Nuevo destino

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 30 de enero de 2016

klayEn uno de los cuentos, los personajes ironizan diciendo que nada ha motivado más para incorporarse a los marines que Full Metal Jacket, el filme de Kubrick sobre Vietnam. “Y eso que es una película antibelicista”, dice uno, a lo que el otro responde: “No hay ninguna película antibelicista. No existe tal cosa”. El cine es un espectáculo soberbio, que puede rebasar el discurso explícito de una película, o su intención de denunciar los horrores de la guerra; en cambio, con libros como este, no hay cómo entusiasmarse con el resultado. Tal como ya lo hizo Gabe Hudson con la Guerra del Golfo en un libro magnífico, Estimado Sr. Bush, Phil Klay, veterano del cuerpo de marines, pone en escena las guerras de Irak y Afganistán, que fueron cualquier cosa menos que un aséptico paseo por los arenales, sustentados en el abrumador dominio en tecnología bélica de las tropas estadounidenses. Klay, ganador del National Book Award y felicitado por Barack Obama, construye relatos en torno al daño -físico, anímico, espiritual, por decirlo de alguna manera- que la participación en la guerra produce en los soldados y en quienes los rodean.

Klay pasa revista a variados oficios dentro del Ejército: los encargados de las unidades funerarias, los POG (personal militar que no entra en combate, los cuerpos de ingenieros, los encargados de operaciones psicológicas). De este modo, la violencia del enfrentamiento está mediada por otra experiencia o narrada desde un punto de vista no convencional; aunque hay relatos de combates concretos, son los menos. Pero lo que siempre está presente es el riesgo y la precariedad, en zonas donde abundan las trampas explosivas y los atentados suicidas en contra de los vehículos del ejército. Hay otro elemento característico de estos relatos: abundan las siglas -de hecho, hay un glosario de varias páginas para entenderlas-, hasta el punto de que uno de los cuentos está construido sobre ellas. Ello habla de la complejidad de la maquinaria bélica y de la respuesta organizativa, que enuncia y nombra por siglas hasta las cosas más irrelevantes. Con todos ello, ni hay heroísmo, ni épica, ni gloria. Uno de los mejores cuentos -“El dinero como sistema armamentístico”- abre con esta frase: “El éxito era una cuestión de perspectiva”, pues no hubo, ni hay, en esas guerras, puntos claros que marquen un triunfo o una derrota. Solo queda el daño, en las tierras de combate, en los combatientes de ambos bandos, en los civiles caídos, en las familias que reciben a soldados heridos de inimaginables formas.

Phil KLay. Literatura Random House, Barcelona, 2015. 275 páginas.

El sueño eterno

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 10 de julio de2004

sueño eternoEs un real placer leer a Raymond Chandler, uno de los fundadores de la novela negra, en buenas ediciones y mejores traducciones pensadas para el amplio público iberoamericano y no sólo para los españoles. Quizá la traducción de modismos por palabras del léxico tradicional le quite algún matiz al relato, pero, en definitiva, lo deja apropiado para la lectura de cualquier hispanohablante, sin toparse a cada minuto con “napia”, “bofia” y otros tantos localismos equivalentes a tropezones en la calle, que incitan a usar el libro para encender la chimenea.

El sueño eterno, editado por la editorial argentina Emecé, es la primera novela de Chandler, un clásico por donde se lo mire, publicada originalmente en 1939. También hizo su debut mundial Philip Marlowe, el prototipo del detective privado duro e incorruptible, solo y amargo, que arriesga su vida y se enfrenta al mundo por 25 dólares diarios, más gastos. Marlowe está muy lejos del prototipo del héroe consagrado por otra ancha tradición estadounidense, solitario también, pero unilateral en su perfil de defensor del bien y la justicia. Marlowe es un perdedor que vive al margen de la ley, que aplica métodos poco ortodoxos, que se enfrenta permanentemente a la policía y los jueces. No aspira a nada. No quiere nada. Tal vez, a estas alturas, el retrato suene repetido. El punto está es que Marlowe es el original, no la copia, y los libros de Chandler están considerados desde hace mucho tiempo como parte de la mejor narrativa estadounidense, lejos de la etiqueta de la novela negra y a una enorme distancia de las múltiples reencarnaciones, siempre menos afortunadas, de un personaje entrañable.

