El infierno del bibliófilo – El infierno del músico

bibliófilo - músicoEncargué el libro a España porque el título me pareció irresistible. Qué castigo, qué penurias, qué desgracias incesantes pueden merecer los amantes de los libros y los practicantes de la música. Se trata de dos relatos de Charles Asselinau, un romántico tardío que comenzó a publicar cuando Flaubert y el realismo ya daban la nota dominante, para desesperación de este erudito y amigo de escritores como Baudelaire, Gautier y Nerval. El primero es un relato autónomo; el segundo forma parte de una colección de cuentos que Asselineau tituló La doble vida, y que decidió publicar simplemente porque los había escrito. Baudelaire lo reseñó con generosidad (de todo esto me enteré por el extenso prólogo del traductor, Guillermo López Gallego) y señala: “Se ha repetido muchas veces: el estilo es el hombre; pero ¿acaso no puede decirse en igual justicia: la elección de temas es el hombre”?.

Tanto el poeta francés como el autor del prólogo tienen conciencia de los defectos de los relatos de Asselieneau, y Baudelaire acierta plenamente: los relatos acá reunidos atraen y permanecen no por la perfección de la escritura, sino por los temas que abordan. El infierno del bibliófilo -o el personaje del bibliófilo, mejor dicho- está muy distante del universo del lector; es el buscador de ediciones raras, de libros antiguos, expoerto en lomos, vitelas, portadillas y curiosidades tipográficas. Y es que la bibliofilia, como cualquier otra manía, condensa, según Asselienau, todos los pecados: “codicia, lujuria, orgullo, avaricia, olvido del deber y menosprecio del prójimo”. El protagonista es uno de aquellos hombres que colecciona libros y catálogos, un rostro familiar en todo remate de libros, un conocedor experto del mercado de libros viejos, y ha logrado formar, con los años, una colección más que digna. El protagonista de El infierno del músico es un joven compositor alemán a quien la fama y la fortuna no le sobrevienen de manera automática, como él lo pensaba, en virtud de su talento; y entonces, cuando está a punto de morir de hambre en una solitaria habitación en París, formula su último deseo: escuchar de otro intérprete algún fragmento, por mínimo que sea, de sus composiciones. Una mano  tan misericordiosa como Asselineauinteresada lo salva en el último minuto, y con la fama le llega el castigo. El romántico Asselineau toca teclas extremas y hunde a sus personajes en la desesperación, pero cada relato guarda las debidas sorpresas.

Es interesante apreciar cuánto ha cambiado la mirada sobre el libro desde los tiempos de Asselineau, así como volver a apreciar la vibración de relatos poblados de sueños, emociones extremas y abismos (y cumbres) sentimentales. Los temas que Asselineau pone en estas obras -el apetito desmedido por los libros (u otros objetos coleccionables) y el anhelo de reconocimiento fuera de toda medida- siguen vigentes, por supuesto, aunque sus relatos sean más bien un testimonio de época que una posibilidad de diálogo con el presente.

Charles Asselineau. El Desvelo Ediciones, Guarnizo (Cantabria), 2012. 128 páginas.

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