Juicios a las brujas y otras catástrofes

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 11 de octubre de 2014

Benjamin - Juicios a las brujasEste libro, que selecciona algunas de las crónicas radiales de Walter Benjamin, muestra una de sus facetas más amables y menos conocidas del filósofo, coleccionista, teórico de los medios de comunicación, filólogo, en fin, de una de las grandes figuras intelectuales de la primera mitad del siglo XX. Murió joven, a los 48 años, en la frontera entre Francia y España, uno más de los judíos que no lograron escapar de la tenaza nazi y optó por el suicidio antes que los campos de concentración. Dejó atrás una obra ingente (ocho tomos en la edición española de Abada), pero en su mayor parte inconclusa o fragmentaria. Aun así, es un nombre de referencia totalmente actual, en especial por sus lúcidas reflexiones sobre el arte, la técnica y la cultura.

La radio era un fenómeno nuevo cuando Benjamin trabajaba como periodista; durante seis años -entre 1927 y 1933- tuvo un programa que hoy llamaríamos misceláneo, con crónicas sobre variados asuntos, que él mismo leía. Se dirigía a los jóvenes y, más allá de su sencillez, destacan dos características. Primero, su excepcional habilidad narrativa, que se expresa en sus libros de memorias y en sus narraciones breves; y su formidable capacidad para rebasar la anécdota y convertir estas crónicas en una manifestación más de su capacidad filosófica. No solo porque, como señala Mariana Dimópulos en el prólogo, su curiosidad se dirigiera tanto al pasado como al presente, sino también porque, sencillamente, está en su naturaleza. No son crónicas, por otra parte, de intención propagandística o de infiltración ideológica, y ni siquiera pedagógica. No se sabe bien cómo escogía los temas (y escribió más de 100 en total), pero sí queda claro que se servía de ellos para hacer circular sus ideas sobre el mundo y la sociedad. La crónica que da título al volumen, por ejemplo, no ahorra comentarios sobre el absurdo de considerar pruebas fidedignas aquellas obtenidas a través de la tortura. Cuando escribe sobre las bandas de bandidos alemanes que pervivieron durante siglos, reivindica el humanismo como una herramienta mucho más eficaz que un derecho penal absurdamente estricto. La suerte de los campesinos pobres en el Mississippi, la leyenda de Kaspar Hauser y sus derivaciones sobre la identidad y el ejercicio del poder, el carácter de los perros, son algunos de los asuntos que Benjamin afronta de manera a la vez amena y profunda, con un sello único que sobrevive al tiempo.

Walter Benjamin. Hueders, Santiago, 2014. 155 páginas.

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El escritorio de Walter Benjamin


Este 27 de septiembre se cumplen 71 años desde que Walter Benjamin se suicidara en Port Bou, Cataluña, cuando su fuga de los nazis se vio interrumpida. Ante la amenaza de ser devuelto a Francia, optó por quitarse la vida (recientemente han surgido versiones que achacan su muerte tanto a los fascistas como a los estalinistas; sin embargo, tanto su largo historial de depresión y coqueteo con la idea del suicidio como la última nota que escribió en Port Bou les quitan verosimilitud).

Benjamin tenía, en ese entonces, 48 años y una vasta obra en su mayor parte inconclusa, en calidad de esbozo o proyecto, detrás. Publicó poco en vida, pero sus obras completas ocupan miles de páginas. Sólo el proyecto al que le dedicó mayor tiempo (y que, paradojalmente, quedó más inacabado), El libro de los pasajes, tiene más de mil páginas en la edición de Akal y ocupará dos volúmenes de la elegante edición de las obras completas que está llevando a cabo Abada. Algunos de sus textos han vuelto a leerse con una fruición que parece difícil de explicar: ¿qué tanto tiene que decir hoy un filósofo de la primera mitad del siglo XX que trató de situar en el mismo horizonte discursivo el marxismo y la cábala? ¿Alguien que tuvo intuiciones geniales que quedaron en calidad de esbozo sobre el orden urbano vigente en aquella época y que tanto ha cambiado hoy? ¿Un escritor que desperdigó cuentos, recuerdos, memorias, en libritos que hoy no es posible ubicar en librerías o que, incorporados a las obras completas, valen oro? ¿Un osado que investigó en el uso de drogas blandas y duras, que escribió protocolos sobre su ingesta y que usó la morfina –que tenía en abundancia para su uso personal- para suicidarse? Sea como sea, Benjamin es un ícono cultural que se resiste a desaparecer y que, al contrario, emerge citado en textos de muy distinta procedencia. La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, Tesis sobre filosofía de la historia, Para una crítica de la violencia, son sus trabajos más conocidos y citados desde un arco ideológico de extraordinaria amplitud. Pero, ojo, con toda razón George Steiner, en el ensayo sobre Benjamin que incluyó en Los logócratas, habla de «la inmensidad de la industria benjaminiana, del Journal, de la voracidad universitaria en torno a su obra».

