Chilean Electric

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 6 de febrero de 2016

chilean-electricLa abuela de Nona Fernández -o del personaje que toma su voz- le contó que estuvo en la Plaza de Armas la noche en que por primera vez se encendió la luz eléctrica en Santiago. Con detalles precisos que fijaban el recuerdo y el momento de modo sumamente vívido: “La luz se paseaba entre los cuerpos potenciando colores, formas y diseños. Abrazaba cinturas, despeinaba cabezas, estrechaba manos, hombros, pechos, espaldas. Sacaba fuera una nueva dimensión de cada uno”. Pero la abuela, en realidad, nació 25 años después de la llegada de la luz eléctrica a Santiago. Ese recuerdo falso desencadena la pesquisa del libro, pero en realidad lo constituye como una poderosa metonimia desde la que se lee la historia del país. Tras la historia de la abuela, la narradora escribe sobre los cortocircuitos en su vida, cuando las cosas se trastrocan, cuando surge un dato o una realidad que quiebra la lógica y que cambia la vida: la niñita que descubre que los caballos de palo no tienen ombligo, un niño que pierde un ojo en una protesta (“un ojo ahorcado en la plaza pública”), los detenidos-desaparecidos, el traslado de los restos de Salvador Allende y el recuerdo de una de sus frases que tiene una rara vigencia: “Más pasión y más cariño”.

La posterior reflexión sobre la luz y la historia de la electricidad en Chile continúa la manera de reconstruir la historia del país a partir de uno de sus rasgos. Fernández escribe con un estilo de contenido lirismo, que privilegia la claridad -el brillo de la luz, se diría-, y con esa herramienta estilística funde la historia de su abuela, de su máquina de escribir, de sus recuerdos inventados, con la suya y con la del país. Habla igual, brevemente, de las luciérnagas y se refiere a un famoso artículo de Pasolini en donde escribe que se extinguieron en Italia por el avance del progreso. El teórico de arte Georges Didi-Huberman lo contradice y sostiene que “para conocer a las luciérnagas hay que verlas en el presente de su supervivencia: hay que verlas danzar vivas en el corazón de la noche, aunque se trate de una noche barrida por algunos feroces reflectores”. Así funciona, de alguna manera, el libro de Fernández: hay noche, hay cortocircuitos, hay una plaza que se ilumina bruscamente, y hay también los trazos de una luz más tenue y parpadeante, la de las vidas y las esperanzas de los vivos, así como existe la oscuridad de los muertos y el reflector feroz cuya cruda luz solo deja lugar al contraste.

Nona Fernández.Alquimia Ediciones, Santiago, 2015. 108 páginas.

Nuevo destino

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 30 de enero de 2016

klayEn uno de los cuentos, los personajes ironizan diciendo que nada ha motivado más para incorporarse a los marines que Full Metal Jacket, el filme de Kubrick sobre Vietnam. “Y eso que es una película antibelicista”, dice uno, a lo que el otro responde: “No hay ninguna película antibelicista. No existe tal cosa”. El cine es un espectáculo soberbio, que puede rebasar el discurso explícito de una película, o su intención de denunciar los horrores de la guerra; en cambio, con libros como este, no hay cómo entusiasmarse con el resultado. Tal como ya lo hizo Gabe Hudson con la Guerra del Golfo en un libro magnífico, Estimado Sr. Bush, Phil Klay, veterano del cuerpo de marines, pone en escena las guerras de Irak y Afganistán, que fueron cualquier cosa menos que un aséptico paseo por los arenales, sustentados en el abrumador dominio en tecnología bélica de las tropas estadounidenses. Klay, ganador del National Book Award y felicitado por Barack Obama, construye relatos en torno al daño -físico, anímico, espiritual, por decirlo de alguna manera- que la participación en la guerra produce en los soldados y en quienes los rodean.