Chandler, Dashiell Hammet y otros que los siguieron pusieron también los cimientos de una narrativa que rompió decisivamente con el modelo de la novela policial vigente hasta su aparición, planteada más como un puzzle, un desafío lógico, un juego de pistas que desafía al lector a llegar a la meta antes que el protagonista. En estas novelas no importa tanto el puzzle, sino el registro implacable del crimen, la corrupción y la bajeza que muestran la cara más fea y podrida de la sociedad. De ahí la amargura de Marlowe, quien sabe que, por más que logre llegar hasta el fin de una determinada trama, a la vuelta de la esquina encontrará un caso todavía peor.

El argumento de esta novela es complejo, retorcido y cruel: un asesinato lleva a otro, y, cuando todo parecía resuelto, asoman nuevos elementos y más muertes jalonan el camino que Marlowe, con insigne porfía, se empeña en seguir. Howard Hawks dirigió la primera versión cinematográfica en 1946, con la pareja Bogart-Bacall en los papeles protagónicos; hay un remake de 1978 menos destacable, dirigido por Michael Winner, con Robert Mitchum y Sarah Miles.

PD: la foto de portada no corresponde a la edición que leí, pero espero que la traducción sea la misma. Tampoco tengo los datos editoriales.

Sé dónde estás

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 26 de septiembre de 2015

Sé dónde estás_4F.inddEsta es una novela modélica sobre el acoso sexual motivado por la psicopatía. No se trata de abusos de poder o de fuerza ni de aquella burda y machista apelación al género -“es que así somos los hombres”- para justificar conductas inadmisibles. El asunto corre por el carril de la locura, del desquiciamiento, de la total falta de distancia entre lo que se quiere y lo que de verdad ocurre, del divorcio total entre el discurso propio y la respuesta ajena. Sé dónde estás es la primera novela de Claire Kendal, californiana radicada en Inglaterra, profesora de literatura inglesa y de escritura creativa. Con esas herramientas creó un mundo sórdido en el que el acosador, académico de literatura, como ella, le va cerrando espacios a una empleada administrativa hasta el sofocamiento absoluto. Para evitar la persecución en el campus, Clarissa se inscribe como jurado y participa en un proceso que se extenderá por siete semanas. Pero es un empeño inútil.

El libro entreteje dos relatos: uno, en primera persona, destacado en negritas, el diario que lleva Clarissa sobre las acciones de Rafe: sus apariciones en la puerta de su casa o en la estación de tren, su robo de la basura, sus regalos -que van desde chocolates hasta un ramo de funerarias rosas negras y, luego, fotografías, revistas sadomasoquistas-, que dan cuenta además de la clausura cada vez mayor que sufre Clarissa y de un modo de vida permanentemente a la defensiva. El segundo relato es en tercera persona y no se despega de la protagonista. De ella tenemos mucha información; de Rafe -y de Robert, el atractivo hombre que conoce en las filas del jurado- muy poco, apenas lo que ellos le cuentan a Clarissa. Con esa restricción del punto de vista, es más fácil construir el suspenso y dosificar las sorpresas. Cuando ella decide investigar por sí misma a Rafe, se topa con callejones sin salida; y cuando confía en que el sistema podrá acudir en su auxilio, hay más sorpresas. Una arista interesante es la del juicio, donde una chica joven, drogadicta y ocasionalmente prostituta, acusa a cinco hombres, traficantes, de violación. El juicio es una preparación para Clarissa en su propio caso, el caso que quiere construir, pero también ve cómo el sistema le carga la mano, la desconfianza y el recelo a la acusadora, porque es mujer. Y por fuerza hay muchas referencias literarias, especialmente a los cuentos de los hermanos Grimm, que burlaron la censura y describieron atrocidades bajo la máscara del cuento de hadas.

Claire Kendal. Anagrama. Barcelona, 2015. 368 páginas.

