Me acuerdo

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 30 de junio de 2007

UN LIBRO DE CULTO

Me acuerdo PerecGeorges Perec es uno de los autores más singulares del siglo pasado. Autor de culto e incomprendido por muchos, que lo acusan de excesivo interés en la forma y desmedida vocación lúdica, el escritor francés influyó mucho más de lo que se piensa en las nuevas maneras de entender las fronteras de la narrativa. Durante 15 años fue autor de los crucigramas semanales de Le Point, escribió en los más diversos géneros y trabajó como archivero del laboratorio de investigación neurofísica del hospital Saint-Antoine. Hace algunos años, la editorial Gedisa publicó una selección de obras breves bajo el título Pensar/Clasificar, una síntesis del estilo de aproximación de Perec a la literatura: obras para armar, en la expresión de Cortázar, animadas por el afán de juego y de una cierta manera de reproducir el funcionamiento del azar, con los cruces, las coincidencias, las sorpresas y los giros inesperados.

Me acuerdo es un libro de culto, pero que hasta ahora no había sido traducido al español. Perec se inspiró en I remember, de Joe Brainard, y lo informa la misma lógica de dejar en libertad a la memoria para reconstruir, a través de fragmentos caprichosos, una época y una vida. El libro de Perec tiene 480 entradas, todas muy breves, donde pone en escena programas radiales, libros, deportistas, películas, juegos, expresiones, músicos, modas, lugares, diálogos, barcos, en fin, de todo lo que pueda surgir en el ejercicio de recordar. El resultado es fascinante, un mapa de época, una colección de estímulos, la cartografía de la materia prima de donde brota una obra literaria compleja y provocativa, aún no reconocida en todo su valor.

Me acuerdo fue publicado en 1978, cuatro años antes de la muerte de Perec. Y aunque muchas referencias son desconocidas para el lector contemporáneo (aunque ayudan las notas y el índice de materias), no es apremiante saber a qué se refiere el autor en cada entrada; lo importante es el valor del ejercicio, que reivindica la libertad creativa y estimula la participación del lector. En eso, Perec destaca sobre la mayoría de sus colegas. Es posible encontrar el libro en librerías como Ulises o Altamira.

Georges Perec. Editorial Berenice, Córdoba, 2006. 173 páginas.

Me acuerdo

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 31 de octubre de 2009

me-acuerdo-brainardJoe Brainard, artista plástico, murió en 1992 a los 52 años. Dejó atrás una interesantísima obra de collages, cuadros y montajes; además diseñó portadas de libros y discos, disfraces de teatro y escenografías, pero, curiosamente, debe buena parte de su fama a una serie de libros que comenzó a publicar a los 28 años bajo un mantra tan sencillo como reconocible y eficaz: “me acuerdo”. Al compás de esa fórmula de evocación recupera su biografía y también el espíritu de la época que le tocó vivir: su adolescencia en Tulsa, Oklahoma y su juventud en Nueva York. Pero, sin duda, Brainard pone el acento en el primer factor, su biografía, hecha de humores, hedores, deseos y vuelos sublimes, con alguna crudeza respecto de sus experiencias homosexuales y un aire de sinceridad que parece ser la clave de la permanencia de su libro en la memoria colectiva. Brainard trabaja desde el fragmento, el dato o la experiencia única, con libertad, sin orden, al ritmo que dicta la sola evocación. Y, con toda su brevedad y concisión, con su modo errático, descubre una manera de hablar de sí mismo que tiene resonancias universales. Paul Auster escribió que “con frases sencillas y contundentes, traza el mapa del alma humana y altera de forma permanente la manera en que miramos el mundo”. La reciente edición de Sexto Piso, primera en español, salda una deuda ya antigua con un texto que deberíamos haber conocido antes.

En 1982, 12 años después del primer Me acuerdo de Brainard, Georges Perec publicó los suyos y señaló que “el título, la forma y, en cierto modo, el espíritu de estos textos se basan en los I remember de Joe Brainard”. Sí, sólo en cierto modo, porque el de Perec apela más a la memoria colectiva que a la biografía, son más generacionales que personales. Sus Me acuerdo, dijo el mismo autor, “son pequeños pedazos de cotidianidad que fueron vividos y compartidos y luego olvidados. Sin embargo, de repente regresan, por azar o porque han sido buscados entre amigos una noche”, banales, mínimos, insignificantes, pero que, al recuperarlos, provocan “unos segundos de una impalpable y pequeña nostalgia”. Perec, capaz de escribir un libro sobre lo que se ve desde la mesa de un café parisino, no es, obviamente, un mero imitador y esta particular forma de evocación parece creada para él mismo, un artista del fragmento y el detalle que, sin embargo, conforman una obra de portentosa creatividad.