Klay pasa revista a variados oficios dentro del Ejército: los encargados de las unidades funerarias, los POG (personal militar que no entra en combate, los cuerpos de ingenieros, los encargados de operaciones psicológicas). De este modo, la violencia del enfrentamiento está mediada por otra experiencia o narrada desde un punto de vista no convencional; aunque hay relatos de combates concretos, son los menos. Pero lo que siempre está presente es el riesgo y la precariedad, en zonas donde abundan las trampas explosivas y los atentados suicidas en contra de los vehículos del ejército. Hay otro elemento característico de estos relatos: abundan las siglas -de hecho, hay un glosario de varias páginas para entenderlas-, hasta el punto de que uno de los cuentos está construido sobre ellas. Ello habla de la complejidad de la maquinaria bélica y de la respuesta organizativa, que enuncia y nombra por siglas hasta las cosas más irrelevantes. Con todos ello, ni hay heroísmo, ni épica, ni gloria. Uno de los mejores cuentos -“El dinero como sistema armamentístico”- abre con esta frase: “El éxito era una cuestión de perspectiva”, pues no hubo, ni hay, en esas guerras, puntos claros que marquen un triunfo o una derrota. Solo queda el daño, en las tierras de combate, en los combatientes de ambos bandos, en los civiles caídos, en las familias que reciben a soldados heridos de inimaginables formas.

Phil KLay. Literatura Random House, Barcelona, 2015. 275 páginas.

Svetlana Alexiévich

 

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 23 de enero de 2016

svetlanaUna cronista bielorrusa ganó el Premio Nobel de Literatura 2015. Se ha dicho ya repetidas veces que la gran novedad es el reconocimiento a un género cada vez más popular, la no ficción, o la crónica. Está muy bien que así sea; pero ocurre también que los libros de Alexiévich –al menos los dos recientemente editados por Debate- son profundamente políticos en el mejor sentido del término. Voces de Chernóbil tiene como subtítulo “Crónica del futuro”, porque, para la autora, la catástrofe ocurrida en 1986 es un hito central en la historia del siglo, “un enigma que aún debemos descifrar. Un signo que no sabemos leer. Tal vez el enigma del siglo XXI”. La guerra no tiene rostro de mujer es una crónica asombrosa desde el dato inicial: un millón de mujeres combatió en la Gran Guerra Patria. Y, sin embargo, el relato ha sido siempre desde el ángulo masculino.

Le tomó veinte años escribir la crónica de Chernóbil. El otro libro apareció en 1985, tras años de intenso trabajo y de rechazos editoriales, que cambiaron con la perestroika y Gorbachov. Fue un éxito de ventas enorme. Entre 2002 y 2004 lo reescribió, para incorporar lo que había sacado el censor y notas de sus conversaciones con él. Ambos tienen en común dos cosas. Recogen la otra historia. La catástrofe de Chernóbil está muy bien estudiada y documentada; lo que hace Alexiévich es reconstruir qué pasó en las vidas de quienes sufrieron las consecuencias del accidente. En el otro hace hablar a las mujeres, que llevaban cuarenta años sin poder manifestar su propia mirada sobre el conflicto. Ambos son estremecedores. Como dice la autora, “recordar es, sobre todo, un acto creativo. Al relatar, la gente crea, redacta, su vida”, pero ello demanda trabajo, esfuerzo, para encontrar la propia voz y escapar del punto de vista habitual. Ambos libros son desgarradores. El primer testimonio de Chernóbil es abrumador. Pero hay otra cosa que le agrega valor a cada libro, y es el impresionante talento de Alexiévich para recoger la cadencia de la lengua, el titubeo de las palabras, los rodeos para postergar el momento de decir lo que de verdad duele. Es un ritmo inimitable que recuerda los grandes clásicos rusos y que, más allá de la pertinencia política de los temas escogidos por la autora, constituye sus crónicas como casos de extraordinaria literatura, sin apellido alguno, que estremecen y atrapan a pesar de su implacable dureza.

La guerra no tiene rostro de mujer. Debate, Santiago, 2015. 365 páginas.
Voces de Chernóbil. Debate, Santiago, 2015. 406 páginas.

Inventario de cosas ausentes

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 9 de enero de 2016

inventarioCarola Saavedra nació en Chile, en 1973, pero a los 3 años su familia emigró a Brasil, país donde, con un volumen de cuentos y cinco novelas a su haber, es considerada una de las escritoras más relevantes del momento. Y este Inventario de cosas ausentes muestra claramente por qué; se trata de una novela de amplio registro, que explora el pasado de dos países y que, como otras obras de escritores de su generación y más jóvenes, lidia con las herencias de la(s) dictadura(s) y su efecto en los lazos personales. Por eso es que, a pesar de tratarse de su primer libro traducido al español, resulta familiar; no como un déjà-vu, sino como otra manera de afrontar y elaborar historias que tienen resonancias históricas y biográficas cercanas. Además, Saavedra lleva a cabo un interesante juego con la estructura narrativa, y en eso se advierte más aún su talento y el rigor con que afronta la tarea de la escritura.

