La chica de seda artificial

keun

Reseña publicada en la revista «El Sábado» fdel diario El Mercurio, 8 de diciembre de 2007

La frase inicial de esta reseña, si hubiera sido publicada en 2015, debería sustituir al FCE por Tajamar, editorial y distribuidora que nuevamente -y al parecer con mayor éxito- ha traído un catálogo de enorme calidad que en estos días celebró los 15 años de su primer libro. Su colección Alexander Platz ya incluye tres novelas de Keun, una autora de aquellas que muestran la necesidad de recomponer el canon. Feliz cumpleaños, Editorial Minúscula.

La editorial Minúscula está de vuelta en Chile, gracias a la distribución del Fondo de Cultura Económica. Es una excelente noticia para los lectores, que podremos acceder a un catálogo sumamente escogido y centrado en dos líneas: clásicos de la literatura centroeuropea y libros que presentan una perspectiva original sobre un lugar cualquiera, ciudad, región, paisaje inventado.

La chica de seda artificial pertenece al primer grupo. La vida de la autora, Irmgard Keun, parece de novela: muy joven, triunfó como escritora a comienzos de la década de los treinta; perseguida por los nazis y obligada a exiliarse, conoció y se unió a otro fugado del nazismo, Joseph Roth. En 1939, este último murió en París; Keun, amparada en la falsa noticia de su suicidio, regresó clandestinamente a Alemania, sobrevivió a la guerra y vivió en silencio hasta 1982. Tras su muerte se redescubrió su obra, vigorosa, aguda y punzante, fieramente premonitoria y de una escritura rica en metáforas, ingenio y segura intuición para el ritmo narrativo. Esta novela es la primera que publicó, en 1931, y traza un feroz retrato de la Alemania golpeada por la recesión mundial. En ese mundo que se disuelve y se cae a pedazos, sólo queda ensayar estrategias de supervivencia, y en eso es experta su heroína, una chica ambiciosa que sabe, sin embargo, que la primera condición para anhelar algo es vivir, y a eso se aplica con determinación y un sombrío humor que aliviana las sombras del maltrato y del abuso. La esperpéntica galería de personajes que la acompaña ilustra mejor todavía el terrible naufragio de la República de Weimar y ofrece luces sobre cómo y por qué subió Hitler al poder.

Irmgard Keun. Minúscula, Barcelona, 2004. 173 páginas.

Cuentos completos de Thomas Mann

Reseña publicada en la revista “El Sábado” del diario El Mercurio, 12 de febrero de 2011

Cuentos Thomas MannEn realidad, el título es -felizmente- engañoso. La edición incluye por primera vez no sólo todos los relatos breves de Thomas Mann (excepto uno escrito en hexámetros que el mismo autor miraba de reojo), que pueden ajustarse a la definición clásica de cuento, sino también sus novelas cortas o nouvelles, esos relatos que transitan entre el rigor exigente de la forma breve y la complejidad arquitectónica de la novela. Entre ellas están varias que suelen editarse como volúmenes independientes, como Muerte en Venecia, Señor y perro, Las cabezas trocadas y La engañada. Así, puesto que Mann se dedicó al cuento sólo en sus primeras etapas, se logra un recorrido amplísimo, que va desde el primer relato escrito a sus 17 años (Visión, apenas dos páginas de empalagoso impresionismo), hasta La engañada (1953, la última novela que Mann entregó antes de su muerte, ocurrida dos años después). En el intervalo queda otro puñado de cuentos memorables, que funcionan como hitos en un recorrido reconocido por las vastas catedrales narrativas que constituyen lo más característico de la producción literaria de Thomas Mann.