Georges Perec. Berenice, Córdoba, 2006. 173 páginas.

Joe Brainard. Sexto Piso, Ciudad de México, 2009. 146 páginas.

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A la hora en que cada uno tiene razón

albert-caracoA la hora en que cada uno tiene razón, todo está perdido, todo se vuelve permitido y posible, es la hora trágica por excelencia y es la nuestra. Estamos en medio de personas de buena fe, que morirán por su causa aceptando inmolarse, sabemos que su causa es un malentendido en la mayoría de los casos, pero no sirve de nada informarles de ello, se negarán a creernos y especialmente teniendo en cuenta que ahí se contiene su razón de vivir. El ideal es casi siempre un pañuelo de equívocos y si sustraemos el contrasentido, consagramos a la mayoría de los hombres al absurdo, ya que la verdad no está hecha nunca a su medida. Ahora bien, nuestros medios, a cada vuelta de rueda, vuelven la verdad más fuerte y nos sentimos cada vez más desorientados en el universo, este universo que humanizamos sin cesar: esta paradoja no es menos trágica que la precedente y no se le ve una solución. ¿Cuánto tiempo subsistiremos presa del desorden? Pues el desorden no sabría eternizarse, el espíritu humano no lo soporta sin estallar. Entonces la catástrofe parece preferible y el hombre vacila en precipitarse, con la esperanza de forzar la mano al futuro.

Albert Caraco. Breviario del caos, Sexto Piso, 2004. página 75. Las negritas son mías. El texto original es de 1982. La traducción es de Rodrigo Santos Rivera.

Convertir la paja en oro

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 22 de agosto de 2015

ConvertirPajaEnOro_PortadaMorris Berman ha sido o es muchas cosas: poeta, novelista, académico, historiador cultural. Sexto Piso ha publicado sus libros sobre la decadencia de Estados Unidos y recientemente Cuestión de valores, un conjunto de ensayos que van desde su tema habitual -el país en que creció- hasta asuntos más generales de normas morales y modos de vivir. Convertir la paja en oro es su primer libro como jubilado y residente en México, escrito ya desde otro punto del camino; la reflexión se da la mano con el testimonio, la digresión con la autobiografía, pero, sobre todo, sorprende por su libertad. Es decir, con su capacidad de plantearse algunas preguntas que parecen tomadas desde otras vertientes -cómo vivir una vida auténtica, por ejemplo- y abordarlas desde sus lecturas, sueños y vivencias. El estilo corre parejo con esa libertad, cada texto parece tener autonomía. El hilo que los une es subterráneo y lo tiene que descubrir el lector.

Las preguntas que Berman aborda son incómodas, aunque surgen claramente expresadas solo en las páginas finales. Por ejemplo: “¿No te molesta vivir en una gran casa llena de objetos caros, sin tener ya jamás sexo con tu pareja, con unos hijos que ni te hablan y se la pasan en sus cuartos jugando videojuegos?”. Para el autor, tanto aquella forma de vivir como el trabajo sin sentido, los antidepresivos, la pantomima de la felicidad representada para los demás y, especialmente, “vivir en una cultura en la que el poder y la influencia no signifiquen más que esto: que estamos dispuestos a inyectarnos veneno en las venas de manera cotidiana”, son el resultado de no vivir una vida auténtica. De cómo lograrlo habla en otras secciones del libro, aunque está muy lejos de ser un manual de autoayuda y, lo que es más importante, tampoco propone respuestas, solo su experiencia (y comienza el libro diciendo que a mediados de sus 60 años empezó a entender su propia vida). Es, de cualquier manera, un libro valioso e inquietante, que no se agota en la primera lectura y que alguna luz puede arrojar sobre cómo romper las narrativas que falsean la perspectiva sobre uno mismo y sobre los demás. Como escribió Kavafis, citado por Berman: “El que espera crecer en espíritu / tendrá que trascender la obediencia y el respeto. / Los placeres sensuales tendrán mucho que enseñarle. / No tendrá miedo del acto destructor: / tendrá que echar abajo la mitad de la casa”.

