El rincón de los niños

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 20 de septiembre de 2008

el rincónHay que resaltar, como uno de los hechos destacados del año literario, la reedición de El rincón de los niños, novela publicada originalmente por Nascimento en 1980, momento en que recibió apenas el juicio desfavorable de la crítica y la indiferencia de los lectores, salvo, claro está, dos o tres opiniones entusiastas; una de ellas, el texto que Adriana Valdés escribió para la primera edición, figura aquí como apéndice, más el prólogo de Carlos Labbé.

Cristián Huneeus (1937-1985), su autor, fue uno de los miembros más activos de la generación del cincuenta, cuya obra de ficción relativamente corta, más ensayos y escritos biográficos, se redescubre, se valora y se lee, finalmente, como lo mereció desde su origen. Además de escritor, Huneeus fue “estudiante de arquitectura y literatura, narrador, conductor radial, agricultor, profesor universitario”, tal como lo sintetizaron los editores de sus artículos de prensa, y, consistentemente con aquella diversidad de intereses, Roberto Merino sostiene que esta novela pone en escena “el lenguaje de las sucesivas tribus a las que un individuo puede pertenecer parcialmente en su vida: la tribu barrial, la de la clase social, la literaria, la académica, la de la abandonada juventud e incluso la psicoanalítica”.

Escritura estructurada sobre el fragmento, la yuxtaposición de distintos relatos y un cierto caos que llama la atención sobre el mismo proceso de dar forma a la novela, ciertamente se trata de un libro llamativo, rupturista, que, sin embargo, ya lejos de la clausura cultural y política de su fecha de edición original, se lee con relativa facilidad y creciente asombro. Asombro, porque esta especie de crónica tribal, para insistir en la expresión de Merino, tiene un grado de libertad y de soltura que es raro encontrar en narrativa chilena de aquella época y también en la más reciente, donde los afanes de innovación se reducen, con frecuencia, al mero quiebre de la sintaxis y a la acumulación de nombres de escritores. Sobre distintas capas de significado, que comienzan por el nombre del protagonista, Gaspar Ruiz, Huneeus da vuelta a su época y la subvierte, a ratos de manera sutil, a ratos con una franqueza casi brutal. “Gaspar Ruiz” ya es toda una referencia: un cuento –o novela corta- de Joseph Conrad tiene ese título y alude a un campesino y soldado chileno que padeció miles de vicisitudes en la guerra por la independencia. Este Gaspar, el de Huneeus, vive en su tiempo y escribe copiosamente textos que llegan a las manos del narrador que los transcribe y comenta, además de introducir fragmentos de diversos orígenes. Tras ese ejercicio se esconde una convicción radical, la pregunta acerca de si “algo tan impreciso y vulnerable a la interpretación como es una vida humana puede postularse como ‘real”‘: y ahí está el juego de una novela provocadora, irreverente y estimulante.

Sangría, Santiago, 2008. 307 páginas.

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