Bien dice la editora, en el prólogo, que Mann «escribió novelas cortas a lo largo su vida. Acompañaban la escritura de las grandes novelas que cimentaron su fama, y algunas de ellas son tan famosas como las obras de mayor envergadura o incluso más». Se refiere, naturalmente, a Muerte en Venecia.También hay que destacar la sutil relación entre las obras de larga extensión y las más breves; algunas funcionan como primeros ensayos, esbozos, maneras de situar un tema en el horizonte narrativo del autor. Tonio Kröger, por ejemplo, adelanta el motivo del artista herido por una sensibilidad fuera de lo común que retoma en Muerte en Venecia y Doktor Faustus; en cambio, La ley es una suerte de coda de José y sus hermanos, un nuevo episodio bíblico escrito casi por la inercia de los 14 años que le tomó la escritura de su novela más monumental. En muchas de ellas, Mann introduce de manera subrepticia su biografía, tal como lo hizo en libros como Buddenbroocks y Doktor Faustus. Ignorar esas circunstancias no le quita nada de valor a los relatos; como dice Hermann Kurzke, autor de Thomas Mann. La vida como obra de arte, “el rastro que sus vivencias personales han dejado en su obra literaria es parcialmente muy nítido, parcialmente diluido”, de tal manera que su reconstrucción, tarea de especialistas, sólo otorga un punto adicional de inquietud a relatos que siempre, aún hasta los muy imperfectos que abren el volumen, muestran de otra manera el mundo y resisten incólumes el paso del tiempo. 

Thomas Mann. Edhasa, Madrid, 2010. 952 páginas.

El elegido, de Thomas Mann

El año pasado, a alguien en el diario se le ocurrió que no correspondía incluir reediciones (sic) en la sección Leer de El Sábado. Así, aunque esta novela llevaba décadas fuera de los catálogos editoriales, no me aceptaron la reseña. Ahora la rescato por una cuestión más bien doméstica: ha sido el año de lectura de Thomas Mann en mi casa.

El elegido

Con algún retraso llegan las novelas de Thomas Mann que está reeditando Edhasa, algunas de ellas largamente desaparecidas del mercado editorial. Es el caso de El elegido (1951), una de las últimas novelas que concluyó el autor alemán antes de morir en 1955. Y, tal como la que quedó inconclusa, Confesiones del estafador Felix Krull, da muestra de un inusitado sentido del humor; más que eso, en realidad, se trata de obras que apelan al humorismo como base y estructura del relato, lo que las destaca notoriamente en el conjunto de una obra que tiende a erigir catedrales narrativas cuya complejidad y riqueza de matices no excluyen en modo alguno el humor (que, especialmente en el caso de Thomas Mann, nunca hay que confundir con ironía), pero con un papel menor y acotado. En estas novelas tardías, en cambio, la mirada se instala desde la comicidad, por más que la historia que relata El elegido sea, al menos en su primera parte, un drama terrible, una historia de incesto y doble incesto que desemboca en un castigo ejemplar, en el total y absoluto aislamiento del mundo hasta el punto de que el protagonista, perdido en una roca desolada que enfrenta una inhóspita costa, pierde hasta la figura humana. Basada en leyendas y poemas medievales, la historia del papa Gregorio es también una historia ejemplar de hundimiento y elevación, de condena y perdón. Como señaló el mismo autor, aunque de trata de una alegre parodia de la leyenda, conserva “con la más pura seriedad su núcleo religioso, su cristianismo, la idea de pecado y gracia”, a lo que habría que agregar el enorme respeto que Mann sentía por la figura del papa, hacia quien sentía “una empatía fraternal que no resulta fácil de explicar”.

Se suele clasificar -con cierta injusticia, creo yo- El elegido entre las obras menores de Thomas Mann, aunque es, sin duda, una de las más accesibles que escribió. Es un relato seductor desde el inicio, donde el narrador, que se presenta como “el espíritu de la narración”, impone sus reglas: dejará la voz impersonal para encarnarse en un monje que hace gala de compasión y cariño por sus personajes y se propone como una mediación, que aporta buena parte de la vena paródica y risueña, entre lo que narra y el lector. Parecido a Serenus Zeitblom, el pacato narrador del Doktor Faustus, el monje muestra, sin embargo, mucho más soltura y libertad moral que su antecesor, y construye un relato inolvidable por su tránsito entre alturas y profundidades, por algunas escenas de desaforada comicidad (¿quién podrá olvidar los sueños de los cardenales romanos que les anuncian la llegada del nuevo papa?) y por su gran sentido de lo humano. Ya en la vejez, y pasada la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, Mann deja fluir una vena lúdica que puede ser, también, una gigantesca ironía, una manera de burlarse de sí mismo, de su solemnidad y de su “fraternidad” con el papa, del carácter patricio de su figura cultivada como para ser inscrita en una moneda.

Thomas Mann. Edhasa, 2008. 360 páginas.