Morris Berman. Ilustraciones de Jorge Tanamachi. Sexto Piso, Madrid, 2015. 90 páginas.

Moby Dick o la ballena

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 16 de mayo de 2015

moby-dickEn el prólogo a la estupenda edición de Acantilado de Los ensayos de Michel de Montaigne, el filólogo Antoine Compagnon sostiene que los lectores en castellano -y en otros idiomas- estamos en mejor posición que los franceses para enfrentar un clásico publicado en 1595: “Montaigne será más leído y mejor comprendido en otros lugares que en el país donde nació, porque los aficionados extranjeros tendrán la opción de leerlo en una lengua moderna”. Hay quienes sostienen, también, que hay que traducir cada 50 años a los grandes clásicos, para acceder a ellos en la lengua actual. Moby Dick no tiene una edad tan venerable -Melville la publicó en 1851-, pero, sin dudas, leerla será más complicado para un angloparlante que para el lector chileno que accede a esta edición, con traducción del español Andrés Barba e ilustraciones de Gabriel Pacheco. Sin contar ediciones en colecciones escolares que suelen maltratar los textos, hay otras dos recientes de calidad: Debate, 2001, con traducción de Enrique Pezzoni, y Valdemar, en 2013, con traducción de José Hernández Arias. Las dos recogen las ilustraciones de Rockwell Kent. Estas traducciones reemplazan a las antiguas -como la clásica de José María Valverde- que ya son muy difíciles de encontrar. La gracia adicional de esta edición de Hueders es que es chilena (la misma que Sexto Piso editó para España y el resto de Hispanoamérica) y es impecable en el diseño y la encuadernación.

Así que no hay casi excusa para no volver a un clásico o para adentrarse en él si no se lo conoce. Hay pocos libros que resistan con tanta dignidad y altura el implacable paso del tiempo. La aventura marítima, el microcosmos de un navío donde el capitán es, más que un emperador, un dios, la variedad de recursos narrativos y, detrás de todo, la presencia fantasmal, enorme y terrorífica de la gran ballena blanca que obsesiona a Ahab van mucho más allá del valor alegórico y del manido hábito de situar el mal y el bien en dos polos opuestos. Si nadie es santo -y el capitán Ahab, el menos de todos-, la ballena blanca no es sólo el mal absoluto. Que no admita lecturas reductoras es apenas una de las virtudes de un libro gigantesco, incomprendido por décadas y celebrado por las sucesivas generaciones que siguen encontrando en él la maravilla y el espanto, la inconmensurable grandeza y la enormidad del mal.

Herman Melville. Hueders, Santiago, 2015. 760 páginas.

La bestia de París y otros relatos

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 14 de marzo de 2015

bestiaAunque el cuadro de la portada recuerda las esculturas del Parque de Bomarzo, tan socorridas para dar una idea de lo monstruoso, en realidad es un cuadro de Eugène Atget, muy apropiado para el primer y más extenso reportaje de este breve libro. El volumen agrupa cuatro crónicas de Marie-Luise Scherer -alemana y ganadora de varios premios por su trabajo-, escritas en París. Un asesino, dos escritores y muchos diseñadores de vestuario son los temas que permiten el despliegue del consumado talento de Scherer, cuyo trabajo periodístico se sitúa en la vereda opuesta del afán de golpear con una noticia.

Lo suyo va mucho más allá. El reportaje inicial es un ejemplo: todos los datos importantes están en los diarios y, aunque se advierte un intenso trabajo de reporteo, está en el entorno de los hechos, en la personalidad de víctimas y victimarios, en la caracterización de barrios y de calles. “La bestia de París” fue el apodo que los medios de prensa entregaron a un misterioso y escurridizo asesino especializado en señoras ancianas que vivían solas. El asesino -que contó con un cómplice en los primeros crímenes- sembró el terror en los barrios en torno a Montmartre durante varios años. Podría ser una crónica policial como tantas; lo interesante es el elusivo punto de mirada de Scherer, que huye de todo tipo de interpretaciones o que, más bien, dispone los hechos de tal modo que el lector podrá llevarlas a cabo. La historia es sórdida, triste, brutal y despojada de humor, pero también es una oportuna ventana a las carencias y debilidades que pueden alimentar la aparición de personajes tan amorales como el protagonista.

