del castellano de Bolivia, el “había sido”. A partir de ella, Colanzi modula una forma de imaginar, de construir ficciones, desde otro lugar de América Latina, cuyo mapa -gracias, en buena medida, a las editoriales pequeñas de catálogos más arriesgados- se ha enriquecido singularmente en los últimos años.

Liliana Colanzi. Montacerdos, Santiago, 2014. 125 páginas.

El seminarista / El cobrador

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 18 de diciembre de 2010

el seminarista portadaPocas cosas hay más gratas que el encuentro entre el deber y el placer, entre la obligación de estar al día en las lecturas y el encuentro con la más reciente novela de Rubem Fonseca, quien no pierde, a sus 85 años, el vigor narrativo. Y más todavía cuando El seminarista retoma viejos tópicos del autor y vuelve a tomarle el pulso a la violencia criminal en Río de Janeiro, su ciudad adoptiva (desde los 7 años vive en Río). Es muy interesante apreciar, además, cómo el personaje creció desde un esbozo previo (algunos cuentos contenidos en Ella y otras mujeres, de 2006, historias a las que alude el protagonista) hasta su caracterización plena en una novela que tiene múltiples conexiones con otras previas.El protagonista es un asesino a sueldo, conocido como El Especialista, y está a las órdenes de El Despachante, intermediario entre quien encarga el crimen y quien lo ejecuta. José, o Zé, estudió en el seminario y desde esa época conserva la manía de las citas latinas y un par de amigos que también desertaron de la carrera sacerdotal.Zé tiene una suerte de ética del crimen: si bien nunca lee los diarios o ve noticias para evitar saber, aunque sea por casualidad, quiénes son sus víctimas, no mata a mujeres -salvo las debidas excepciones, claro- ni menos a niños; y, si alguna vez se encarnizó cruelmente en la ejecución, se debió a que el designado para morir era un pedófilo. La trama tiene algo de desquiciado y en algún punto de las sucesivas tramas que se hilan en torno a Zé y su novia el lector puede ver flaquear su fe en la verosimilitud interna del relato; pero, en realidad, eso no es importante. Lo que impresiona en El seminarista es la formidable capacidad de Fonseca para poner en circulación a tipos criminales complejos, cuya posible sicopatía está perfectamente a tono con una sociedad que no sólo los hace posibles, sino que también, de algún modo, los necesita.

tapa El cobradorY la buena noticia es doble: además de esta novela, los editores chilenos lanzaron su edición de El cobrador, de 1979, volumen de cuentos largamente desaparecido de las librerías y uno de los más feroces y contundentes de Fonseca. El protagonista del relato que da título al libro tiene más de un rasgo común con Zé, aunque la violencia inaudita del personaje lo supera largamente y lo constituye en una suerte de prototipo del criminal. Escritos a más de 30 años de distancia, ambos libros conforman un díptico indispensable para abordar a un autor que sigue sorprendiendo por la calidad de su escritura y su radical y desesperanzada mirada sobre la ciudad que lo acoge y la violencia que incuba.

Rubem Fonseca. El seminarista. Tajamar Editores, Santiago, 2010. 156 páginas

Rubem Fonseca. El cobrador. Tajamar Editores, Santiago, 2010. 171 páginas.

Humillaciones

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 15 de noviembre de 2014

HumillacionesMarcelo Mellado establece un nuevo hito en una narrativa ya profusa, aunque se trate de un escritor que se incorporó tardíamente a la escena literaria. Y lo hace con un estilo consolidado, una escena ya habitual y temas recurrentes, lo que habla bien de un proyecto que tiene claro su itinerario y que, mediante una suerte de espiral, cava más profundo en los sedimentos del país: en la provincia degradada, en la política mínima de los arreglines, en el tráfico de influencias y las movidas partidarias. También abreva en la biografía de su generación, aquella a la que el golpe de Estado sorprendió en la primera juventud y que creció entre la nostalgia, los arrebatos revolucionarios y la omnipresencia de la represión.

El autor tiene la virtud de tomar cada vez más distancia, incluso de sí mismo, lo que es más visible en un cuento en que ajusta cuentas con las miserias y dobleces de la escena literaria chilena a través de un protagonista fóbico y amargado que odia a los progres, a los pobres y a quien se le ponga por delante. Sobre la base de esa distancia, Mellado puede permitirse renovar -o actualizar- su mirada crítica (o cítrica) sobre costumbres burocráticas, pequeñeces cotidianas y hábitos sexuales. El Chile que emerge de estos cuentos da entre lástima, risa y pena, por la capacidad del autor para pasar de las convenciones y las buenas maneras y encontrar así nuevas energías para describir el patetismo nacional con humor y renovado desencanto. Aunque todavía pareciera que hay algo que rescatar, como esa gente buena que queda todavía en la provincia, “una porción importante de gente que cumple su palabra y que no anda con esa huevá maldita de los flaites y de los choros que cagan el negocio con su mala onda o con su informalidad”; pero si quien habla es un vendedor de droga al por menor, la frase tiene otra lectura.

El habla popular siempre ha sido un arma arrojadiza en los libros de Mellado, una manera de romper lo que habitualmente se entiende por literatura o por lenguaje literario, más todavía si, como ocurre en este y en otros de sus libros, se funde con la jerga legalista y el léxico de la conversación política. Ese efecto es una marca de estilo de Mellado, que en este libro se enriquece con la variación de voces narrativas que dan forma a otra colección de cuentos que amplía y profundiza un proyecto de singular coherencia y continuidad.

