Las leyes de la herencia

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 5 de diciembre de 2015

leyes herencia“En literatura”, escribió Simenon, “todo es siempre autobiográfico, incluso la imaginación”, recuerda María Negroni en Pequeño mundo ilustrado. La cita viene al caso porque este libro es un conjunto de relatos que oscila entre ambos polos, la autobiografía sin máscaras y la fantasía pura, como la historia del escriba que no sabe por qué traza cifras en tablillas e ignora también “cuántas vidas pagarán para hacer realidad esa escritura”. Episodios fechados en años concretos alternan con historias que no se sabe bien de dónde emanan; para el caso, da lo mismo. Lo interesante es cómo Videla (autor, hasta ahora, de poesía y de una interesante novela, Campo de tiro) varía los registros narrativos y que, de algún modo, no cesa de interrogar a la escritura y al porqué de escribir. Puede ser, por ejemplo, una forma de humillar al otro más eficiente que el bullying escolar. O un destino del que se quiere huir. O un trabajo, el trabajo de imitar un estilo “flatulento”, de frases cortas, sin oraciones subordinadas, sin gerundios, que finalmente se escapa de las páginas de un libro destinado a una campaña senatorial a las señas publicitarias, a los letreros, hasta terminar contaminando toda la realidad. Una realidad flatulenta (el cuento, “Fantasmas”, es una parodia inmisericorde de un personaje de la política criolla).

La escritura puede ser asimismo un instrumento de seducción, por supuesto. Desde el Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand, que está claro. Pero igual puede ser un gigantesco equívoco y un motivo de sospechas familiares sobre las cartas que el tío que vive en Italia le manda a su sobrina. ¿Y si, para demostrar que no hay equívoco, el autor de las cartas decide escribir cuentos con un título de fantasía: “Las leyes de la herencia”, donde alternará “fragmentos autobiográficos con relatos improbables, de ciencia ficción o policiales o góticos”? La escritura, en fin, también puede ser una eficiente manera de ocultar la realidad a través de un enorme sistema de noticias, una serie de mentiras cuya sucesión termina por revelar dolorosas verdades o puede algo infinitamente peor, un modo de opresión, una dictadura en regla, con sesiones obligatorias de lectura, una policía del libro, una cultivada clausura de los espacios de libertad. Leer a Videla desde este ángulo resulta bastante más provechoso que seguir el entrecortado hilo autobiográfico; los cuentos valen mucho más por su autonomía narrativa que por su posible anclaje en la realidad. “La visita”, donde los olores corporales y el hedor de las aguas estancadas de Venecia son protagonistas, es la mejor muestra de ello.

Leonardo Videla. Das Kapital, Santiago, 2015. 120 páginas.

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También esto pasará

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, primero de agosto de 2015

Maquetación 1Esta novela de Milena Busquets es uno de los sucesos de la temporada 2015 en España, reeditada y traducida rápidamente a diversas lenguas. Su autora propone un relato que se basa en su biografía, especialmente en la relación con su madre, la famosa escritora y editora que fundó y mantuvo bajo su dirección por 40 años el sello Lumen. Una de las razones es la misma que la crítica le reprochaba a Javier Marías cuando publicó su primera novela: no parece española. Es decir, nada de la pesadez del castizo y sí un ritmo veloz e infatigable, al lado de una saludable desinhibición para hablar tanto de temas íntimos como de la especial relación con su madre, a quien define como “el gran amor de su vida”.

Como en tantos otros casos recientes, no importa en absoluto qué es ficticio y qué pertenece al dominio de la biografía; lo que interesa es cómo Busquets elabora ese material y se lo propone al lector. La agilidad narrativa y la vivacidad de las descripciones, así como la puesta en escena del torbellino que la sacude en el verano siguiente a la muerte de su madre, que pasa en Cadaqués en compañía de sus hijos, de sus amigas, de sus dos ex maridos y de su amante y su familia -ya esa conjunción insólita da para el desarrollo de una historia novedosa-, es un relato atractivo en parte por ello y en parte por el aire de honestidad y sinceridad que lo recorre, ayudado además por la fluidez del paso de la narración en primera persona a interpelaciones directas a la madre muerta, muy bien integradas en la estructura. Es una protagonista que pareciera no querer dejar nada en la sombra, que describe a los hombres que le gustan, que no tiene problemas -al contrario- con las relaciones paralelas, y que, sobre todo, vive el momento con una enorme intensidad, con los ojos abiertos a todo lo que puede ser de interés en el mundo. Solo la malogra un cierto hábito sentencioso, casi epigramático, que suelta en hilera frases que, en realidad, suelen decir muy poco o que no resisten la comparación con otras experiencias vitales. Van dos tomadas al azar: “Amamos como nos han amado en la infancia, y los amores posteriores pueden ser solo una réplica de ese primer amor”. “No hay marcha atrás en una historia de amor, una relación es siempre una carretera de sentido único”. Puede no ser relevante para la lectura. Es solo que ese tipo de afirmaciones taxativas van sumándose y afectan el ritmo de la narración.