Pero esa obra resiste incólume la avalancha de interpretaciones, porque no se agota en ellas y sigue hablando el lenguaje de este tiempo. Para César Rendueles y Ana Useros, responsables de una interesante «Propuesta de lectura» de Benjamin, este filósofo «se ha convertido en el intérprete privilegiado de las transformaciones más características de nuestra contemporaneidad: la mercantilización generalizada, las nuevas formas cognoscitivas, la crisis de la experiencia histórica tradicional o las propuestas estéticas en un contexto tecnológico avanzado».

¿De dónde viene esta propuesta de lectura? El año pasado, en el Círculo de Bellas Artes madrileño se montó la exposición Walter Benjamin. Constelaciones, un intento por dilucidar por qué, hasta dónde y de qué manera está presente en el diálogo cultural contemporáneo este intelectual alemán que se resiste a todo encasillamiento (Hannah Arendt caracterizó su singularidad mejor que nadie; al final va una larga cita). La exposición fue acompañada por la edición de dos libros: uno, dedicado a la muestra y llamado del mismo modo; el otro es Archivos de Walter Benjamin. Fotografías, textos y dibujos.

Atlas Walter Benjamin / Constelaciones

El libro contiene tres objetos. Un dvd con el documental Constelaciones, trabajo audiovisual que sigue el método de trabajo de Benjamin: el pastiche, el diálogo de las citas, el montaje de retazos y trozos de muy distinta procedencia. La “propuesta de lectura” a que aludía más arriba, a cargo de los mismos responsables del documental (incluye también los textos citados más bibliografía y origen de los materiales usados), que sigue, más o menos, el programa planteado en la cita anterior, en seis capítulos que denotan un muy buen manejo de las ideas de Benjamin y una buena cuota de audacia y creatividad en la búsqueda de dar cuenta cabal de su complejidad. Y un cdrom con el Atlas Walter Benjamin, “una herramienta informática que permite navegar por una colección de textos unidos por hipervínculos”, interesantísima propuesta que carga un hipertexto que ya multiplica las relaciones y los posibles significados.

Hay que destacar que Círculo de Bellas Artes permite el libre acceso a todos esos materiales. Quien quiera tener el libro, puede hacerlo; quien quiera mirar el documental o navegar por el Atlas en la web, o descargar el pdf del libro, puede hacerlo en el sitio del Círculo (basta seguir los links previos). No es una práctica corriente en el ámbito editorial y tampoco en el Círculo. Sin conocer las razones que motivaron tan sana decisión, se puede especular y decir que tiene que ver también con la estrategia de producción de Benjamin y su magno trabajo de acopio de trabajo ajeno hasta otorgarle un sentido completamente distinto gracias a la yuxtaposición heteróclita de textos e imágenes que distingue al menos su gran proyecto, El libro de los pasajes. «Un libro que jamás fue escrito» según dice Susan Buck-Mors en su monumental trabajo Dialéctica de la mirada. Walter Benjamin y el proyecto de los pasajes, pero que, no obstante, existe para mover a la reflexión sobre la historia desde los materiales que la forman y no desde una interpretación académica que legitima el presente. El libre acceso rompe también, de alguna manera, el formato del libro y su circulación como mercancía: nada más apropiado para Walter Benjamin.