Hacer el bien

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 8 de agosto de 2015

hacer el bienLa narrativa estadounidense parece inagotable a la hora de explorar la cara más rústica y miserable del país. Entre los libros recientes -y dignos de memoria- que recorren ese mundo está Knockemstiff, de Donald Ray Pollock, y, sin duda, esta novela de Matt Sumell, la primera que publica tras haber visto sus cuentos impresos en las páginas de The Paris Review, Electric Literature y otras revistas. Y lo es por la fuerza de una narración en primera persona a cargo de Alby, el hijo menos dotado, por decirlo suavemente, de una familia que pierde a una mamá por un cáncer y que tratan de construir su destino sobre bases miserables. El relato no es lineal y tiene, sobre todo, momentos de una intensidad inesperada, de ternura y de violencia, que configuran un mundo donde campean la miseria, la ignorancia y la mala suerte.

Tras la muerte de la madre, Alby adopta un pájaro. Quiere suponer que es un halcón y que, en su madurez, “será capaz de cometer actos violentos, tanto sexuales como de los corrientes, en tierra, mar, aire, hielo y cables del tendido telefónico”. Pero es un cardenal rojo y su destino no puede ser otro que el previsible, un punto más en vidas rotas desde el inicio. Pero también, especialmente Alby, son personajes capaces de seducir al lector, por esa mezcla primaria de ingenuidad y violencia, por sus cariños y sus temores, por la habilidad del narrador para que se muestren en su más diáfana y terrible desnudez, no física, desde luego -aunque también comentan sobre vaginas desnudas-, sino en aquella que deja a la vista la fragilidad y la indefensión tanto frente al mundo como frente a sí mismos. No es que no puedan, Alby y su hermano, e incluso su hermana, dar un buen puñetazo. Que incluso puede ser sanador, dice Alby. Es que por ahí Sumell cava profundamente y por eso su novela es como un golpe de puños, que, con humor y ternura, levanta una historia profundamente contemporánea, cruel y querible al mismo tiempo. A los tres años, recuerda Alby, conoció a su hermano menor. “En ese momento le clavé más las uñas, le pellizqué con mayor fuerza, le retorcí más la carne y, cuando el niño abrió la boca sin dientes y soltó un gemido, y después se echó a llorar, me sentí orgulloso”. Una advertencia: Sumell usa el lenguaje popular que corresponde a sus personajes y el traductor lo vierte al castellano con muchos españolismos. Hay que tomar aire y seguir, porque vale la pena.

Matt Sumell. Turner, Madrid, 2014. 277 páginas.

Moby Dick o la ballena

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 16 de mayo de 2015

moby-dickEn el prólogo a la estupenda edición de Acantilado de Los ensayos de Michel de Montaigne, el filólogo Antoine Compagnon sostiene que los lectores en castellano -y en otros idiomas- estamos en mejor posición que los franceses para enfrentar un clásico publicado en 1595: “Montaigne será más leído y mejor comprendido en otros lugares que en el país donde nació, porque los aficionados extranjeros tendrán la opción de leerlo en una lengua moderna”. Hay quienes sostienen, también, que hay que traducir cada 50 años a los grandes clásicos, para acceder a ellos en la lengua actual. Moby Dick no tiene una edad tan venerable -Melville la publicó en 1851-, pero, sin dudas, leerla será más complicado para un angloparlante que para el lector chileno que accede a esta edición, con traducción del español Andrés Barba e ilustraciones de Gabriel Pacheco. Sin contar ediciones en colecciones escolares que suelen maltratar los textos, hay otras dos recientes de calidad: Debate, 2001, con traducción de Enrique Pezzoni, y Valdemar, en 2013, con traducción de José Hernández Arias. Las dos recogen las ilustraciones de Rockwell Kent. Estas traducciones reemplazan a las antiguas -como la clásica de José María Valverde- que ya son muy difíciles de encontrar. La gracia adicional de esta edición de Hueders es que es chilena (la misma que Sexto Piso editó para España y el resto de Hispanoamérica) y es impecable en el diseño y la encuadernación.

Así que no hay casi excusa para no volver a un clásico o para adentrarse en él si no se lo conoce. Hay pocos libros que resistan con tanta dignidad y altura el implacable paso del tiempo. La aventura marítima, el microcosmos de un navío donde el capitán es, más que un emperador, un dios, la variedad de recursos narrativos y, detrás de todo, la presencia fantasmal, enorme y terrorífica de la gran ballena blanca que obsesiona a Ahab van mucho más allá del valor alegórico y del manido hábito de situar el mal y el bien en dos polos opuestos. Si nadie es santo -y el capitán Ahab, el menos de todos-, la ballena blanca no es sólo el mal absoluto. Que no admita lecturas reductoras es apenas una de las virtudes de un libro gigantesco, incomprendido por décadas y celebrado por las sucesivas generaciones que siguen encontrando en él la maravilla y el espanto, la inconmensurable grandeza y la enormidad del mal.