Milena Busquets. Anagrama, Barcelona, 2015. 172 páginas.

El año del verano que nunca llegó

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 11 de julio de 2015 

el verano que nunca llegóEn abril de 1815 se registró la erupción del monte Tambora, en Indonesia, la más grande en 1.300 años, que arrojó a la atmósfera cientos de miles de toneladas de azufre y cenizas. La nube negra, dispersada por los vientos, llegó al hemisferio norte y cerró los cielos. La lluvia, la nieve y el frío que congeló ríos y lagos reinaron en los meses destinados a la cosecha. Cundió el hambre. Hubo epidemias. Parecía el fin del mundo, y culminó con tres días y tres noches de completa oscuridad. En esa fecha, en una mansión a orillas de lago Lemán, en Ginebra, estaban reunidos los poetas Byron y Shelley, Mary Woolstonecraft y John Polidori, más otros invitados. En esas noches, escribe William Ospina, “dos poderosos mitos de nuestra época se estaban gestando en las habitaciones de Villa Diodati”. Alimentados por las partículas suspendidas en el aire, el frío y la borrasca, y sobre todo por el miedo, “porque para concebir las fantasías más terribles no precisamos ser poetas sino estar de verdad aterrados”, el vampiro y el hombre creado con retazos de otros hombres tienen su origen en esa larguísima noche en Ginebra, mientras el pánico galopaba por China, por Europa, por Estados Unidos, en la inverosímil cantidad de días en que la lluvia no cesó de caer en Irlanda.

Ospina reconstruye esa historia desde un punto de vista muy personal: cómo se encontró con el tema en las calles de Buenos Aires, cómo la casualidad lo llevó a la Villa Diodati, cómo fue completando sus lagunas y su conocimiento tanto de los personajes como de la ya abundante tradición novelesca que se ha inspirado en una conjunción de factores tan extraños y de frutos tan relevantes para la cultura de nuestro tiempo. Escrito en primera persona, el libro combina el ensayo literario con la autobiografía, pero es algo más que eso, la historia de una búsqueda que indaga también en un tema mayor: el modo en que se construyen los mitos. Ospina, a sabiendas, recorre un camino ya bastante transitado; lo que hace la diferencia -y que transforma El año del verano que nunca llegó en un libro apasionante- es su libertad para establecer vínculos y hacer enlazar episodios tanto de su biografía como de la historia de la cultura. Posesionado por el tema, solo pudo darle curso a la obsesión a través de un texto que pone sobre el tapete una muy atractiva intuición sobre nuestro tiempo.

William Ospina. Literatura Random House, Santiago, 2015. 301 páginas.

La apicultura según Samuel Beckett

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 25 de abril de 2015

apicultura beckett«La vida personal está muy sobrestimada», dice Samuel Beckett, personaje de esta novela, a un joven estudiante que lo ayuda a ordenar sus archivos. Y agrega, más adelante, que «lo que importa es la biografía de quienes leen mis libros, más que la mía. Los universitarios harían mejor en investigar su propia vida si quieren entender algo de mi obra». Y para rematar su argumento, Beckett y su ayudante se dedican a crear archivos falsos que se sumarán a los verdaderos en las universidades que le han pedido donaciones del material sobre el que el escritor trabaja. Hay ahí un programa de lectura, un modo de enfrentar la literatura, que se extiende a todo el volumen. Ficción sobre un personaje real que se presenta como parte real de los archivos de Beckett, ficción sobre el creador. Y más en el caso del escritor irlandés, famoso por sus silencios y su fuga del mundo, que aquí es retratado como un jovial anciano hippie, que tiene colmenas en el techo de su edificio.