Editorial Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2010. 99 páginas. Incluye un dvd y un cdrom. Disponible en la librería Prosa & Política.

Archivos de Walter Benjamin. Fotografías, textos y dibujos

El segundo libro editado por Círculo de Bellas Artes no está colgado en la web. Es que se trata de un objeto de distinta naturaleza, un objeto-libro que no incluye otro tipo de soportes y que define su carácter en la página impresa. Impresión de gran calidad, desde luego. El libro reproduce la edición alemana del Walter Benjamin Archiv que, a su vez, también se editó con motivo de una exposición que ofreció a la vista del público los 13 archivos incluidos acá. Benjamin, un fugitivo errabundo a partir de 1932, repartió desde temprano los materiales acumulados en las manos de buenos amigos; cada archivo incluye fotografías, sobres, textos, dibujos, todo, cuando corresponde, traducido al español. Y aunque se sabe a ciencia cierta que muchas cosas –textos y cartas, sobre todo- se perdieron, y se presume que las pérdidas pueden ser aún mayores, es sorprendente la cantidad y calidad de materiales que pudieron ser rescatados años después –en ocasiones, muchos- de la muerte de Benjamin. En 1955, 15 años después de su muerte, la porfía de sus amigos Gershom Scholem y Theodor Wiesengrund Adorno logró la edición de sus principales trabajos en dos volúmenes; ahí nació la leyenda Benjamin, que no ha cesado de rodar y que, según el primero, dio origen a que se escribieran “muchos disparates y mezquindades”, además, claro, de textos que . Ese trabajo de recuperación continuó por décadas y aparecieron los archivos que este libro muestra y analiza; cada archivo, a su vez, cuenta con una sustanciosa introducción, escritas por Ermudt Wizisla, Michael Schwarz, Ursula Marx o Gudrun Schwarz.

El trabajo es impresionante, porque permite ingresar al taller de Benjamin, a su metodología de trabajo -a su escritorio mental, por así decirlo- y apreciar tanto su extraordinaria curiosidad como el modo en que iba construyendo relaciones y vínculos entre objetos e ideas de muy distinto orden. El recorrido tiene un gran valor biográfico, puesto que permite internarse desde el modo en que Benjamin usaba la lengua en la escritura hasta su interés por figuras religiosas como la sibila o las vírgenes, por las postales de viaje, por los juguetes infantiles o por espacios urbanos como los pasajes de París, de los que recopiló muchas fotografías (y que son, claro, el punto de partida del ya citado Libro de los pasajes). En buenas cuentas, el taller, el lugar de trabajo, el paisaje íntimo en donde Benjamin acumulaba, pensaba y escribía, con la ventaja adicional de que el libro supera la valla de la especialización erudita y se dirige al lector culto en general. Es una gran cosa.

Archivos de Walter Benjamin. Fotografías, textos y dibujos. Editorial Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2010. 256 páginas. Disponible en la librería Prosa & Política.

Texto escogido: Hannah Arendt sobre Walter Benjamin

«La fama póstuma parece ser, por tanto, la suerte de los inclasificables, es decir, aquellos cuyos trabajos no encajan dentro del orden existente ni introducen un nuevo género que lleve a una futura clasificación. Los innumerables intentos de escribir «al estilo Kafka», todos ellos rotundos fracasos, sólo sirvieron para enfatizar el carácter único de Kafka, la absoluta originalidad que no puede hallarse en ningún predecesor y no tiene seguidor.

