Pajarito

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 16 de enero de 2016

Epajaritoste libro, de la escritora peruana Claudia Ulloa, demuestra que siempre es posible entender de manera nueva la construcción de un libro de cuentos. No se trata solo de la renovación de un género de por sí dúctil, sino de cómo darle una estructura con originalidad, carácter y estilo. Es lo que logra con Pajarito, organizado en torno a seis temas, ambientado en diferentes ciudades, con textos intercalados que no tienen título y que funcionan como una especie de contrapunto de las narraciones, y que entrega una amplia variedad de registros. Algunos cuentos corren por la línea del “neorrealismo fantástico”, de la que, según Juan José Becerra, Cortázar fue un precursor. Cuentos donde la sangre, la panza de los gatos, las luciérnagas, las plantas asumen desasosegantes papeles protagónicos; alguno que, como “Olor a pescado”, podría ser perfectamente una columna de opinión sobre el autoexilio; otro que está escrito en versos libres separados por una barra, salvo un párrafo (“The wrong girl”: “entonces como a las 3 am / vi que la luna brillaba / en mis pupilas de ron”). Cuentos narrados por hombres o por mujeres. Y también hay cuentos derechamente realistas, sutilmente realistas, con una (posible) base autobiográfica, que exploran distancias, palabras, lejanías, insomnios e infancias perdidas.

Una de las secciones más logradas del libro se llama “Cosas de dos”. El cuento del mismo nombre ahonda en uno de los más insondables misterios de cualquier relación de pareja: cuándo el hábito de amoldarse al otro y acceder a sus deseos -incluso a algo tan extraño como pasar las tardes dentro de un armario- deja de ser un gesto de amor, o de cómo el otro puede leerlo como un gesto de desamor. Y aunque por ahí Ulloa enlaza con tópicos bien asentados en la literatura universal, en general tiende a romper con ellos, a darlos vuelta, a ponerlos de cabeza. Ahí, en su peculiar modo de concebir y desarrollar historias breves, y en la intensidad de un estilo propio, transparente y musical, radica lo mejor de Pajarito. Uno de los cuentos de la sección “Placebo” se llama “Tom”, y buena parte de su extensión es la entrada del diccionario noruego (la autora vive en ese país) sobre los significados de “tom”, todos negativos, todos rodeando la figura de la carencia, el abandono o la ausencia; pero, para la narradora, “Tom es un balde vacío en una habitación y yo llego a vomitar, orinar, sangrar, a llenarlo de algo mío y muy interno”. Tom viste de negro. Tom hace trekking. Tom es un psiquiatra. Con Tom se habla de la muerte.

Claudia Ulloa Donoso. Libros del Laurel, Santiago, 2015. 140 páginas.

Desubicados

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 18 de octubre de 2014

desubicados-portada-1Hay muchas maneras de transitar por la frontera entre géneros, una de las tendencias de la literatura contemporánea. Aunque la idea de fundir narrativa y ensayo se puede rastrear en sus orígenes hasta muchas décadas atrás -piénsese, por ejemplo, en Thomas Mann-, lo que comenzó por la incorporación de ideas a la trama narrativa se ha convertido en una ancha corriente que se cuenta entre las más fecundas de hoy.

La escritora argentina María Sonia Cristoff se inscribe con este libro -el primero suyo publicado en Chile (la edición argentina es de 2006)- en esa corriente y de forma bastante radical: Desubicados apenas tiene trama y, además, está mayormente en los capítulos iniciales, dedicados al insomnio, a los misterios de la acústica y a la actividad sexual de una pareja de vecinos de la protagonista que todos los días, con inquietante puntualidad, empieza ruidosos escarceos amatorios a las tres de la madrugada. Cristoff tiene un humor sombrío y enfocado sobre todo en la narradora, que cada vez que va al teatro -sea buena o mala la obra- sufre una incómoda picazón en el lado izquierdo de la cara y que encuentra en los zoológicos un lugar de refugio y de comunión con el mundo, un remanso de paz que le devuelve la tranquilidad y le alivia la comezón.

Ahí está la vía para la introducción del ensayo -o de la crónica, si se quiere, que de ambos hay- referido al mundo animal, a la conservación de las especies, al calentamiento global, a los intentos por salvar especies, a los modos de relación de los miembros del género humano con el mundo animal. Cristoff incorpora abundante información en páginas donde la anécdota se pierde -o vuelve al pasado, a sus viajes, a zoológicos de otras latitudes- y cede el paso a una reflexión que, aunque pase de la jirafa al ornitorrinco, del jabalí al demonio de Tasmania, o a sus modos de inserción en el imaginario cultural de niños y adultos, tiene un punto inasible: no se trata exactamente de eso, no estamos ante un sermón ecologista, sino de una interrogación que tiene mucho más que ver con el lugar que ocupamos en el mundo. La enorme gracia de Cristoff es que plantea asuntos muy graves con humor y humanidad, con una protagonista que expone su fragilidad, su acerado sentido del ridículo y una vitalidad reflexiva que supera insomnios, desvelos, picazones y ruidos perturbadores a las tres de la madrugada.

María Sonia Cristoff. Libros del Laurel, Santiago, 2014. 138 páginas.