La novela trabaja con humor sobre cuestiones que podrían parecer muy serias. O que lo son, pero esa seriedad está amortiguada por una suave ironía que se proyecta sobre el trabajo de la escritura, de la memoria, de la función del arte y de su imbricación con la biografía. De hecho, esta reseña suena mucho más seria y solemne que la novela de Martin Page, escritor francés que tiene varias obras traducidas al castellano. Page resuelve muy bien el dilema de hablar de cosas serias en forma liviana, pero, sobre todo, lleva al límite su propósito de subvertir la biografía canónica de Beckett. Una de las líneas del relato es la representación de Esperando a Godot en una cárcel sueca, que el autor trata como si fuera una novedad absoluta en 1985, año en que se desarrolla la novela. Pero ocurre que esa obra fue montada por presidiarios en San Quintín, California, a comienzos de los años sesenta, y Beckett -el real- se involucró mucho con la compañía que surgió de esas representaciones. Las frases de Beckett personaje sobre la cárcel probablemente parafrasean otros textos, pero San Quintín desaparece y aflora, en cambio, otra prisión, con un director que no es un interno y que no tiene las claves para entender qué pasa con ese acto. Así, Page añade otro retorcimiento de la biografía, otra manera de insistir en que, cuando se trata de escritores, la vida personal está sobrestimada y que lo que importa es qué le ocurre al lector con una obra.

Martín Page. Edhasa, Buenos Aires, 2015. 128 páginas.

Kassel no invita a la lógica

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 4 de octubre de 2014

kassel-no-invita-a-la-logica_9788432221132 (1)Enrique Vila-Matas fue el invitado estrella del Festival de Literatura que se celebró en Buenos Aires, Montevideo y Santiago. Felizmente ya estaba en las librerías chilenas su última novela –o “reportaje novelado”, como la describe-, Kassel no invita a la lógica, título enigmático que se aclara con la lectura. En esa ciudad alemana se lleva a cabo, cada cinco años, la Documenta, una exposición de arte que se ha constituido en la oportunidad para revisar tendencias vanguardistas desde que se realizara por primera vez en 1955. Los ciudadanos de Kassel, un importante centro de producción de armamentos y escala para muchos convoyes cargados de judíos rumbo a los campos de concentración, optaron por privilegiar el arte antes que la reconstrucción para cambiar la imagen de la ciudad. Todo esto lo cuenta el autor en el libro, que da cumplida cuenta de su viaje y sobre todo de los paseos que realizó por la ciudad y de las reflexiones que fue elaborando mientras caminaba de una instalación a otra.

Aquí confluyen varias características de la narrativa de Vila-Matas. La propia vida como materia de la ficción, por ejemplo, que está presente en sus textos cada vez de manera más pronunciada; y la progresiva difuminación de la frontera entre la narrativa y el ensayo. El interés del reportaje gana muchísimo porque se instala detrás la mirada de un autor reflexivo que no vacila en lidiar con ocurrencias, teorías y personajes y que, sobre todo, no le teme a lo nuevo (y lo nuevo que hay en Kassel es cuanto menos desconcertante). “Me había fascinado gran parte de lo visto (…) porque sin la fascinación por lo nuevo –o por aquello que tenía el detalle de al menos intentar parecerlo- no podía vivir, no había podido vivir nunca, al menos desde que supe que existía o podía existir lo nuevo”. A su vez, las abundantes reflexiones sobre el destino de Europa, sobre el arte contemporáneo y sobre la escritura están muy bien incorporadas en el desarrollo de una trama minuciosa y divertida, con un personaje protagónico con un humor extravagante apresado por l’esprit de escalier, aquello que ocurre cuando se tiene una conversación y luego de un rato, cuando ya es muy tarde –cuando ya se está debajo de la escalera-, viene a la mente la respuesta oportuna, precisa y aguda. Ese personaje torpe y variable, que está de buen ánimo por las mañanas y deprimido por las tardes, que se convierte en una instalación viva en la Documenta, anima una de las propuestas más nuevas y refrescantes de la literatura reciente.

Enrique Vila-Matas. Seix Barral, Barcelona, 2014. 300 páginas.

Amo a Dick

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 20 de septiembre de 2014

amo a dickLa escritora y cineasta estadounidense Chris Kraus vendrá a Chile a comienzos de octubre como invitada del Festival de Literatura de Buenos Aires, Filba, que desde el año pasado se celebra también en Santiago (y a partir de 2014, se suma Montevideo). Es entonces una buena oportunidad para hablar de su única obra traducida al castellano, Amo a Dick (título que contiene un obvio juego textual), libro interesantísimo que, aunque fue publicado originalmente en 1997, recién a fines de 2013 pudimos leerlo en español.