Herman Melville. Hueders, Santiago, 2015. 760 páginas.

Galveston

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 27 de diciembre de 2014

Gavelston_135X220La principal carta de recomendación de Nic Pizzolatto es que se trata del creador, guionista y productor ejecutivo de True Detective, una de las series más celebradas del año. De ahí el renovado interés por su obra narrativa previa, un libro de relatos publicado en 2006 y esta novela, de 2010, recién traducida al castellano. Y vaya que vale la pena leerla. Hay una atmósfera de desolación y ruina que recuerda -o anticipa, si uno se pone estricto- la serie televisiva, aunque hay una similitud mucho más profunda, que radica en la manera en que el autor toma elementos clásicos de la novela negra -la desesperación, la certeza sobre la existencia del mal, la fragilidad del ser humano- y los redistribuye en estructuras narrativas nada de convencionales. En el caso de Galveston, hay un pie forzado: el protagonista, Roy Cody, un matón al servicio de un peligroso gánster, recibe la noticia de que tiene cáncer al pulmón. Poco después, su jefe le tiende una emboscada. Ahí se desencadena una fuga, en donde la policía apenas interviene: la novela se centra en este personaje que parece no tener jamás una salida y que, aun así, va de mal en peor.

Pizzolatto es un maestro en la elaboración de sus tramas, aunque las disponga de modos muy distintos en la novela o en la serie televisiva. El relato en Galveston es bastante más lineal que el de la serie, por ejemplo, y la violencia -extrema- asoma en solo un par de oportunidades (“En una lucha cuerpo a cuerpo, ellos tenían tres armas y nosotros ninguna. Simplemente, nadie sale vivo de una situación como esa”). El resto es la turbia y oscura existencia de un condenado a muerte que no sabe por qué vive, que es arrastrado a donde no quiere por fuerzas que no controla, y que no sabe qué hacer con los meses y años -largos años- que se suman contra todo pronóstico. La historia completa es durísima, sin atenuantes, y el estilo del autor, que evita la ironía distante de los clásicos de la novela negra y también rehúye todo posible sentimentalismo, calza perfecto con esa nube sombría que se cierne sobre el protagonista y crece y lo cubre todo, aunque Roy Cody esté en un soleado puerto sobre la costa del Golfo de México. Hay otra línea común entre la serie y la novela: la maldad gratuita, por un lado, y los personajes heridos y dañados que la combaten o que la sufren, por otro. Pero nadie es totalmente bueno o inocente.

Nic Pizzolatto. Salamandra, Madrid, 2014. 283 páginas.

Perdida, de Gillian Flynn

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 22 de junio de 2013

PerdidaEsta novela -claramente dirigida a un público masivo- por fortuna escapa, y por amplio rango, a los bordes del género y también a sus peores tics; lo que más daña al género es que abundan autores que creen que se trata solo de aplicar una fórmula y situarla en ambientes poco habituales. En cambio, la autora pone a prueba la elasticidad de la novela negra porque es también, como bien lo destaca Rodrigo Fresán en el epílogo, una historia de amor, pero de esas terribles. Más bien se trata de una historia de matrimonio, que no es lo mismo, y que por eso tiene más capacidad de aterrar que el hilo policial de la trama; aunque también aporta, y con singular vivacidad, un componente de comedia, de esa comedia cotidiana, maltrecha y agridulce que se vive entre tantas parejas en el mundo. En suma, Perdida no sólo tiene una estructura compleja, hecha a dos voces (aunque una de ellas se desdobla completamente entre la primera y las dos restantes partes), sino que también enriquece la estructura del thriller con registros más cercanos al lector que la clásica historia de asesinato e investigación policial. Gillian Flynn crea, entonces, una trama inteligente y bien desarrollada que tiene pocos puntos bajos y muchos giros sorprendentes en el camino; pero crea, sobre todo, un gran personaje, la protagonista de la novela: Amy Elliott Dunne, una mujer tan atractiva como brillante, la aparente mujer perfecta, que además goza de una impresionante habilidad para asumir distintas personalidades. No se trata técnicamente de esquizofrenia, sino de talento para adoptar una imagen y ser consecuente con la caracterización, aunque ello sea motivo, finalmente, de equívocos malsanos y de que se plantee la gran incógnita acerca de quién es realmente Amy, también protagonista de una serie de novelas escritas por sus padres, Amy la asombrosa, retrato perfecto de la niña ejemplar que deviene en mujer guapa y rica que parece no tener otro destino que una vida clásicamente burguesa. Pero Amy es mucho más que eso; arrastrada a North Carthage, un pequeño pueblo de Missouri a orillas del Mississippi, dueña de casa desempleada mientras Nick, su marido, está en su pueblo natal y lo pasa muy bien, elabora un plan que requiere, sobre todo, de paciencia, planificación perfecta y una voluntad a toda prueba. Pero está, cómo no, el azar, aunque Amy la perfecta, Amy la asombrosa, también está preparada para afrontar sus jugarretas.