Inventario… está organizado en dos partes muy distintas. En la primera, “Cuaderno de anotaciones”, el narrador cuenta fragmentos de la vida de Nina, un personaje que comparte algunos datos biográficos con la autora, y de sus padres y abuelos (todos chilenos); da cuenta de su trabajo en la escritura de una novela; intercala historias paralelas; habla de su vida y de Luiza, su mujer. Dice que “el libro es sobre una mujer llamada Nina”, y eso es verdad, pero respecto de la obra completa, porque la segunda parte, “Ficción”, parece encajonarse durante bastantes páginas en una muy dañada y tormentosa relación padre-hijo, reconstruida a través de fragmentos donde la repetición es el principal recurso estilístico: el hijo dejó la casa paterna a los 23 años; 23 años más tarde, el padre lo cita a la misma casa, al mismo escritorio, y le dice, una y otra vez, las mismas cosas que le decía cuando vivía ahí. La novela vuelve a levantar vuelo con el reingreso de Nina al relato, que se quiebra en historias ajenas, en recuerdos, en biografías, que dejan constantemente en claroscuro quién es quién, pues solo Nina se perfila con claridad frente al que escribe la primera parte y el que protagoniza la segunda. Dos series de diarios operan como fantasmal contrapunto a un relato donde “hay de esos muertos que nunca mueren porque no tienen cuerpo que enterrar”, cuerpos femeninos que envejecen, cuerpos masculinos que deben afrontar, finalmente, que, “para su espanto, llegaba el fin”, a sabiendas también de que el esfuerzo de la escritura, el intento de fijar la historia, puede ser igualmente un espejismo.

Carola Saavedra. Tajamar editores, Santiago, 2015. 134 páginas.

Pajarito

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 16 de enero de 2016

Epajaritoste libro, de la escritora peruana Claudia Ulloa, demuestra que siempre es posible entender de manera nueva la construcción de un libro de cuentos. No se trata solo de la renovación de un género de por sí dúctil, sino de cómo darle una estructura con originalidad, carácter y estilo. Es lo que logra con Pajarito, organizado en torno a seis temas, ambientado en diferentes ciudades, con textos intercalados que no tienen título y que funcionan como una especie de contrapunto de las narraciones, y que entrega una amplia variedad de registros. Algunos cuentos corren por la línea del “neorrealismo fantástico”, de la que, según Juan José Becerra, Cortázar fue un precursor. Cuentos donde la sangre, la panza de los gatos, las luciérnagas, las plantas asumen desasosegantes papeles protagónicos; alguno que, como “Olor a pescado”, podría ser perfectamente una columna de opinión sobre el autoexilio; otro que está escrito en versos libres separados por una barra, salvo un párrafo (“The wrong girl”: “entonces como a las 3 am / vi que la luna brillaba / en mis pupilas de ron”). Cuentos narrados por hombres o por mujeres. Y también hay cuentos derechamente realistas, sutilmente realistas, con una (posible) base autobiográfica, que exploran distancias, palabras, lejanías, insomnios e infancias perdidas.

Una de las secciones más logradas del libro se llama “Cosas de dos”. El cuento del mismo nombre ahonda en uno de los más insondables misterios de cualquier relación de pareja: cuándo el hábito de amoldarse al otro y acceder a sus deseos -incluso a algo tan extraño como pasar las tardes dentro de un armario- deja de ser un gesto de amor, o de cómo el otro puede leerlo como un gesto de desamor. Y aunque por ahí Ulloa enlaza con tópicos bien asentados en la literatura universal, en general tiende a romper con ellos, a darlos vuelta, a ponerlos de cabeza. Ahí, en su peculiar modo de concebir y desarrollar historias breves, y en la intensidad de un estilo propio, transparente y musical, radica lo mejor de Pajarito. Uno de los cuentos de la sección “Placebo” se llama “Tom”, y buena parte de su extensión es la entrada del diccionario noruego (la autora vive en ese país) sobre los significados de “tom”, todos negativos, todos rodeando la figura de la carencia, el abandono o la ausencia; pero, para la narradora, “Tom es un balde vacío en una habitación y yo llego a vomitar, orinar, sangrar, a llenarlo de algo mío y muy interno”. Tom viste de negro. Tom hace trekking. Tom es un psiquiatra. Con Tom se habla de la muerte.