Marcelo Mellado. Hueders, Santiago, 2014. 120 páginas.

Reinos

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 10 de mayo de 2014

reino-portRomina Reyes (1988), periodista, debuta en la ficción con este breve libro compuesto por seis relatos, con el que ganó el premio Mejores Obras Literarias Inéditas 2013 en la categoría cuento. Y merecidamente, puesto que el libro revela una mano segura en el trazo y una voz propia que tiene muchas posibilidades de ganar madurez y depurar un estilo que ya se manifiesta con claridad. Se trata de historias situadas en las antípodas de la épica, escritas en un tono menor donde la melancolía y la sensación de vacío se instalan con suavidad, sin aspavientos, sin el más mínimo vestigio de autocompasión. La contención, sin embargo, no implica amargura; hay lucidez, una profunda y cristalina lucidez, pero sin que esa capacidad de sentir el vacío o la inutilidad de las cosas se transforme en un lastre para el fluir de los relatos. “A veces pienso como si nada bueno me fuera a pasar nunca, lo que no significa que esté triste ni que la pase mal”, dice uno de los personajes, y parece resumir el tono general de los cuentos. La autora asume con mucha propiedad voces narrativas masculinas y femeninas, y a través de ellas construye relatos que establecen una clara correspondencia con su experiencia de vida; no intentan ir más allá, pero ello no limita, ni mucho menos, su capacidad expresiva. Más que la metaliteratura, tan de moda, o que la ficción elaborada a partir de la propia biografía, otra tendencia muy marcada en la narrativa chilena reciente, lo de Romina Reyes es el intento de atrapar fragmentos de vidas en esos momentos donde la claridad, o algo semejante a la lucidez, obliga a mirar la realidad de frente y a percibir cuánto hay de inestable, de frágil, de incierto, en la existencia de cada uno. Momentos de crecimiento, ritos de paso, que operan de alguna manera a contrapelo del famoso verso de Gabriela Mistral “todas íbamos a ser reinas”: en los cuentos de Romina Reyes, los reinos son el dominio de la incertidumbre, el desvelo, de la intuición de “Qué terrible debe ser no tener que hacer otra cosa que pensar”, porque por ahí se asoman el peso de vivir y la inutilidad de la esperanza: “Debe ser desgastante vivir pensando que hay que esperar algo, como si la vida estuviera en otra parte”. El último cuento, que da su título al libro, es quizá el que mejor trabaja el desgarro, el dolor y la dificultad de conocer al otro; y sin duda que es uno de los mejores motivos para conocer la obra de esta joven autora.

Romina Reyes. Montacerdos ediciones, Santiago, 2014. 121 páginas.

Cuentos completos de Thomas Mann

Reseña publicada en la revista “El Sábado” del diario El Mercurio, 12 de febrero de 2011

Cuentos Thomas MannEn realidad, el título es -felizmente- engañoso. La edición incluye por primera vez no sólo todos los relatos breves de Thomas Mann (excepto uno escrito en hexámetros que el mismo autor miraba de reojo), que pueden ajustarse a la definición clásica de cuento, sino también sus novelas cortas o nouvelles, esos relatos que transitan entre el rigor exigente de la forma breve y la complejidad arquitectónica de la novela. Entre ellas están varias que suelen editarse como volúmenes independientes, como Muerte en Venecia, Señor y perro, Las cabezas trocadas y La engañada. Así, puesto que Mann se dedicó al cuento sólo en sus primeras etapas, se logra un recorrido amplísimo, que va desde el primer relato escrito a sus 17 años (Visión, apenas dos páginas de empalagoso impresionismo), hasta La engañada (1953, la última novela que Mann entregó antes de su muerte, ocurrida dos años después). En el intervalo queda otro puñado de cuentos memorables, que funcionan como hitos en un recorrido reconocido por las vastas catedrales narrativas que constituyen lo más característico de la producción literaria de Thomas Mann.

Bien dice la editora, en el prólogo, que Mann «escribió novelas cortas a lo largo su vida. Acompañaban la escritura de las grandes novelas que cimentaron su fama, y algunas de ellas son tan famosas como las obras de mayor envergadura o incluso más». Se refiere, naturalmente, a Muerte en Venecia.También hay que destacar la sutil relación entre las obras de larga extensión y las más breves; algunas funcionan como primeros ensayos, esbozos, maneras de situar un tema en el horizonte narrativo del autor. Tonio Kröger, por ejemplo, adelanta el motivo del artista herido por una sensibilidad fuera de lo común que retoma en Muerte en Venecia y Doktor Faustus; en cambio, La ley es una suerte de coda de José y sus hermanos, un nuevo episodio bíblico escrito casi por la inercia de los 14 años que le tomó la escritura de su novela más monumental. En muchas de ellas, Mann introduce de manera subrepticia su biografía, tal como lo hizo en libros como Buddenbroocks y Doktor Faustus. Ignorar esas circunstancias no le quita nada de valor a los relatos; como dice Hermann Kurzke, autor de Thomas Mann. La vida como obra de arte, “el rastro que sus vivencias personales han dejado en su obra literaria es parcialmente muy nítido, parcialmente diluido”, de tal manera que su reconstrucción, tarea de especialistas, sólo otorga un punto adicional de inquietud a relatos que siempre, aún hasta los muy imperfectos que abren el volumen, muestran de otra manera el mundo y resisten incólumes el paso del tiempo. 

Thomas Mann. Edhasa, Madrid, 2010. 952 páginas.