La apicultura según Samuel Beckett

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 25 de abril de 2015

apicultura beckett«La vida personal está muy sobrestimada», dice Samuel Beckett, personaje de esta novela, a un joven estudiante que lo ayuda a ordenar sus archivos. Y agrega, más adelante, que «lo que importa es la biografía de quienes leen mis libros, más que la mía. Los universitarios harían mejor en investigar su propia vida si quieren entender algo de mi obra». Y para rematar su argumento, Beckett y su ayudante se dedican a crear archivos falsos que se sumarán a los verdaderos en las universidades que le han pedido donaciones del material sobre el que el escritor trabaja. Hay ahí un programa de lectura, un modo de enfrentar la literatura, que se extiende a todo el volumen. Ficción sobre un personaje real que se presenta como parte real de los archivos de Beckett, ficción sobre el creador. Y más en el caso del escritor irlandés, famoso por sus silencios y su fuga del mundo, que aquí es retratado como un jovial anciano hippie, que tiene colmenas en el techo de su edificio.

La novela trabaja con humor sobre cuestiones que podrían parecer muy serias. O que lo son, pero esa seriedad está amortiguada por una suave ironía que se proyecta sobre el trabajo de la escritura, de la memoria, de la función del arte y de su imbricación con la biografía. De hecho, esta reseña suena mucho más seria y solemne que la novela de Martin Page, escritor francés que tiene varias obras traducidas al castellano. Page resuelve muy bien el dilema de hablar de cosas serias en forma liviana, pero, sobre todo, lleva al límite su propósito de subvertir la biografía canónica de Beckett. Una de las líneas del relato es la representación de Esperando a Godot en una cárcel sueca, que el autor trata como si fuera una novedad absoluta en 1985, año en que se desarrolla la novela. Pero ocurre que esa obra fue montada por presidiarios en San Quintín, California, a comienzos de los años sesenta, y Beckett -el real- se involucró mucho con la compañía que surgió de esas representaciones. Las frases de Beckett personaje sobre la cárcel probablemente parafrasean otros textos, pero San Quintín desaparece y aflora, en cambio, otra prisión, con un director que no es un interno y que no tiene las claves para entender qué pasa con ese acto. Así, Page añade otro retorcimiento de la biografía, otra manera de insistir en que, cuando se trata de escritores, la vida personal está sobrestimada y que lo que importa es qué le ocurre al lector con una obra.

Martín Page. Edhasa, Buenos Aires, 2015. 128 páginas.

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