Claudia Ulloa Donoso. Libros del Laurel, Santiago, 2015. 140 páginas.

Veneno de escorpión azul

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 11 de agosto de 2007

EEscorpión azuln mayo de 2006, Gonzalo Millán se enteró de que estaba enfermo de cáncer al pulmón. Comenzó entonces un “diario de vida y de muerte”, un documento extraordinario que desarrolla al menos tres registros: la vida cotidiana en su más concreta actividad; la creación poética; y la reflexión lúcida, valerosa y descarnada del hombre enfrentado a la certeza de la muerte, aunque esta última certeza también informa los otros registros. Todo se torna despedida, hasta el hecho de ver pasar al cartero, y la muerte es también la materia prima de los versos que Millán escribe en una carrera de antemano perdida: murió cinco meses después de iniciar el diario.

Hay antecedentes. El escritor estadounidense Harold Brodkey escribió Esta salvaje oscuridad. Diario de mi muerte (Anagrama, 2001), entre el momento en que le diagnosticaron sida y el de su muerte, tres años después. Enrique Lihn, también enfermo de cáncer, escribió más de 300 poesías ya en la condición de desahuciado. Pero lo que aquí interesa no es la originalidad del proyecto, sino el ritmo febril de una escritura casi compulsiva que no pierde el pulso, ni la claridad, ni la lucidez. La RAE define lúcido como claro en el razonamiento, en las expresiones, en el estilo, pero también se asocia la palabra con rapidez intelectual y cordura. Y en la encrucijada que motivó la escritura de este libro, nada más fácil que rendirse a la oscuridad: la desesperación, la autocompasión, los sufrimientos aparejados a una enfermedad terminal, son motivos suficientes para el extravío de la cordura, la pérdida de la claridad y la entrega al derrotismo estéril. Millán no se rinde jamás. Con ello gana la textura y el contenido de un libro agónico y ejemplar, con hallazgos brillantes (no en vano es el poeta chileno que más ha dado que hablar en los últimos años) y una tensión interna que a ratos sobrecoge; texto que termina por privilegiar el primer polo del enunciado, la celebración de la vida hasta que llegue la hora de cercenar la luz, que se extingue la vela.

Gonzalo Millán. Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2007. 321 páginas.

El navegante solitario

Teignmouth.jpgDonald Crowhurst tenía una pequeña empresa de productos electrónicos para la navegación marina en el pueblo de Teignmouth, en Devon, Inglaterra. Corrían los años sesenta. El negocio iba mal. Con poca experiencia en navegación, Donald decidió participar en el Sunday Times Golden Globe Race, carrera de yates cuya exigencia era circunnavegar el mundo, sin tocar tierra en ninguna parte. Vendió su casa y compró un trimarán, “barco multicasco que consta de un casco principal y dos flotadores más pequeños atados al lado del casco principal con puntales laterales”, según indica wikipedia.

Si se busca información en la web, es prácticamente unánime la opinión de que Crowhurst era un tramposo que falseó datos para quedarse con las cinco mil libras del premio y salvar así su negocio, pero le salió el tiro por la culata: perdido en el Atlántico, su bitácora se torna cada vez más delirante y finaliza abruptamente: el trimarán, bautizado como Teignmouth Electron en honor a su pueblo, que lo despidió con aplausos, apareció varado y sin su piloto y único pasajero en una isla del Caribe. La explicación fácil es que lo venció la culpa aunada a la inexperiencia; las febriles anotaciones de su diario de viaje dan cuenta de su extravío y, ante su incapacidad para afrontar la verdad, optó por el suicidio.