Esto es lo que la sociedad no logra aceptar y a lo que siempre se verá reticente de otorgar su sello de aprobación. Para decirlo de otro modo, en la actualidad sería tan engañoso recomendar a Walter Benjamin como crítico literario y ensayista como habría sido recomendar a Kafka en 1924 como novelista y escritor de cuentos. Para describir su trabajo en forma adecuada y a él como autor dentro de nuestro usual marco de referencia, tendría que hacer varias declaraciones negativas, tales como: su erudición fue grande, pero no era un erudito; sus temas comprendían textos y su interpretación, pero no era un filólogo; no lo atraía mucho la religión pero sí la teología y el tipo de interpretación teológica para la que el texto en sí es sagrado, pero no era teólogo y no sentía un interés particular por la Biblia; era un escritor nato, pero su mayor ambición fue producir una obra que consistiera sólo en citas; fue el primer alemán que tradujo a Proust (junto con Franz Hessel) y St.-John Perse, y antes de eso había traducido los Tableaux parisiens de Baudelaire, pero no era traductor; revisó varios libros y escribió una serie de ensayos sobre escritores vivos y muertos, pero no era crítico literario; escribió un libro sobre el barroco alemán y dejó un estudio sin terminar sobre el siglo XIX francés, pero no era historiador, ni de la literatura ni de otros aspectos; trataré de demostrar que pensaba en forma poética, pero no era ni poeta ni filósofo».

Del ensayo “Walter Benjamin 1892-1940”, incluido en Hombres en tiempos de oscuridad, Gedisa, Barcelona, 2001. La cita está en las páginas 163 y 164 de esa edición.

Publicado antes en El Post.

Textos posibles

Este fin de semana largo, entre otras cosas, leí tres libros cortos. Pensaba escribir reseñas breves, pero ese ejercicio derivó en proyectos distintos. Quizá nunca los concrete, pero aquí está la entrada del blog para recordármelos.

1. Leí Susanna por la curiosidad que me despertó saber que Walter Benjamin tenía una prima escritora, Gertrud Kolmar, a quien, según la solapa, reconocía no sólo como una excelente escritora, sino también como “una verdadera alma gemela”. Qué puede significar eso, no lo sé, pero sí fue un buen argumento para embarcarme en la lectura de una novela breve, transparente y extraña, con una dureza que ataca de pronto y sin misericordia al lector. Es natural, lo hace con la dureza propia de los tiempos tal como los vivía una judía en Berlín en 1939, en un alojamiento colectivo y en régimen de trabajo forzado, con sólo unos momentos por las noches para continuar con su carrera literaria. Luego, al recurrir a Google, me enteré de que Acantilado le publicó un libro de poesía, de que Vila-Matas escribió sobre ella y de muchas otras cosas. Entonces, lo que iba para diez líneas, terminó en proyecto de columna.

2. El pasado mes de diciembre me pidieron, desde el blog de La Vida Retirada, que escogiera mis mejores cinco lecturas de 2010. Incluí entre ellas El agrio, de Valérie Mréjen, editado en 2009 (y agotado en Chile), y estaba seguro de que había reseñado ese libro. Pero busqué por todas partes –en el sitio web de El Mercurio, en mi computador, en gmail- y nada. O no lo comenté o hubo una confabulación entre discos duros y sitios web digna de la mejor escena del postcyberpunk o del más radiante steampunk o hasta del ribopunk. Lo buscaba para apoyar mi comentario sobre el otro libro de Mréjen editado en español, Mi abuelo, leído recién. Tendré que hablar de los dos; Mréjen es una escritora sorprendente, muy francesa y muy poco francesa a la vez, y sus libros son muy distintos: mayor razón para dedicarles más espacio. Mréjen además es artista plástica y videísta y otras cosas más que ameritan prestarle atención.

3. Mi tercera lectura fue La Librería de los Escritores, de Mijaíl Osorguín, con ilustraciones de Alexéi Rémizov. El volumen incluye algunos poemas de Marina Tsvietáieva (y para explicar por qué habría que hacer la reseña; además, ella sola da para mucho, con su vida trágica y la posibilidad de leer, además, El diablo, colección de cuentos que le publicó Anagrama en 1991 y que hace poco encontré en una librería santiaguina, y otros libros suyos que están disponibles en estas latitudes, como Mi Pushkin). La edición es de una elegancia poco habitual en libros de pequeño formato (y por ello es bastante caro para sus pocas páginas), pero se justifica plenamente porque la historia que ahí se narra es fascinante, la de una librería independiente y gestionada por escritores, bibliófilos y filósofos en el agitadísimo Moscú de los primeros años tras la Revolución de Octubre. Osorguín es recatado y pudoroso, pero la historia que cuenta tiene más épica que toda la serie de La guerra de las galaxias.