Cuestión de astronomía

Artículo publicado en la revista Caras número 297, 11 de marzo de 1996

cuestión de astronomíaLópez-Aliaga ganó el premio para cuentos inéditos del Consejo Nacional del Arte y la Cultura 1995. Se trata de un autor que recién se interna en la década de los treinta y que ha escrito tanto poesía como cuento. Es fácil presumir, entonces, que pronto se incorporará a la ya nutrida colección de novelistas jóvenes chilenos. La mención a su edad no es casual: su opción por el relato en primera persona es casi una marca de fábrica, al igual que el relativo hastío y la mediana desolación que envuelven a muchos de sus personajes. Igualmente, el carácter iniciático de varios relatos (primeros amores, primeros trabajos) los remite a una especie de fórmula que ha circulado, con distinto éxito, por muchas obras primerizas de los años recientes. Ello no le resta mérito a su propuesta, pero sí le quita el brillo de la originalidad.

En todo caso, este apronte lo muestra como un narrador seguro de lo que hace, dueño de un tono narrativo convincente y parejo. López-Aliaga no apuesta por la innovación o los experimentos, sino que quiere limitarse a contar historias cotidianas, con protagonistas cotidianos. En entorno es el de la transición, “Cóndor” Rojas incluido, con algunos episodios internacionales intercalados entre barrios capitalinos y los infaltables bares y parrilladas que adornan, más que la ciudad misma, el imaginario criollo. Algunos rasgos de humor levantan el tono general del conjunto, que se lee con rapidez y facilidad.

El mayor problema de sus relatos es que el final es perfectamente previsible. Y esto, tratándose de cuentos, no es pecado venial. Los personajes protagónicos tienen un sospechoso parecido unos con otros, a tal punto que, con otra estructura, un orden distinto y un buen esfuerzo de ensamblaje, el libro podría haber dado paso a una novela, iniciática por cierto. Escapan del esquema unas pocas narraciones y algunos personajes secundaros sumamente característicos de la fauna santiaguina, muy bien rescatados por el autor.

En definitiva, se trata de un narrador talentoso, seguro en el manejo de su estilo, pero muy amarrado todavía a su propia circunstancia para dejar volar su imaginación y dar paso a relatos más atractivos.

Luis López- Aliaga. Mondadori, Santiago, 1995. 154 páginas.

 

 
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La vida interior de las plantas de interior

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 6 de abril de 2013

la-vida-interior-de-las-plantas-de-interiorEn este nuevo volumen de cuentos, Patricio Pron demuestra una vez más su especial talento para el relato breve. Como en anteriores libros, juega con los personajes, los tiempos y el ritmo de las historias; y aunque parezca a veces que el hilo se pierde, se trata, en realidad, de giros argumentales que gradúan la sorpresa. En uno de ellos, “Diez mil hombres”, el mismo Pron (o alguien que se llama Patricio Pron) es el protagonista; en “La explicación”, hay una fugaz aparición de un escritor belga, Laurent Maréchal, que ha escrito libros con los mismos títulos de los de Pron. En “Un jodido día perfecto sobre la Tierra”, el personaje principal es jurado habitual en concursos de cuentos; este cuento es también el que mejor revela una faceta poco habitual en Pron, un humor cáustico, ácido e irresistible (la descripción de los cuentos que llegan habitualmente a los concursos está entre las mejores y más divertidas páginas del libro). “Trofeos de amantes que han partido” trata de aspirantes a escritores, escritores hechos y derechos, blogs, comentarios borrados, obsesiones y suplantaciones; todo con un aire muy cercano para quienes frecuentan las redes sociales. Y “Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas” trata con ironía y también secreta simpatía el destino de los escritores de provincias que llegan a la capital, así como qué puede significar para quien se inicia en las letras la obra de los escritores consagrados. Son los cuentos literarios. Otros exploran los encadenamientos del azar, y el foco puede estar tanto en un albatros perdido en un depósito de basura en el Atlántico como en una vendedora de flores en un desangelado centro comercial. Algunos relatos, como “El nuevo orden de la última lluvia” y “Rododendro, tradescantia, tillandsia, bromelia”, tratan muy profundamente las posibilidades de la desesperación, la tristeza y el desamparo, siempre a la manera de Pron: nunca está todo dicho y no hay ese psicologismo que malogra tantos intentos de hablar de lo mismo. En este libro, Pron muestra más soltura, más humor y más autoironía que en los anteriores, así como la confirmación de un estilo único que dialoga con la tradición sin perder el pulso ni la originalidad.

Patricio Pron. Mondadori,  Buenos Aires, 2013. 140 páginas.

«Mi vida querida», de Alice Munro

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 19 de octubre de 2013

Mi-vida-queridaSe dice, con justa razón, que en el caso de Alice Munro, el Nobel de Lite­ratura premió al cuento como género. En efecto, la autora canadiense de 82 años publicó solo una no­vela (La vida de las mujeres, reseñada en esta columna) y muchas colecciones de relatos, de los cuales Mi vida querida es el más recien­te y probablemente el último, porque anunció que no escribiría más. Y es también un libro que está plenamente a la altura de su trayectoria; hay escritores que envejecen mal y publican cualquier cosa, confiados ya más en su figura que en su escritura. Munro no es de aquellas. Sus cuentos siguen siendo geniales miradas a vidas comunes y corrientes, pero, tal como ella ha señalado, toda vida común y corriente puede ser extraordinaria. Y eso es lo que logra en sus cuentos perfectamente construidos, que tienen una fluidez narrativa excepcional: que mínimos acontecimientos, algún giro sorpresivo, un impulso repentino, abran para esas existencias lo inesperado, sin perder por ello su humanidad. Es decir, lo que im­porta no es tanto el hecho narrado, sino el modo en que Munro se apodera de ellos y de sus personajes para transfigurarlos y marcar una huella indeleble en la memoria del lector.

Pocos escritores logran una flui­dez de estilo tan transparente y li­viana. No hay, en sus cuentos, nada recargado; cada historia fluye con desarmante naturalidad, aunque Munro, desde luego, no destaca solo por la fineza de su escritura, sino también porque construye buenas historias, que sorprenden, que desazonan, que inquietan, que consuelan. El título de la colección es también el del último cuento y puede tener un carácter auto­biográfico; la protagonista, tal como la autora, nació en 1931, y vuelve a su infancia, a las imágenes de su padre y de su madre, a la de una anciana vecina. Y puede leerse también como una suerte de manifiesto o resumen de toda su narrativa, cuando escribe que «so­lemos decir que hay cosas que no se pueden perdonar, o que nunca podremos perdonarnos. Y sin embargo lo hacemos, lo hacemos a todas horas». En eso consiste, quizá, la vida, la vida que la autora quiere, puesto que Munro rescata tanto como redime aquellos mo­mentos de debilidad que nos hacen más humanos a todos y que, finalmente, perdonamos.

Alice Munro. Lumen, Buenos Aires, 2013. 335 páginas.