Madariaga y otros

Reseña publicada en la revista «Sábado» del diario El Mercurio, 23 de junio de 2018

Marcelo Mellado vuelve a mostrar acá su talento para el relato breve, pero, sobre todo, exhibe las características que lo convierten en un escritor úmadariaganico, dueño de un repertorio léxico que se enlaza de manera atípica. Esa ruptura de la lógica discursiva es original, desmesuradamente cómica y también iluminadora de esas zonas de la realidad que suelen rehuir los faros. El autor, como ya lo ha hecho en libros ejemplares como La provincia, pone a circular jergas provenientes de distintas áreas: la desangelada escritura burocrática, el discurso político lleno de tópicos, el análisis sociológico y, claro, la veta netamente literaria. Ahí burbujea y chisporrotea el lenguaje de Mellado, con singulares y frecuentes hallazgos que se clavan en la memoria. La oposición entre el país cardumen y el país rebaño, los partidos políticos como “clubes de machos tristes que se juntaban por inercia democratoide”, el poeta como “artista de la palabra oblicua”, más “toda esa metafísica cubierta de zarzamora de los líricos más descalzados”, son algunos ejemplos de cómo Mellado hace del lenguaje un instrumento subversivo.

El libro está dividido en tres partes. En la primera, el protagonista es Madariaga, que maneja un taxi colectivo -un viejo Lada- por San Antonio y los sectores aledaños. Estuvo preso en Tejas Verdes y militó por años en el Partido Comunista, con el que mantiene una relación de profunda ambivalencia. Si lo llaman, va, pero no se ahorra críticas, aunque su gran enemigo es “la institución edilicia” y su correlato de componendas, arreglines y corruptelas. Los cuentos son vagamente policiales; hay enfrentamientos y persecuciones, hay desmantelamiento de redes, pero lo importante está en otra parte, en ese personaje escéptico que mantiene una relación especial con el litoral, con el entorno, con el río y con sus antiguos habitantes, tocado incluso por una vena mística. La segunda parte es un conjunto de variaciones sobre la provincia, la política, el alcohol, la naturaleza y la poesía, con textos desternillantes como “Antológame” y “Bar silvestre”. Hay temas que atraviesan prácticamente todo el libro: las nuevas cepas que se cultivan en los valles costeros, la naturaleza -o más bien el paisaje costero, el río, los cerros- como un personaje más, la conciencia política, el recuerdo de la lucha contra la dictadura. El cierre del libro, un cuento largo ambientado en Chiloé hace más de cien años, parece el apronte para una novela de largo aliento. Ojalá la escriba.

Literatura Random House, Santiago, 2018. 180 páginas.

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