Pero, como suele pasar, las explicaciones fáciles no tienen por qué ser verdaderas (la navaja de Occam puede ser muy traicionera). La artista Tacita Dean dedicó años a reconstruir el caso y lo publicó en un libro que lleva el nombre del barco. Fue a Teignmouth, y se sorprendió de la mezquindad de sus autoridades, que apostaron por Crowhurst para atraer más visitantes al antiguo puerto reconvertido en destino turístico. Fue a fotografiar los restos del trimarán, que había cambiado de manos y terminó varado en otra playa, azotado por los huracanes y arrimado a un solitario árbol que parecía sostener los restos frente a la violencia de los vientos. Leyó con atención obsesiva la bitácora. Reparó en el detalle de que Donald dejó el barco junto con el cronómetro, único instrumento que le permitía fijar su posición en aquella era pre satelital. En su libro, melancólico, triste, que se interroga sobre todo por la soledad y la huella, Dean da cuenta de su peregrinaje tras la huella de Crowhurst y llega a una conclusión totalmente opuesta a la común: la bitácora no es una muestra de locura, sino de lucidez; y si su autor optó por el suicidio, fue para mostrar la verdad, no para ocultarla. Si hubiera querido pasar a la historia como una víctima de la soledad en el interminable horizonte marítimo, habría lanzado por la borda su bitácora y la planificación de su viaje, que trazaba un risueño recorrido entre dos puntas: el islote Tristán da Cunha y las Islas Malvinas, dos avanzadas -o dos restos- del Imperio Británico en dos extremos, lo que puede sugerir que el engaño (que lo fue; Crowhurst nunca intentó realmente circunnavegar el globo terráqueo y falseó datos sobre su ubicación) ya era una intención larvada, no consciente, antes de zarpar de la costa de Devon.

IMG_4008La artista reconstruye ese momento o esos días o esas semanas de soledad pura y dura, y sobre todo ese momento silencioso, tranquilo, meditado, consciente, en que Donald abrazó el cronómetro y se dejó caer, suavemente, por la borda, con el rumbo perdido y la inmensidad del mar por compañía. Probablemente fue de noche. Y puede haber sido un enorme descanso. Atrás, en la embarcación, quedaba el registro de su empresa imposible. Como escribe Tacita Dean, es tan común embarcarse en proyectos que sabemos que no vamos a poder llevar a cabo. La mayor parte de las veces se trata sólo de fracasos personales que lastran la existencia; Donald, en cambio, llevó su empeño hasta un callejón imposible y se dejó caer, con los ojos abiertos, plenamente consciente de la futilidad de su empeño (o de cualquier empeño, si se lo mira en el eje definitivo de la muerte).

¿Y por qué escribo hoy, casi de memoria, sobre un libro que leí hace unos cuatro años, probablemente deformándolo completamente? Ya se sabe, la memoria es más traicionera que las soluciones simples. Es porque el epígrafe del libro es Space Oddity, la canción completa, compuesta en el mismo año de la epopeya -por qué no llamarla así- del Teignmouth Electron, y uno puede perfectamente entender -y aplaudir- que el mayor Tom sea la cifra que preside el peregrinaje de Tacita Dean tras la huella de Donald Crowhurst:

estoy pasando a través de la puerta
estoy flotando en una forma muy peculiar
y las estrellas lucen muy diferente hoy”.

Tacita Dean. Alias Editorial, Ciudad de México, 2009. Sin folio de páginas. Traducción de José Ignacio Rodríguez Martínez.

balada del pequeño y del gran hijo-de-puta

balada del pequeño y del gran hijo-de-puta
(hysteron proteron)

I

el pequeño hijo-de-puta
es siempre
un pequeño hijo-de-puta;
pero no hay hijo-de-puta,
por pequeño que sea,
que no tenga
su propia
grandeza
dice el pequeño hijo-de-puta.

no obstante, hay
hijos-de-puta
que nacen grandes
e
hijos-de-puta
que nacen pequeños,
dice el pequeño hijo-de-puta
además,
los hijos-de-puta
no se miden por palmos,
dice también
el pequeño hijo-de-puta.

el pequeño
hijo-de-puta
tiene una pequeña
visión de las cosas
y muestra en
todo cuanto hace
y dice
que es exactamente
el pequeño hijo de puta.

no obstante,
el pequeño hijo-de-puta
está orgulloso de
ser
el pequeño hijo-de-puta.