Otra crónica ejemplar es sobre Marcel Proust o, más exactamente, sobre el rodaje de El amor de Swann, de Volker Schlöndorff, a comienzos de los ochenta. Scherer presta tanta atención a los hábitos sociales del escritor francés como a las personalidades de Alain Delon, Ornella Muti o Jeremy Irons, los protagonistas de la película, y se las arregla para establecer una lectura que se superpone a las obras del escritor y del cineasta, una interpretación sutil, amable y original. Las otras dos crónicas -sobre el surrealista Philippe Supault y sobre el mundo de los desfiles de moda- siguen la misma pauta: más que información, hay lectura; más que apego a los datos, hay elegancia en el estilo; y la originalidad no está en los temas escogidos, sino en el modo de tratarlos.

Marie-Luise Scherer. Sexto Piso, Madrid, 2014. 127 páginas.

«Dispara a todo lo que se mueva»

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 3 de enero de 2015

disparaHay una ingente bibliografía sobre la guerra de Vietnam, de la que conocemos -en castellano- solo una mínima parte, que va desde el elogio del militarismo y la crítica al Partido Demócrata, hasta la crónica descarnada del sinsentido del conflicto. El clásico libro de Michael Herr (Despachos de guerra), que sirvió como una de las fuentes de películas como Apocalypse now y Full metal jacket, está abundantemente citado junto a cientos o miles de libros, artículos y, sobre todo, material desconocido encontrado por el autor en archivos militares completamente ignorados hasta ahora. El resultado es una crónica terrible que muestra en toda su crudeza el feroz prontuario de las fuerzas armadas estadounidenses en Vietnam.

Los títulos de algunos capítulos son elocuentes: “Un sistema de sufrimiento”, “Una letanía de atrocidades”, “Sufrimiento sin límites”. Por debajo -aunque Nick Turse, periodista, no la explicita en ningún momento- está la tesis de que la guerra no se perdió tanto en el campo de batalla, sino que en la otra dimensión del combate: la batalla por ganar “corazones y mentes”; es decir, lograr el apoyo mayoritario de la población civil al régimen de Vietnam del Sur. La escala de los abusos es tan amplia, tan extendida, tan brutal, que parece difícil de creer, y, sin embargo, el único defecto del libro es que puede parecer una escritura plana y repetitiva precisamente porque pone el acento en el sustento documental, en los archivos, testimonios y entrevistas que respaldan la veracidad de su información. Las cifras marean y la impunidad indigna, puesto que había un aval institucional que condonaba casi todo abuso, desde la violaciones de niñas al asesinato de niños, ancianos y mujeres.

Como investigación periodística, es impecable. Como demostración de que es posible levantar una historia paralela desde el ángulo de los vencidos, también, y ahí radica una cuestión que tiene mucho que ver con el poder en una dimensión más amplia que la escala nacional. El capítulo sobre Vietnam en La marcha de la locura, de Barbara Tuchman, es una exposición casi incomparable de cómo un país puede llevar a cabo una empresa bélica en contra de sus auténticos intereses; el libro de Turse demuestra, por su parte, cuán poco de la Constitución estadounidense, tan citada e importante para la identidad de la mayor democracia del mundo, llegó a la selva vietnamita.

Nick Turse. Sexto Piso, Madrid, 2014. 439 páginas.

Mis lecturas favoritas de 2014

Hacer una lista de fin de año entraña un gran riesgo: revela tanto lo leído como, sobre todo, el inagotable universo de lo no leído. Dicho esto, van, sin orden de prioridades ni pretensiones canónicas, algunos de los libros que más me gustaron en mis lecturas de 2014.

Galveston, de Nick Pizzolatto.  Recién llegada a Chile. Leí la edición argentina hace unos meses. Es de las mejores novelas policiales que he leído en los últimos años, aparte de dos clásicos de los que hablo más abajo. Acá la reseña.