Gillian Flynn. Random House Mondadori, Barcelona, 2013. 569 páginas.

Amo a Dick

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 20 de septiembre de 2014

amo a dickLa escritora y cineasta estadounidense Chris Kraus vendrá a Chile a comienzos de octubre como invitada del Festival de Literatura de Buenos Aires, Filba, que desde el año pasado se celebra también en Santiago (y a partir de 2014, se suma Montevideo). Es entonces una buena oportunidad para hablar de su única obra traducida al castellano, Amo a Dick (título que contiene un obvio juego textual), libro interesantísimo que, aunque fue publicado originalmente en 1997, recién a fines de 2013 pudimos leerlo en español.

Se trata de una obra difícil de clasificar. Chris habla de sí misma, de su relación con su marido y con el elusivo Dick, el hombre del cual se enamora cuando está a punto de cruzar el abismo de los 39 años, “fecha de caducidad de una hembra”, según escribe Eileen Myles en el prólogo. Pero habla también de muchas otras cosas, de su cine experimental, de su juventud en bares de toppless, de su calidad de “acompañante” en las fiestas de gente del arte, donde David Byrne y John Cale ponían la música, del arte contemporáneo, del judaísmo, del dilema que representa para el feminismo la Chica Guapa cuando ella se siente fea, de sexo, de política, de activismo, de viajes, del matrimonio (del suyo con Sylvere, pero también en general). Y lo hace a través de dos formas: el relato en tercera persona, lo menos frecuente, y las largas y sucesivas cartas que ella y su marido le escriben a Dick, cartas que son tanto una crónica del enamoramiento de Chris como un levantamiento más general sobre el papel y el lugar de las mujeres en una sociedad rabiosamente masculina.

Si hay algún rasgo que define con entera propiedad el libro es la intensidad. “Así que en un sentido amar es como escribir: vivir en un estado con tanta intensidad que es vital ser precisa y consciente”, dice la narradora-protagonista. Mucho se ha escrito y elaborado sobre la propia vida como sustento de la ficción. Quizá este sea un caso inverso, al menos formalmente: la estructura literaria como soporte para llevar a cabo una intensísima operación de desnudamiento, de exploración de la verdad hasta un extremo insoportable, porque “ser real y absolutamente sincero es ser casi profético, volcar la cesta de los huevos”. Y no queda huevo intacto tras el vendaval de un texto que se lee con la respiración contenida, por el poderoso impulso de verdad y de libertad que lo recorre de punta a cabo.

Chris Kraus. Alpha Decay, Barcelona, 2013. 339 páginas.