Se trata de una obra difícil de clasificar. Chris habla de sí misma, de su relación con su marido y con el elusivo Dick, el hombre del cual se enamora cuando está a punto de cruzar el abismo de los 39 años, “fecha de caducidad de una hembra”, según escribe Eileen Myles en el prólogo. Pero habla también de muchas otras cosas, de su cine experimental, de su juventud en bares de toppless, de su calidad de “acompañante” en las fiestas de gente del arte, donde David Byrne y John Cale ponían la música, del arte contemporáneo, del judaísmo, del dilema que representa para el feminismo la Chica Guapa cuando ella se siente fea, de sexo, de política, de activismo, de viajes, del matrimonio (del suyo con Sylvere, pero también en general). Y lo hace a través de dos formas: el relato en tercera persona, lo menos frecuente, y las largas y sucesivas cartas que ella y su marido le escriben a Dick, cartas que son tanto una crónica del enamoramiento de Chris como un levantamiento más general sobre el papel y el lugar de las mujeres en una sociedad rabiosamente masculina.

Si hay algún rasgo que define con entera propiedad el libro es la intensidad. “Así que en un sentido amar es como escribir: vivir en un estado con tanta intensidad que es vital ser precisa y consciente”, dice la narradora-protagonista. Mucho se ha escrito y elaborado sobre la propia vida como sustento de la ficción. Quizá este sea un caso inverso, al menos formalmente: la estructura literaria como soporte para llevar a cabo una intensísima operación de desnudamiento, de exploración de la verdad hasta un extremo insoportable, porque “ser real y absolutamente sincero es ser casi profético, volcar la cesta de los huevos”. Y no queda huevo intacto tras el vendaval de un texto que se lee con la respiración contenida, por el poderoso impulso de verdad y de libertad que lo recorre de punta a cabo.

Chris Kraus. Alpha Decay, Barcelona, 2013. 339 páginas.

Cuentos completos de Thomas Mann

Reseña publicada en la revista “El Sábado” del diario El Mercurio, 12 de febrero de 2011

Cuentos Thomas MannEn realidad, el título es -felizmente- engañoso. La edición incluye por primera vez no sólo todos los relatos breves de Thomas Mann (excepto uno escrito en hexámetros que el mismo autor miraba de reojo), que pueden ajustarse a la definición clásica de cuento, sino también sus novelas cortas o nouvelles, esos relatos que transitan entre el rigor exigente de la forma breve y la complejidad arquitectónica de la novela. Entre ellas están varias que suelen editarse como volúmenes independientes, como Muerte en Venecia, Señor y perro, Las cabezas trocadas y La engañada. Así, puesto que Mann se dedicó al cuento sólo en sus primeras etapas, se logra un recorrido amplísimo, que va desde el primer relato escrito a sus 17 años (Visión, apenas dos páginas de empalagoso impresionismo), hasta La engañada (1953, la última novela que Mann entregó antes de su muerte, ocurrida dos años después). En el intervalo queda otro puñado de cuentos memorables, que funcionan como hitos en un recorrido reconocido por las vastas catedrales narrativas que constituyen lo más característico de la producción literaria de Thomas Mann.

Bien dice la editora, en el prólogo, que Mann «escribió novelas cortas a lo largo su vida. Acompañaban la escritura de las grandes novelas que cimentaron su fama, y algunas de ellas son tan famosas como las obras de mayor envergadura o incluso más». Se refiere, naturalmente, a Muerte en Venecia.También hay que destacar la sutil relación entre las obras de larga extensión y las más breves; algunas funcionan como primeros ensayos, esbozos, maneras de situar un tema en el horizonte narrativo del autor. Tonio Kröger, por ejemplo, adelanta el motivo del artista herido por una sensibilidad fuera de lo común que retoma en Muerte en Venecia y Doktor Faustus; en cambio, La ley es una suerte de coda de José y sus hermanos, un nuevo episodio bíblico escrito casi por la inercia de los 14 años que le tomó la escritura de su novela más monumental. En muchas de ellas, Mann introduce de manera subrepticia su biografía, tal como lo hizo en libros como Buddenbroocks y Doktor Faustus. Ignorar esas circunstancias no le quita nada de valor a los relatos; como dice Hermann Kurzke, autor de Thomas Mann. La vida como obra de arte, “el rastro que sus vivencias personales han dejado en su obra literaria es parcialmente muy nítido, parcialmente diluido”, de tal manera que su reconstrucción, tarea de especialistas, sólo otorga un punto adicional de inquietud a relatos que siempre, aún hasta los muy imperfectos que abren el volumen, muestran de otra manera el mundo y resisten incólumes el paso del tiempo. 