Tela de sevoya, de Myriam Moscova. La reseñé acá. Es un ensayo autobiográfico escrito con una admirable cercanía, que además descubre un bellísimo sustrato de la lengua que hablamos en América Latina y España.

clarisseEse libro fue la principal motivación para comprar El color del tiempo. Poesías completas, de Clarisse Nicoïdski (Sexto Piso, Madrid, 2014; 117 páginas), escritora francesa de origen sefardí que, aparte de novelas escritas en francés y no traducidas al castellano, escribió un puñado de poemas cuyo propósito fue el de mantener viva la lengua, o la lingua, familiar. «Muchas linguas se hablaban en casa: el italiano, el serbo croato, unas palabras en allemán, y un poquito de francés. Y se cantavanlas todas. Una lingua tenian mis padres conocida de ambos: la que llamabamos el “spaniol muestru” y que nos venia de nuestros abuelos, llegados al “Ottoman turco” como se decia, desde la Inquisición d’España». Son poemas de extraordinaria limpidez, dedicados a los ojos, a las manos, a la boca, a las penas de amor, a las palabras; versos breves, poemas breves, que hay que leer “kon su musika de orijín”, como dice la abuela de Moscova, e intentar entenderlos bajo esa cadencia del lenguaje antes de mirar la página de enfrente, donde el traductor, Ernesto Kavi, trató de aliviar la “herida abierta”, la “memoria que está sangrando”, entre el sefardí y el castellano, para recuperar la dulzura perdida en el tiempo.

qui dizirás?
in tu boca
las palavras puedin ser piedras

i puedin ser palavras

qui dizirás?

La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski. Es de 2013, pero se distribuyó en Chile en 2014, así que acá la incluyo con la reseña anotada. Es una novela apasionante, por lo distinta y por la enorme capacidad lúdica de su autor. Un placer de principio a fin.

Cuando hablábamos con los muertos, de la escritora argentina Mariana Enríquez, es otra interesantísima obra que muestra cómo la narrativa de género puede romper fronteras y anclarse en situaciones sumamente cotidianas o en procesos históricos. Es de 2013, pero la leí y reseñé a comienzos de 2014.

El silencio de los animales, de John Gray. Un filósofo inglés que escribe mucho y que vuelve sobre sus temas, hasta destilarlos en un libro breve y provocador. La reseña de rigor, aquí.

uno-es-un-numero-solitarioUno es un número solitario, de Bruce Elliott. No la he reseñado. En 2012, la editorial de clásicos de la novela negra Stark House rescató, en un solo volumen, dos novelas policiales de comienzos de la década del cincuenta. A su vez, la editorial argentina La Bestia Equilátera las publicó, pero por separado. En 2013 apareció Mi ángel tiene alas negras, de Elliot Chaze, reseñada aquí; y en 2014, la de Elliott. Impresiona cuánto tienen en común ambas, aunque las historias sean completamente distintas. Las mujeres también desempeñan acá un papel crucial y la desgracia se respira desde las primeras líneas. Como retrato de la sociedad estadounidense, es despiadada. Como indagación en los abismos del espíritu humano, es más implacable aún.

Al sur de la Alameda, de Lola Larra, con ilustraciones de Vicente Reinamontes, es una excelente novela destinada al público juvenil, con una sólida historia de revuelta estudiantil y de ritos de paso hacia la madurez. Puede sonar tópica la idea, pero está muy bien desarrollada.

Continuación de ideas diversas, de César Aira. Entre las muchas publicaciones de Ediciones Universidad Diego Portales, hay muchísimas dignas de figurar en esta lista. Me decanté finalmente por estos ensayos de Aira, que dan para parodiar la famosa frase bélica: “el ensayo es la continuación natural de la narrativa”. Acá la reseña.

Ejercicios de encuadre, de Carlos Araya, es una propuesta original, arriesgada y bien escrita, que muestra nuevos caminos para la narrativa chilena.

CortezasDestaco dos ensayos difíciles de encontrar en Chile –y por eso no los reseñé-, pero Amazon está en todas partes. Cortezas, de Georges Didi-Huberman, continúa su ya larga y sumamente prolífica exploración de la imagen, su significado y su contenido. En Cortezas (Shangri La, Santander, 2014; 68 páginas) retoma los temas que planteó en Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto (Paidós, 2004) a través de una visita al campo de concentración de Birkenau y las reflexiones que se abren a partir de veintena de imágenes conducen a un ámbito más complejo y de mayores repercusiones, la barbarie, la historia y la cultura: «la cultura no es la cereza del pastel (nota: en Chile decimos “la guinda de la torta”) de la historia: es todavía y en todo caso un lugar de conflictos donde la historia misma cobra forma y visibilidad en el corazón de las decisiones y los actos, no importa cuán “bárbaros” o “primitivos” sean».