La casa de hojas (reseña anotada)

La casa de hojas[1]

CasadehojasEsta novela fue el debut literario de Mark Z. Danielewski, y vaya manera de entrar en la literatura[2]. La casa de hojas es una obra de singular osadía, que pone en escena al menos dos maneras de escribir muy diferentes, juegos tipográficos y de diseño que siguen el desarrollo argumental[3], cajas chinas, relatos paralelos y un impresionante acopio de material de apoyo, tanto inventado como existente. Ficción sobre ficción sobre ficción. Un anciano, Zampanò, escribe un largo manuscrito sobre un documental, El expediente Navidson. Un joven, Johnny Truant, lo encuentra tras la muerte del viejo y se dedica a editarlo. Mientras lo hace, escribe numerosas y extensas notas donde relata su vida (y sus temores, sus pesadillas y sus traumas). Y si el texto de Zampanò tiene mucho de académico[4] y analiza con erudición y profundidad el documental de Navidson, el de Truant es muchísimo más coloquial[5] y desenfadado[6], aunque progresivamente se entrelazan en un nivel muy profundo, el de los sueños, el de los monstruos de la mente, el del filo de la locura. No es que Navidson sea un loco, pero el documental trata de su encuentro con un lugar frío, oscuro y amenazante que desafía las leyes físicas y que está en el lugar más familiar posible, la casa de campo donde el cineasta y fotógrafo se ha ido a vivir con su mujer y sus hijos para tratar de recomponer una relación ya gastada[7]. La intención de Navidson era registrar su vida familiar en el nuevo entorno; pero de repente aparece una pieza[8] nueva en la casa y luego un pasillo gélido y negro que se abre hacia las profundidades de la tierra. La proeza de la novela es que -al menos en los papeles de Zampanò- la peripecia de Navidson siempre está mediada por el discurso analítico donde emergen temas como el eco, el laberinto (y no en vano hay un epígrafe de Borges en la novela), la técnica fotográfica, la arquitectura y muchos otros[9]. En esa erudición hay mucho de juego[10], citas y entrevistas magníficas (sobre todo las inventadas), parodia sangrienta[11] y distancia, pero lo principal es que ese tratamiento sostiene la verosimilitud interna del relato[12]. El relato de Truant, en tanto, sí conecta emocionalmente con el terror que habita en la casa de Navidson, se disloca cada vez más y parece acechado por la misma oscuridad. La novela es experimental en muchos sentidos, pero el autor no pierde de vista una cuestión esencial: enganchar al lector. Y ahí vamos, de la mano de Truant y Zampanò, sumergiéndonos en un abismo de negrura más antiguo que la Tierra y más amenazante que cualquier monstruo del cine.

Mark Z. Danielewski. Pálido Fuego/Alpha Decay, Barcelona, 2013. 709 páginas.


[1] El título ya es un enigma. Lo más tentador, ante la traducción al castellano, es pensar que el autor se refiere a una casa de hojas de papel, una casa literaria, una casa que existe en las páginas. Pero en inglés hay palabras diferentes para ambas acepciones: Leaves (para hojas de árboles y plantas) y Sheets (para hojas de papel), Sin embargo, la ilustradora Francisca Yáñez me indicó, en twitter, que una de las acepciones del viejo Webster’s es «Something that resembles a leaf, as a page of a book», y Roberto Castillo señaló que también se usa como «One leaf of paper = two pages». Puesto que en la casa no hay nada vegetal, la hipótesis de la ambigüedad del título -que es mucho más explícita en castellano- gana puntos.

[2] Fue publicada en inglés en 2000. Según me indicó Roberto Castillo, el título de la reseña en The New York Times es impagable: Home Sweet Hole («Hogar, dulce hoyo»). Y está disponible en la página del diario.

[3] El diseño del capítulo IX de «El expediente Navidson» es simplemente endiablado, con páginas atiborradas de textos que corren ya sea por el borde de las páginas y por el centro o por cualquier lado y en distintas direcciones. No en vano el tema es el laberinto, aunque la mayor parte de las referencias están tachadas (lo que amplifica el desafío material de la lectura), porque Zampanò, sin que quede claro por qué, quiso borrar todas las referencias a un tema que es clave para entender mejor la novela. Pero Truant, con porfía considerable, las repuso. En otros capítulos -especialmente cuando se describen las exploraciones de las profundidades de la casa– la caja del texto sigue el estrechamiento de los pasillos o bien el texto queda suelto, por así decirlo, y hay que poner el libro de lado o al revés para seguir una línea -o a veces menos de una línea- perdida en el blanco de la página.

[4] La cuestión de las notas merece una nota. Todo lo que escribe Truant está en Courier -notas incluidas- y las de Zampano y de los editores, en Times. No obstante ello, todas son correlativas y hay, con frecuencia, notas a las notas. En términos espaciales, es admisible decir que el relato de Zampanò corre por arriba y el de Truant por abajo, pero ambos se invaden mutuamente, ya sea que las notas extensas de Truant se estiran por varias páginas o que las notas de Zampanò copan todo el espacio de abajo.