Thomas Mann. Edhasa, Madrid, 2010. 952 páginas.

«Mis documentos», de Alejandro Zambra

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 4 de enero de 2014

plantDOCUMENTOS.qxd:plantCULPABLES.qxdEs el cuarto libro de Alejandro Zambra en el género narrativo. Es también el más largo que ha publicado, y el primero en que aborda el relato breve. Y con razón -aunque haya aparecido hace pocas semanas- ha sido destacado como uno de los libros del año por diversos críticos y medios. En realidad, cada nuevo libro del autor confirma lo que se sabe, que es el narrador más destacado de su generación (y de las que siguen), por su habilidad para entretejer historias que, especialmente en este, difuminan la frontera entre la biografía y la ficción y que, a la vez, logran establecer un retrato tan fiel de la sociabilidad chilena contemporánea. Hay dos tipos de cuentos en Mis documentos: aquellos narrados en primera persona, que evidentemente tienen más arraigo en la biografía del autor, y aquellos en donde un narrador en tercera persona expone fragmentos de otras vidas. Los autobiográficos -por decirlo de alguna manera: nunca se trata solo o en primer lugar de apelar a la memoria, sino de construir una historia que la devela- muestran alguna continuidad con su obra previa, Formas de volver a casa, y hay tres especialmente destacados: la humanidad, ternura y nostalgia (“una nostalgia frívola y quejumbrosa”, se lee en algún relato, aunque en realidad los adjetivos sean, aplicados al libro, una suerte de ironía) con que está construido “Camilo”, y el rencor inmisericorde -aunque también, de alguna manera, nostálgico- que atraviesa “Instituto Nacional”, donde largos fragmentos repiten la fórmula que creó Joe Brainard y continuó Georges Perec: “me acuerdo”. El tercero, “Yo fumaba muy bien”, celebra el cigarrillo (o el cigarro, como se suele decir en Chile) como una manera de mirar el mundo, de instalarse en la realidad, aunque cuente las historia de cómo lo dejó (aunque haya sido a la manera de Svevo, donde el último cigarrillo es siempre el primero de los últimos cigarrillos de la vida). Los otros, los fragmentos de otras vidas, suelen abordar otro tópico en la narrativa de Zambra, la dificultad para establecer relaciones amorosas duraderas (“era a todas luces un hombre normal, porque se había casado, había tenido un hijo, había vivido y aguantado unos años en familia y después, como hacen todos los hombres normales, se había separado”), con indiscutible y enorme talento para situar la mirada en la fragilidad y precariedad del encuentro con un otro, en esos pozos abisales de donde nacen tanto la calentura como el hastío, el amor y la rabia.

Alejandro Zambra. Anagrama, Santiago, 2013. 205 páginas.

Tzvetan Todorov y la literatura

«Si hoy me pregunto por qué amo la literatura, la respuesta que de forma espontánea me viene a la cabeza es: porque me ayuda a vivir. Ya no le pido, como en la adolescencia, que me evite las heridas que podría sufrir en mis contactos con personas reales. Más que excluir las experiencias vividas, me permite descubrir mundos que se sitúan en continuidad con ellas y entenderlas mejor. Creo que no soy el único que la ve así. La literatura, más densa y más elocuente que la vida cotidiana, pero no radicalmente diferente, amplía nuestro universo, nos invita a imaginar otras maneras de concebirlo y de organizarlo.

Todos nos conformamos a partir de lo que nos ofrecen otras personas: al principio nuestros padres, y luego los que nos rodean. La literatura abre hasta el infinito esta posibilidad de interacción con los otros, y por lo tanto nos enriquece infinitamente. Nos ofrece sensaciones insustituibles que hacen que el mundo real tenga más sentido y sea más hermoso. No sólo es un simple divertimento, una distracción reservada a las personas cultas, sino que permite que todos respondamos mejor a nuestra vocación de seres humanos».

La literatura en peligro. Tzvetan Todorov. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009. Página 17.

Crédito de la foto.