Pequeño recuento sobre mis faltas

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 24 de octubre de 2015

PORTADAPAVONLa obra de la mendocina Cecilia Pavón (1973) es breve y variada: poesía recogida en un volumen, un libro de relatos breves, curadora de una galería de arte que dio mucho que hablar en Buenos Aires. Esta breve selección recoge algunos de sus cuentos y significa la introducción en Chile de una escritora más que interesante, que coquetea de manera genial con la cursilería hasta el punto de otorgarle otro sentido al término. Cuando escribe que la literatura “no es más que un halo de luz color durazno o azul, algo parecido a esos aros de fuego azul que hay muy cerca del castillo del Conde Drácula cuando Keanu Reeves pasa a toda velocidad en una carroza, en la película de Francis Ford Coppola)”, no se advierte ni como una provocación ni una frase absurda, sino como la respiración natural de un relato donde una escritora vampiriza -literariamente hablando- a sus alumnos.

La protagonista de “Todas las carteras que he tenido” muestra que es perfectamente posible narrar una vida, hacer recaer el peso de la biografía y de la historia de su tiempo, en un accesorio que refleja estados anímicos, cuestiones de la edad y del crecimiento, circunstancias históricas, modas en formas y tipo de materiales (que a su vez reflejan el estado de la economía y del progreso) con gracia, estilo y profundidad. De esa profundidad que hay que descubrir en la superficie del relato; Pavón no apela ni a grandes palabras ni a trascendentales conceptos para desnudar aquello que nos constituye y que nutre el tiempo. “En la década de los noventa lo sintético era ‘fashion’ y políticamente correcto”, frase que la sensibilidad actual contradice por completo. Algunos cuentos -como este de las carteras- tienen un vago aire autobiográfico; otros muestran su experiencia en el mundo de los artistas y las galerías que exponen sus obras (incluidos poetas y perfumes robados), pero lo más interesante está en su estudiada levedad, en el absurdo sin estridencias ni dramas existenciales, en su muy especial modo de tomarle el pulso a nuestro tiempo, en la serena y nada de impostada reflexión sobre la belleza que surge en alguna página. Hacia el final del libro, un episodio y una frase parecen quebrar el tono o bien anuncian una nueva línea narrativa, que hace surgir la angustia de una manera menos lúdica: “Nadie nunca más debería acusar a nadie de preferir la inconsistencia de las nubes a las luchas de poder que se libran debajo de ellas”.

Cecilia Pavón. Overol, Santiago, 2015. 59 páginas.

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