Me dijo Miranda

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 29 de marzo de 2014

GalendeUn relato en sordina. Federico Galende, escritor y académico argentino radicado en Chile desde hace años, escogió un procedimiento similar al hipnótico “sostiene Pereira” de la novela homónima de Antonio Tabucchi para desarrollar una historia que asume una perspectiva limitada o más bien mediada por esa técnica narrativa. Aunque el narrador de Galende se asume también como personaje, su voz titubeante reconstruye a su vez las confesiones fragmentarias de un hombre común y corriente que por esos azares de la vida se encontró de súbito en uno de los puestos más complicados para un detective de la Policía de Investigaciones: jefe de la Guardia de Palacio en el último año de la Presidencia de Salvador Allende. “Miranda era un hombre complejo y discreto a la vez, un hombre capaz de diluirse, sin ningún sobresalto ni despunte”, en la masa anónima; más aún, agrega el narrador, “lo que lo distinguía era su facultad para pasar desapercibido. Por eso era un buen detective”. Un buen detective, un buen hombre, un hombre discreto, quitado de bulla, apegado a las normas. Casado, sin hijos. Sin más militancia política que su sentido del deber frente a la autoridad. Este hombre, Miranda, le habla al narrador de su vida; “me dijo Miranda”, repite el narrador, mientras trata también de fijar el momento en que se dio esa conversación, si en la casa del ex detective, si en alguna caminata larga, sin destino y más llena de silencios que de palabras. Hay ahí una paradoja o contradicción que se expresa en esta frase del narrador: “No quiere decir que Miranda no hubiera querido hablarme de su vida, lo que no quería era narrarla, que es muy distinto”. Esa reticencia se manifiesta en el carácter fragmentario de la información que el narrador ordena como puede, puesto que cada hecho es “una especie un nudo suelto”, especialmente cuando se trata de reconstruir el momento más importante de la vida de Miranda (y de Chile en el siglo XX), el bombardeo de La Moneda y la muerte del Presidente Allende. El punto de vista distanciado y la perspectiva reducida constituyen el suelo firme de una novela sin pretensiones históricas ni documentales: es el relato paciente y moroso de la vida de un hombre común atrapado en el vértigo de los acontecimientos; y desde ese ángulo, el de un personaje marginal, el autor construye una de las novelas más logradas y finas sobre un tiempo de fracasos y brutalidades.

Federico Galende. Alquimia Ediciones, Santiago, 2013. 232 páginas.

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