[5] La traducción es al castellano peninsular. Nada que objetar al enorme trabajo de Javier Calvo y a la gran calidad de la versión; sin embargo, en el nivel coloquial, la lectura chirría para los que aprendimos el castellano en otras latitudes. Dediqué un par de posteos en Facebook al asunto. Dije que el libro estaba tan entretenido que me demoraba más en la lectura al traducir, mentalmente, del peninsular al chileno; así, por ejemplo, «¿Quién es este tarugo terminal y cómo cojones llegó hasta aquí?», por «¿Quién es este gil ahueonao y cómo rechuchas llegó acá?», lo que dio pie a un sabroso intercambio de opiniones.

[6] Más complejo se tornó el asunto cuando pregunté tanto por la traducción al chileno como por el posible original inglés de “un rollo chungo, un rollo chunguísimo”. Tal como intuyó Marisol García, «chungo» es la traducción de «fucked up». Reproduzco la versión al chileno -hecha por Roberto Castillo- de todo el párrafo (que corresponde a la página 363 de la edición española): «Tu película lo empeoró todo. Es, bueno… una cosa en dos palabras: una huevá pa la coyoma, pero bien pa la coyoma. Okey, tres palabras, cuatro palabras, a quién mierda le importa… muy muy pa la cagá. Lo que se llama un rollo muy penca la huevá. Nunca pensé que iba a decir esto, pero señorita usted tiene que cortarla con el ácido, la mezcalina, o lo que sea que está jalando, aspirando, tragando… métase a una desintoxicación, algo, cualquier cosa porque lo va a pasar muy mal si no hace algo rápido. Nunca he visto una hueá tan pa la coyoma, tan para la recoyoma, tan para la reconchacoyoma. Por culpa de ella me puse a romper cosas, platos, una estatuilla de jade de un pingüino. Una rana de cristal. Me alteré tanto que hasta tiré la pecera de mi amigo al mueble de la loza. Feo, muy feo. Agua salada, pescados muertos por todas partes, yo gritando “puta la huevá pa la coyoma”. Cinco palabras. Me echaron. ¿Usted cree que me puedo alojar en su casa?».

[7] Un hilo que no cupo en la reseña: los personajes protagónicos están bastante dañados. De hecho, la novela podría leerse de manera completamente distinta; Zampanò ofrece numerosas pistas e interpretaciones sobre Navidson, su hermano gemelo (Tom) y su mujer (Karen), mientras que Truant cuenta de su vida más de lo que el lector quisiera saber sobre cualquier persona. Los hijos de Will y Karen tampoco salen indemnes y su profesora llega a la casa en el momento (casi) más inoportuno posible.

[8] En el castellano de Chile, habitación.

[9] Y listas. Para traducir las citas de otros idiomas y luego simplemente para saber más de Zampanò, Johnny Truant entrevista a varias mujeres que iban a la casa del ciego a leerle libros. Una de ellas le cuenta cómo hicieron una extensísima lista de fotógrafos: completamente al azar, por búsquedas en bibliotecas y catálogos (estamos todavía en la era pre www), y Truant concluye -por ese y otros detalles- que Zampanò quería pasarse de listo y que era mucho menos erudito de lo que sugiere su texto. La mención chauvinista: En la lista de fotógrafos está Paz Errázuriz pero no Sergio Larraín, aun que el segundo es mucho más famoso que la primera.

[10] Hay citas tan llamativas que el impulso de buscarlas en google es casi irresistible. Por ejemplo: «Miren al cielo, mírense ustedes mismos y recuerden: no somos más que los ecos de Dios, y Dios es Narciso». La referencia de Zampanò es «Hansen Edwin Rose, Creationist Myths (Pneuma Publications, Detroit, Michigan, 1989), p. 219». Pero la pesquisa en internet conduce a saber que ni el autor ni el libro existen, pero que sí hay blogs donde pacientes lectores se preocupan de identificar las fuentes reales y las referencias inventadas, y que en la entrada de Wikipedia (en inglés) sobre libros inventados, Danielewski figura como uno de los autores más prolíficos.