todos
los grandes hijos-de-puta
son reproducciones a
tamaño grande
del pequeño hijo-de-puta,
dice el pequeño hijo-de-puta.

dentro del
pequeño hijo-de-puta
existen en idea
todos los
grandes hijos-de-puta,
dice el pequeño hijo-de-puta.

todo lo que es malo
para el pequeño
es malo
para el gran hijo-de-puta,
dice el pequeño hijo-de-puta.

el pequeño hijo-de-puta
fue creado por el pequeño señor
a su imagen y
semejanza
dice el pequeño hijo-de-puta.

es el pequeño
hijo-de-puta
el que da al grande
todo aquello que él
precisa
para ser el gran hijo-de-puta,
dice el pequeño hijo-de-puta.

por lo demás,
el pequeño hijo-de-puta ve
con buenos ojos
el engrandecimiento
del gran hijo-de-puta:
el pequeño hijo-de-puta
el pequeño señor
Sujeto Servicial
Simple Sobra
o sea, el pequeño hijo-de-puta.

II

el gran hijo-de-puta
también en ciertos casos comienza
por ser
un pequeño hijo-de-puta,
y no hay hijo-de-puta,
por pequeño que sea,
que no pueda
venir un día a ser
un gran hijo-de-puta,
dice el gran hijo-de-puta.

no obstante, hay
hijos-de-puta
que ya nacen grandes
e
hijos-de-puta
que nacen pequeños,
dice el gran hijo-de-puta
además,
los hijos-de-puta
no se miden por palmos,
dice también
el gran hijo-de-puta.

el gran
hijo-de-puta
tiene una gran
visión de las cosas
y muestra en todo cuanto hace
y dice
que es mismamente
el gran hijo-de-puta.

por eso
el gran hijo-de-puta
está orgulloso de
ser
el gran hijo-de-puta.

todos
los pequeños hijos-de-puta
son reproducciones a
tamaño pequeño
del gran hijo-de-puta,
dice el gran hijo-de-puta.

dentro del
gran hijo-de-puta
existen en idea
todos los
pequeños hijos-de-puta,
dice el gran hijo-de-puta.
todo lo que es bueno
para el grande
no puede
dejar de ser igualmente bueno
para los pequeños hijos-de-puta,
dice el gran hijo-de-puta.

el gran hijo-de-puta
fue creado
por el gran señor
a su imagen y
semejanza,
dice el gran hijo-de-puta.

es el gran
hijo-de-puta
el que da al pequeño
todo aquello que él
precisa
para ser el pequeño hijo-de-puta,
dice el gran hijo-de-puta.

por lo demás,
el gran hijo-de-puta ve
con buenos ojos
la multiplicación
del pequeño hijo-de-puta:
el gran hijo-de-puta
el gran señor
Santo y Seña
Símbolo Supremo
o sea. el gran hijo-de-puta.

En Alberto Pimenta, Discurso sobre el hijo-de-puta, páginas 35-42. [pepitas de calabaza ed.], Logroño, 2014. 128 páginas. Traducción del portugués de Jorge Carrasco.

Los afectos

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 2 de enero de 2016

Los-afectosEl novelista boliviano Rodrigo Hasbún aborda, en esta novela, la vida de una familia de inmigrantes alemanes que llegó en los años 50 a La Paz. Aclara, desde el inicio, que es una obra de ficción que en ningún caso pretende “ser un retrato fidedigno” de alguno de los miembros de la familia. Y sin duda que se trata de una obra de ficción, por la manera de desarrollar a los personajes y la alternancia de voces y tiempos verbales que recorre el texto. Ocurre que los Erlt no son cualquier familia. El padre fue el camarógrafo estrella de la cineasta Leni Riefenstahl, quien fue a su vez la gran retratista de los nazis; y su hija Monika, la principal protagonista del libro, una de las destacadas líderes del Ejército de Liberación Nacional que impulsó Guevara y continuaron los hermanos Inti y Coco Peredo.