no tan incendiarioNo tan incendiario (Periférica, Cáceres, 2014; 189 páginas), de Marta Sanz, es un libro atípico –que incorpora columnas publicadas en diarios con un hilo reflexivo enunciado siempre en primera persona-, que viene a remover viejos asuntos más bien olvidados –o soslayados- en el presente: la relación entre literatura y política no tanto desde la militancia o la denuncia, sino desde una trinchera previa, el desenmascaramiento de la ideología, de las estrategias de mercado, de la sobrevaloración del lector (¡no siempre tiene la razón!), de la cultura como mercancía que todos consumimos. Mejor citarla: «Globalización y pensamiento único están en la raíz de la producción de unos textos que no se limitan a reflejar el contexto –tal es la creencia más común-, sino que son en sí mismos contexto: aquí volvemos a la necesidad servil y mercantil de complacer al lector, y también a la costumbre de profesionalizar la escritura y de pagar abundantemente a un escritor satisfecho, estómago lógicamente agradecido, mientras se excluye del campo, del canon literario y de las mesas de novedades, al escritor que no sintoniza con una sensibilidad mayoritaria».

Y al final, un cuarteto: me gustaron dos buenas lecturas venidas desde Argentina pero editadas en Chile, Desubicados, de María Sonia Cristoff, y Flores nuevas, de Federico Falco; y los primeros libros de dos escritoras jóvenes y promisorias, Reinos, de Romina Reyes, e Incompetentes, de Constanza Gutiérrez.

El silencio de los animales

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 7 de junio de 2014

silencioLeer al filósofo John Gray es una experiencia que apasiona tanto como inquieta. El largo subtítulo del libro -“Sobre el progreso y otros mitos modernos”- es una buena pista para saber por dónde discurre su pensamiento. Antes de seguir, digamos que Gray tiene esa rara virtud de escribir con claridad sobre asuntos complejos que suele verse en científicos dedicados a la divulgación, pero poco entre los filósofos, y con el añadido de que no se trata de difundir contenidos de la tradición, sino de su manera de ver el mundo. Su frecuente recurso a la literatura para hacer surgir los contenidos de su reflexión es una manera de hacer la lectura más cercana al lector de a pie, pero también acentúa el desconcierto ante la crudeza de su razonamiento. Porque Gray pone en duda, con sólidas herramientas, muchos de los mitos sobre los que se fundamentan las acciones y las creencias colectivas, así como la historia del siglo XX y el presente de la crisis del capitalismo. El mito del progreso, por ejemplo, aludido en el título: esas afirmaciones tan frecuentes en el discurso político de todos los colores, que la humanidad progresa hacia un futuro mejor y que el hombre será cada vez más racional, encuentran aquí un feroz desmentido. “Como la música barata, el mito del progreso levanta el ánimo y embota el cerebro”, escribe Gray, y, en la primera parte del libro, deja en claro que la fe no es una cuestión religiosa, sino también secular, y que cuestionar el progreso se ha convertido en una suerte de blasfemia para el ateo humanista contemporáneo. Más aún, dice Gray, “un tipo de ateísmo que se negara a ensalzar a la humanidad sería un auténtico avance”. Si las frases suenan lapidarias es porque están fuera de los largos párrafos en que el filósofo inglés, nacido en 1948, pone en evidencia toda la fragilidad de la creencia que suele fundamentar tanta construcción ideológica: que el hombre es un ser racional. Su manera de hacerlo, con ejemplos concretos, ideas comúnmente aceptadas, personajes de novela y teorías diversas pasadas por el tamiz de un escepticismo que no se concibe como ideología, sino como método, es demoledora. La segunda y tercera partes del libro analizan, siempre con la misma lucidez, otras formas de la relación del hombre contemporáneo con los mitos. Y si, como Gray afirma, “Racional o no, la vida sin mitos es como la vida sin arte o sin sexo, insípida e inhumana”, habrá que descubrir cómo vivir con ellos.

John Gray. Sexto Piso, Madrid, 2013. 177 páginas.

