Tokio año cero

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 12 de octubre de 2013

tokio-año-ceroEsta novela policial de David Peace es una de las poquísimas del género que incluye una amplia bibliografía. Es que, claro, que un escritor inglés sitúe la trama en la ciudad de Tokio y en el año de 1946 requiere, para lograr la necesaria verosimilitud, un trabajo de investigación acucioso y prolongado. Tokio año cero plantea, además, una pregunta interesante, que suele ser tratada de modo más bien teórico que a través de la ficción: ¿qué ocurre con la policía y con la aplicación de la justicia en una ciudad (y un país) destruido, donde las personas viven al límite de sus posibilidades, arrasado por las bombas, depredado por epidemias como el cólera y el tifus, por el hambre, por la desnutrición, un país donde la prostitución infantil y el robo son recursos de sobrevivencia más que lacras sociales? En ese contexto, ¿qué importa que un psicópata añada unas cuantas muertes más, unas cuantas jovencitas desaparecidas, unas violaciones que se suman a montañas de violaciones? Por ahí discurre Tokio año cero, que muestra cómo, a pesar de todo, la policía logra realizar su labor conforme a códigos y procedimientos que en algo se parecen y en mucho se diferencian a los que conocemos en latitudes distintas. Pero mucho más interesante es el modo en que Peace se adentra en el quiebre tanto de la identidad nacional como de las identidades personales; la guerra y la derrota encierran también secretos y, como repite un sonsonete a lo largo de toda la novela, «nadie es quien dice ser» y, por lo tanto, todo punto de vista, hasta (y quizá sobre todo) el del detective Minami, narrador de la novela, es sospechoso, porque, además, tantas pistas remiten a otras pistas, los crímenes del psicópata se cruzan con asesinatos ligados a las luchas entre mafias por el control del mercado negro y con la omnipresencia de los Vencedores que imponen purgas y castigos en los cuerpos policiales. Aunque el estilo de Peace puede llegar a ser irritante por el uso desmedido de la reiteración y de tanta frase intercalada en cursivas que pulsa la misma tecla, el libro de todos modos se lee rápido y el autor tiene la suficiente inteligencia como para que el puzzle que hay que armar resulte atractivo y guarde sus misterios hasta el momento que corresponde. Alguien tuvo la ocurrencia de sugerir que la novela es «un cruce entre Murakami y Ellroy». No se me ocurre un argumento de venta menos feliz. No es eso, por fortuna.

David Peace. Mondadori Roja y Negra, Buenos Aires, 2013. 476 páginas.

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