Sin embargo, no hay acá una reconstrucción mitificadora de la guerrilla, que aparece recién en la segunda parte del libro. Tal como indica el título, el relato indaga mucho más en el tejido de relaciones en una familia, tanto entre ellos como con sus amigos, maridos (Hans Erlt tuvo tres hijas) y amantes. La alternancia de voces enriquece considerablemente el desarrollo, y más todavía cuando parece acercar el foco con algunos personajes y alejarlo en otros, como en el caso de Monika, una figura enigmática que resiste las lecturas fáciles y los clichés habituales en estos casos. Hasbún incluso se ríe de algunos de ellos, como aquel de que ser comunista es muy fácil para alguien que viene de una familia acomodada. Que ese tejido de relaciones se imbrique con la realidad social y política boliviana en las décadas de los 50 y los 60 le da un áspero contexto a la vida familiar, aunque, ya está dicho, la línea de la novela transcurre por los descubrimientos de la adolescencia y la juventud, por los impulsos de fuga de lo que te proporciona seguridad, por los sueños desbocados del padre y el hambre utópico de la hija, por las opciones de la soledad o de la seguridad. Y por ese camino una de las protagonistas escribe una frase reveladora: “No es cierto que la memoria sea un lugar seguro. Ahí también las cosas se desfiguran y se pierden. Ahí también terminamos alejándonos de la gente que más amamos”. Cuando solo queda la memoria, cuando hay otros que solo aparecen en los hitos del pasado, se puede comprobar asimismo que los afectos igual cambian, se degradan, se traicionan, o simplemente encuentran la profundidad irreversible del olvido. Hasbún, junto a Liliana Colanzi y Maximiliano Barrientos, representa a una nueva y muy viva generación narrativa de su país.

Rodrigo Hasbún. Literatura Random House, Barcelona, 2015. 140 páginas.

Cuaderno alemán

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 26 de diciembre de 2015

Cuaderno alemánLa escritora argentina María Negroni tiene dos novelas a su haber, pero ha transitado mayormente por la poesía y el ensayo; y en libros recientes –Pequeño mundo ilustrado y Elegía Joseph Cornell, por ejemplo- ha mostrado que es posible también que ambos se invadan y se mezclen; poesía con secciones ensayísticas, ensayos con una escritura que se aproxima a la poesía en prosa. En Cuaderno alemán, Negroni avanza por una línea distinta: invitada a Alemania como parte de un intercambio cultural entre ese país y Argentina, debía escribir un blog. Esas entradas están recogidas en este (demasiado) breve libro, y, como era dable esperar, no son precisamente un diario de viaje, sino un registro de experiencias donde caben desde lo que vio hasta lo que alguna vez leyó, recuerdos que se le vienen de súbito a la cabeza, referencias culturales y cinematográficas, sueños, dibujos, fotos y poemas. La segunda parte del libro recoge los que escribió a propósito de Berlín, “su extensión melancólica, su corazón partido, de un lado y otro, por una divisoria todavía palpable, aunque invisible”.

La manera atípica en que la autora resuelve la obligación de escribir en un blog -de los que desconfía- y el también poco habitual modo de dar cuenta de un viaje se deben quizá a lo que parece ser la enunciación de una poética: “La literatura es una de las formas menos claras y más profundas de la resistencia”. Negroni aborda, por ejemplo, temas históricos y políticos a propósito de su visita al Museo Mercedes Benz, pero el asunto es mucho más complejo. En la escritura es donde mejor se muestra su modo de resistir (al lugar común, a la desidia, a la tentación de no ver) y de subvertir, ya no los géneros, sino cualquier tipo de instalación cómoda en la realidad. Cuando recuerda a un hombre que fue su pareja durante muchos años, escribe una frase terrible: “El desprecio, que es otro nombre del resentimiento, era su mejor defensa y su manera de esconder algo más bien maligno”; pero, un par de páginas antes, incluye una foto de un cochecito de perros muy graciosa. La primera parte del libro se llama “Entre Madame de Stäel y Dora la Exploradora”. La primera es autora de un libro sobre Alemania, único texto que Negroni llevó al viaje; y la segunda es la que la lleva a preguntarse qué hace ella entre tanto rubio. Son dos formas de mirar que se despliegan y se superponen constantemente, y que se pueden sintetizar en otra frase del libro: “La felicidad (o lo que llamamos la felicidad), contrariamente a lo que pregonan las agencias de viajes, fecunda en lo familiar”.

María Negroni. Alquimia, Santiago, 2015. 102 páginas.