Te quiero

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 24 de enero de 2015

Te quiero_final-alta-2La Alt-Lit -o literatura alternativa- se ha instalado como la última moda en el ámbito anglosajón, especialmente, y su rasgo central son su inscripción en los nuevos formatos de comunicación digitales. Blogs, cuentas de Twitter y de Facebook, chateos, han pasado a ser la materia prima de argumentos más bien volátiles (o gaseosos, por así decirlo), que también infiltran, contaminan o se posesionan del estilo.

A propósito de Megan Boyle, escribí que no está claro si será una moda transitoria o una tendencia que gane importancia en el futuro, pero, en todo caso, acá está el libro de un escritor argentino que oculta su identidad bajo el muy moderno o posmoderno o hipster seudónimo de J.P. Zooey. Hay que destacar que el autor escribe de una manera bien poco estereotipada y, si bien usa las herramientas de la comunicación digital, se ríe igual de ellas y las incorpora con mediaciones (“escribió en el chat de Skype”, por ejemplo).

El libro es, derechamente, muy gracioso, ya desde la elección de los nombres de los protagonistas -Bonnie (cuyo gato se llama Deschanel), Clyde, Gordo Marxxx- y otros personajes que, como bien observó la crítica trasandina, parecen nicks, hasta el especial sentido del absurdo que Zooey le imprime a diálogos que se articulan desde lo cotidiano, sí, pero cuidadosamente transfigurados por el humor, la distancia y el talento para trabajar con el lenguaje sin que ello se note demasiado. “Miau”, dice Bonnie, empleada en una lavandería, cuando Clyde (por escrito, generalmente) le suelta una parrafada sobre la crítica o sobre los clásicos literarios. En esa vena, J.P. Zooey se burla también de la Alt Lit, que a veces incurre en el pecado de querer partir de cero, y de un cero bien absoluto.

Te quiero es, claro que sí, una historia de amor en los tiempos del chat, pero asimismo es una historia que a su festiva manera sostiene que se puede escribir de otro modo sin dejar por ello de escribir. Ahí están los emojis, las abreviaturas, las extremas elipsis, los diálogos entrecortados, pero también hay lectura, hay trabajo, hay proyecto y hay humor, como en esos planes deschavetados que urden Bonnie y Clyde como una suerte de aplazamiento para las citas convencionales que inevitablemente llegarán, o en los juegos verbales que enriquecen la cultura del chat. Hay igual una interesante mirada sobre el Buenos Aires contemporáneo, esa ciudad que también se transfigura y adapta sin dejar de ser por ello fascinante, como la buena literatura.

J.P. Zooey. Páprika, Buenos Aires, 2014. 125 páginas.

Anuncios

Mi ángel tiene alas negras

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 24 de mayo de 2014

alas negrasUna de las acciones más interesantes de las editoriales independientes -o pequeñas, o situadas fuera de los grandes grupos- es el rescate de autores y novelas que la marea de la novedad sepulta cada vez más profundamente. La argentina La Bestia Equilátera es especialista en este tipo de rescates, con autores tan interesantes en su catálogo como David Markson, Alfred Hayes y Muriel Spark. A ellos hay que sumar esta novela de Elliot Chaze -única suya, hasta el momento, en esta editorial-, una policial ya no negra, sino negrísima, que Chaze (1915-1990) nunca quiso reeditar mientras vivió (apareció en 1953). Como bien dijo Barry Gifford, el autor de las novelas protagonizadas por Sailor y Lula (una de ellas llevada al cine por David Lynch), Mi ángel tiene alas negras es una novela tan bien escrita que es “apenas un detalle” que gire en torno a un crimen. No es raro que una novela de género lo trascienda largamente, pero quizá éste es un caso realmente ejemplar. El encuentro de Tim Sunblade, un estafador y ladrón de poca monta que se esconde por un tiempo en un puesto de embrutecedor trabajo, y de Virginia, una prostituta cuya elegancia y belleza superan en muy alto grado el lugar en donde ejerce su oficio, tiene algo de explosivo y de trágico a la vez: dos personajes tan excéntricos y con una desesperación tan evidente (o, más bien, con una percepción tan aguda de la fugacidad de la vida, por una parte, y con el ansia de tener con qué llenarla tan acentuada, por otra), solo puede conducir a una catástrofe. Esa es la impresión del lector desde las primeras páginas y el desarrollo de la novela no hace más que llenarse de premoniciones; cuando alcanzan, delito mediante, el estatus que tanto anhelaban, el vacío que sienten es todavía mayor y el potencial de autodestrucción que hay tanto en cada uno de ellos como en la relación, parece dispararse hacia el infinito. Desde luego, la tensión narrativa no afloja jamás, con el estilo seco y distanciado de Chaze que, a través de la voz de Tim, parece sentar en este párrafo tanto una declaración de principios como la poética que rige su escritura: “Cuento esto del modo en que lo recuerdo, y ya he explicado que recuerdo muchos pormenores que se apartan de la historia y no cumplen ninguna función. Trato de ser verosímil, y la vida real no es una serie de ondas que se encajan a la perfección y forman un dibujo que se puede describir ordenadamente. Es una serie de tonterías y pequeñeces que se amontonan sin ton ni son, y lo único que tienen en común es haber ocurrido”.

