Citas de cine

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 25 de febrero de 2012

La idea es buena y su ejecución, también: una selección de citas de cine que en ningún momento se propone ni canónica ni «lo mejor de», aunque el resultado sea –como casi siempre cuando se trata de hacer una selección- una suerte de canon. Pero no tendría el menor sentido discutir si aquí están las mejores películas de todos los tiempos o las mejores citas de películas de todos los tiempos; cada quien recordará las suyas, cada quien alegará por la inclusión de algunas de ellas (en mi caso, los insulsos diálogos de Harry Potter o los chistes fáciles de Woody Allen), así que es totalmente inconducente juzgar este libro por su valor canónico. Lo que sí hay que destacar es que se trata de una selección sumamente estimulante, un ejercicio de recopilación que sitúa nuevamente en el recuerdo el cine ya visto o incita a ver aquellas que nos faltan, y que muestra, de paso, el valor de la palabra para el cine, por más que los efectos especiales la hagan pasar crecientemente a un discreto segundo plano. El orden cronológico comienza con Sucedió una noche (1934), de Frank Capra, y una de sus citas es de aquellas frases que suelen decirse –a veces con significativas variantes- sin conocer su origen: «¡No se puede tener hambre y miedo al mismo tiempo!»; y cierra con Gracias por fumar (2005), de Ivan Reitman («Mi trabajo requiere de cierta flexibilidad moral»). Entre ambas, alrededor de 70 películas más. Cada entrada consta de mínimos datos técnicos (director y casting; ¿por qué no se incluyó a los guionistas? Misterio), un breve resumen, un más escueto juicio y las citas, tanto frases sueltas como diálogos. Hay frases chispeantes, divertidas, trágicas, desconcertantes, en una gama amplísima que recupera desde clichés  como «El dinero nunca duerme» (Wall Street, 1987) hasta prodigiosos hallazgos de concisión expresiva: «No hay nada trágico en tener cincuenta años. A no ser que finjas tener veinticinco» (El crepúsculo de los dioses, 1950). Los diálogos, en tanto, suelen sorprender por su autonomía y valor autónomo, desgajado de su contexto, aunque ello es más notorio en las primeras décadas que cubre este libro. Es que, claro, una película basada en una novela de Raymond Chandler con William Faulkner de guionista no puede menos que ofrecer diálogos geniales.

Lídice Varas. Los Libros Que Leo, Santiago, 2011. 163 páginas.

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