La Nueva York de Henry James

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 27 de agosto de 2011

El ensayista y novelista irlandés Colm Tóibín es un especialista en Henry James que escribió incluso una biografía novelada sobre el autor: The Master. Retrato del novelista adulto. Es excelente, aunque ¡El autor, el autor!, de David Lodge, es aún mejor. Es llamativo –y por eso la mención a esos libros- el interés que James como personaje despierta en otros escritores. Quizá es que, como Tóibín dice, “en ningún momento pretendió mostrar su alma al lector”. Pero, si alguna vez estuvo cerca de hacerlo, fue en los textos agrupados por Tóibín en este grueso volumen, que contiene ocho relatos –algunos bastante largos- y la novela –Washington Square– que James ambientó en su ciudad natal. Hay que aclarar que es el único rasgo en común que tienen y que, en ellos, la ciudad es poco más que el gran escenario donde se mueven los característicos personajes de James, pero también es posible seguir la línea sutil de la biografía del autor y, sobre todo, de sus ambivalentes sentimientos respecto de Nueva York (el primer relato incluido fue publicado en 1868 y el último, en 1910, cuando James llevaba varias décadas radicado en Inglaterra). Su aversión al progreso y al cambio, por ejemplo, se manifiestan con singular claridad, y el hecho de que la casa donde nació fuera demolida en nombre de ellos fue una catástrofe. El excelente prólogo de Tóibín da muchas luces al respecto e incorpora también materiales provenientes de otros libros del autor. Hay quienes tienen una legítima y muy válida aversión a los prólogos, pero, en este caso, es absolutamente recomendable para abordar luego el volumen desde una doble perspectiva: el placer de la lectura -que siempre es intenso con Henry James, por más que una buena porción de la modernidad literaria abomine de su psicologismo y amor por el detalle-, por una parte; y, por otra, esa sinuosa y tenue línea biográfica que se esconde en textos donde los más apresurados y menos logrados son, con frecuencia, los más reveladores. Y no deja de sorprender también que la lectura de esta particular e inédita antología vuelva a entusiasmar con un autor que sin duda merece el calificativo de clásico, pero de esos clásicos vivos que aún son capaces de hablarle a un nuevo tiempo, y no a esos momificados en el museo literario que sólo arrancan bostezos de aburrimiento.

Henry James. Sexto Piso, México, 2011. 695 páginas.

Los ingrávidos

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 16 de julio de 2011

Valeria Luiselli (México, 1983) escribe artículos sobre temas literarios en la revista Letras Libres y publicó el año pasado una celebrada colección de ensayos, Papeles perdidos. De manera que su primera obra de ficción era esperada con cierta expectación, que no se ha visto en modo alguno defraudada: Los ingrávidos es una novela muy bien construida, con una fineza en el estilo que la hace deslizarse con una envidiable facilidad. Una novela que, en ese sentido, sí desafía la ley de gravedad, entendida ésta como ese lastre que torna plúmbeos tantos textos con demasiada autoconciencia literaria y pretendida vocación de grandeza. Luiselli narra y construye de manera vagabunda, errática, como si en realidad lo que importara fuera otra cosa y así es, lo que importa es esa cifra que se oculta en los pliegues de un buen relato y es mucho más que la suma de sus elementos o la descripción de su contenido. Es muy difícil mantener un tono aparentemente casual, deliberadamente liviano, pero también cargado de referencias literarias, citas y pastiches, pero Luiselli lo logra gracias a que el foco no está puesto en la trama –que no siempre es importante-, sino en la escritura, en el estilo, en la manera de hacer progresar una historia íntima y cotidiana sin golpes de efecto o sorpresas de esas que parecen conejo de mago.

El relato, siempre a cargo de la misma voz narrativa, es doble. Una mujer cuenta su vida presente, con dos hijos y un marido, mientras escribe una novela que narra su vida algunos años atrás, en otra ciudad. Sucesivos párrafos abordan en forma alternada ambas historias y en uno de ellos está contenida la poética de la autora: “Generar una estructura llena de huecos para que siempre sea posible llegar a la página, habitarla. Nunca meter más de la cuenta, nunca estofar, nunca amueblar ni adornar. Abrir puertas, ventanas. Levantar muros y tirarlos”. Ahí radican el encanto y la fuerza de esta novela, en los huecos por donde circula en aire, en la necesaria participación del lector que debe apropiarse del relato y seguirlo en sus pliegues, en sus recovecos, en su lenta y suave manera de imponerse en la conciencia. Un juego, pero muy serio; una seriedad que no amedrenta ni implica rigidez alguna, con algo de inasible, de ingrávido, de leve, pero de esa levedad que se ancla en el recuerdo.

Valeria Luiselli. Sexto Piso, México, 2011. 143 páginas.