Elliott Chaze. La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2013. 222 páginas.

Poema de Chile

Reseña publicada en la revista “El Sábado” del diario El Mercurio, 23 de noviembre de 2013

portada_mistralLa historia de este libro es rara y singularmente injusta. Tan injusta, en realidad, como el extraño trato que ha recibido Gabriela Mistral, tan ícono del orgullo patrio como escasamente leída y realmente apreciada. Hay actos de reparación -como las estupendas ediciones de Tala y Lagar por parte de la UDP-, que la sacan de la academia y la devuelven a los lectores de a pie. A ellos se suma esta edición -la más completa hasta la fecha- de su libro más ignorado y al que probablemente le dedicó más trabajo, 20 años; y no alcanzó a publicarlo en vida. En 1967 apareció una primera edición, realizada por Doris Dana, que pasó totalmente desapercibida; y, claro, eran tiempos agitados no solo por la política, sino que también en el ámbito poético: Lihn y Parra, Neruda y De Rokha, entre otros muchos, animaban una escena compleja y riquísima donde la estampa de la profesora rural no tenía mayor espacio.

Tras la muerte de Doris Dana y la cuidadosa investigación de la enorme cantidad de manuscritos que dejó Mistral, aparecieron 59 poemas que, por métrica, tema y estilo, indudablemente formaban parte de este largo recorrido por Chile de norte a sur, realizado por una mujer fantasma, un indiecito atacameño y un huemul pequeño que celebra, desde luego, la geografía del país y sus hitos más relevantes, pero es mucho más que eso: hay de fondo una exploración similar a la de sus Recados, una pregunta sobre la identidad, una reflexión sobre lo que nos constituye como comunidad cultural, que por sí sola hace de Poema de Chile un libro fundamental en la producción mistraliana. A ello hay que sumar el trabajo de Mistral con el lenguaje. Siempre en octosílabos, pero con distintas rimas y estrofas, la poeta logra un libro singularmente unitario, riquísimo en descubrimientos y versos que escapan largamente del recorrido fijado, como estos: “Porque algunas cosas son / a la vez buenas y malas, / tal como ocurre con hojas / de un lado aterciopeladas / y con el otro te dejan / con la palma ensangrentada. / Casi no parecen hojas, / parecen mujeres malas”. Hay mucho que contar sobre esta cita, pero basta como muestra de una manera de hacer crecer la poesía desde un viaje didáctico hasta una suerte de diario de vida que va llenando cada vez más de sentidos distintos sus páginas. Es de esperar que esta edición tenga mejor suerte que la de 1967, tanto porque es mucho más completa (59 de los 130 poemas estaban inéditos) como porque el libro se lo merece.

Gabriela Mistral. La Pollera Ediciones, Santiago, 2013. 343 páginas.