[11] El autor trabajó en un documental sobre el filósofo francés (nacido en Argelia) Jacques Derrida. De ahí que en el libro lo cite unas cuantas veces. Pero también aparece en la serie de entrevistas realizadas por Karen en un capítulo llamado «Lo que les ha parecido a algunos» (se refiere al documental de su marido). Todas las entrevistas son, obviamente, apócrifas, y es donde Danielewski muestra mejor su talento para la parodia. Uno de los entrevistados es Derrida: «Pues bueno, lo que está dentro, es decir, si se me permite decirlo, lo que se despliega a sí mismo de forma infinita sin un exterior, sin otro…, ¿pero dónde está entonces lo otro?». También participan el periodista Hunter S. Thompson (ver nota 7), la feminista Camille Paglia, el físico y filósofo Douglas Hofstadter y Stanley Kubrick, entre otros.

[12] Lo que también hace verosímil el formidable aparato crítico que sostiene el relato de Zampanò, Otra cita inventada, otra cita memorable, referida a la sufrida y accidentada relación entre Navidson y Karen: «La pasión tiene muy poco que ver con la euforia y mucho con la paciencia. No se trata de sentirse bien. Se trata de resistir. Tanto la paciencia como la pasión vienen de la misma raíz latina: pati. Que no significa transmitir exuberancia. Significa sufrir». The Courage to Whitstand, de Daphne Kaplan (Ecco Press, Hopewell, Nueva Jersey, 1996), p iii. Ni la autora ni el libro existen, pero la cita sí. Y funciona perfectamente.

La casa de hojas

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 15 de marzo de 2014

CasadehojasEsta novela fue el debut literario de Mark Z. Danielewski, y vaya manera de entrar en la literatura. La casa de hojas es una obra de singular osadía, que pone en escena al menos dos maneras de escribir muy diferentes, juegos tipográficos y de diseño que siguen el desarrollo argumental, cajas chinas, relatos paralelos y un impresionante acopio de material de apoyo, tanto inventado como existente. Ficción sobre ficción sobre ficción. Un anciano, Zampanò, escribe un largo manuscrito sobre un documental, El expediente Navidson. Un joven, Johnny Truant, lo encuentra tras la muerte del viejo y se dedica a editarlo. Mientras lo hace, escribe numerosas y extensas notas donde relata su vida (y sus temores, sus pesadillas y sus traumas). Y si el texto de Zampanò tiene mucho de académico y analiza con erudición y profundidad el documental de Navidson, el de Truant es muchísimo más coloquial y desenfadado, aunque progresivamente se entrelazan en un nivel muy profundo, el de los sueños, el de los monstruos de la mente, el del filo de la locura. No es que Navidson sea un loco, pero el documental trata de su encuentro con un lugar frío, oscuro y amenazante que desafía las leyes físicas y que está en el lugar más familiar posible, la casa de campo donde el cineasta y fotógrafo se ha ido a vivir con su mujer y sus hijos para tratar de recomponer una relación ya gastada. La intención de Navidson era registrar su vida familiar en el nuevo entorno; pero de repente aparece una pieza nueva en la casa y luego un pasillo gélido y negro que se abre hacia las profundidades de la tierra. La proeza de la novela es que -al menos en los papeles de Zampanò- la peripecia de Navidson siempre está mediada por el discurso analítico donde emergen temas como el eco, el laberinto (y no en vano hay un epígrafe de Borges en la novela), la técnica fotográfica, la arquitectura y muchos otros. En esa erudición hay mucho de juego, citas y entrevistas magníficas (sobre todo las inventadas), parodia sangrienta y distancia, pero lo principal es que ese tratamiento sostiene la verosimilitud interna del relato. El relato de Truant, en tanto, sí conecta emocionalmente con el terror que habita en la casa de Navidson, se disloca cada vez más y parece acechado por la misma oscuridad. La novela es experimental en muchos sentidos, pero el autor no pierde de vista una cuestión esencial: enganchar al lector. Y ahí vamos, de la mano de Truant y Zampanò, sumergiéndonos en un abismo de negrura más antiguo que la Tierra y más amenazante que cualquier monstruo del cine.

Mark Z. Danielewski. Pálido Fuego/Alpha Decay, Barcelona, 2013. 709 páginas.