Pánico al amanecer

(Contiene spoilers, para los fijados; aunque sutiles -creo-)

paaEsta es una de las obras que interrogan la tradición. Fue publicada en 1961. Cincuenta años después apareció en castellano en Seix Barral con muchos blurbs (comentarios críticos o frases que siempre elogian la obra). Hubo una adaptación cinematográfica a los diez años y, según dice el texto de la contratapa, se convirtió en una de las películas más importantes del cine australiano. Dirigió Ted Kotcheff. En 2013 regresó al mercado a través de la edición blu-ray, de manera que hay una edición legítima y copias personales circulando por la red (no diré cómo llegué a ella, pero, después de leer la novela, no resistí la tentación de verla; añado que se puede ver online por una módica suma en el sitio estadounidense de Amazon).

En esta edición, los blurbs están en la portada. El más destacado (y confiable, porque media el paso de los años; el responsable también elogió una novela reciente y horrible) es de J. M. Coetzee: «un inquietante clásico de la literatura australiana». Como no hay fecha, no es posible decir cuándo escribió eso el Premio Nobel sudafricano, pero, para adjudicarle la categoría de clásico, tiene que haber sido en años recientes. Luego viene Douglas Kennedy -el perfecto desconocido para mí, cosa más que habitual en el género blurb, y no voy a googlearlo-, que sitúa la novela en la perspectiva universal: «una gran historia, un verdadero clásico moderno». Cierra el músico y escritor australiano Nick Cave: «la mejor y más aterradora historia que existe sobre Australia». Si Mala Semilla lo dice, es ley.

wake-in-fright-bTodo esto viene a cuento por el comienzo de esta entrada. Es, sin duda, una excelente novela, inquietante, desasosegadora, que toca y escenifica pulsiones muy básicas y muy universales: el espíritu de grupo (o seguir a la patota, más bien), el recurso al escapismo para evadir una realidad muy dura (el alcohol, las drogas), la violencia como catalizadora de la frustración y el desencanto; el sueño del golpe de fortuna; la insalvable barrera entre profesores urbanos y niños rurales; y otros temas más acotados pero que también tienen que ver -aunque no siempre- con el aislamiento y la cerrazón de horizontes, como la promiscuidad sexual y la idealización del propio territorio. Eso es muy llamativo en la novela. Tanto el pueblo de Tiboonda (exageración a todas luces: hay una estación de tren, un bar-hotel y la escuela, más granjas desperdigadas en muchas hectáreas de suelo pedregoso, resistente y seco) donde el protagonista hace clases, como, sobre todo, la ciudad en la que recala cuando intenta llegar a Sidney, Bundayabba, apelan a una identificación que escapa totalmente a la lógica y que a la vez se convierte en un tópico. Para los locales, “Yabba” es el mejor lugar de Australia; para cualquier ojo ajeno, es un infierno, una pesadilla, una sepultura, un ardiente páramo donde no hay nada que hacer más que trabajar, beber hasta la inconsciencia y jugarse el salario de la semana a un juego terrible porque, siempre, es todo o nada. Es el caso de John Grant, el profesor, que en la deriva interminable del alcohol, el calor y la desesperación se topa de golpe con la única manera de escapar, de verdad, de Bundayabba y Tiboonda, y fracasa en el intento.

Se puede leer también como una novela de formación, que conduce al más áspero y crudo realismo. No hay espacio para las ilusiones y fantasías. No hay escapatoria al destino. No hay nada más que la resaca interminable, que en Bundayabba, cuya agua no es potable, sólo puede apelar a la cerveza sin gas. Dice el narrador, al final, que todo puede transformarse “en un pozo de cordura”. Sí. De la cordura que te dice que no hay esperanza ni futuro sobre la faz de la tierra. Tal vez es eso lo que inscribe a esta novela en la tradición universal: es otro capítulo de la tragedia.

Coda uno: los canguros

Las escenas más brutales del libro (y de la película) son las de la cacería de canguros, que no son animales especialmente inteligentes. Si no pudieron atraparlos a plena luz, un foco potente en la noche los inmoviliza, como a los conejos, y se convierten en presas fáciles. Hoy no sería posible filmar algo así. La película contiene una nota donde dice que la matanza fue llevada a cabo por cazadores profesionales e incluso nombra como personaje a uno de los canguros, un boxeador experto. Todo ello excede largamente la corrección política de nuestro tiempo. Si hubiera un remake -cosa difícil, por los cambios de contexto- los efectos especiales serían los protagonistas, pero ni así sería aceptable tal nivel de violencia asesina en contra de animales. Nos hemos habituado a noticias de personas quemadas vivas, decapitadas y torturadas, y es aceptable que la literatura y el cine las denuncien (al fin y al cabo, es ficción); pero la violencia contra los animales ya no tiene estatuto viable en el presente.

 Coda dos: la película

030elogiemosLa presencia de Donald Pleasence, el “hombre de los ojos hipnóticos”, como se le conocía en el ambiente cinematográfico, actor inglés ya consagrado en 1971, obligó a algunos cambios en la narrativa. Su personaje tiene mayor protagonismo en la película que en el libro. Pero, además, la versión cinematográfica no alcanza a traducir todos los matices y simplifica algunas dimensiones, aunque, a pesar de eso, logra traducir de manera más o menos fiel la historia. Es más piadosa, eso sí. Y en las primeras escenas es chocante: la lectura hace imaginar escolares harapientos, de todas las edades, condenados a repetir el destino de picar terrones en el páramo; pero las imágenes muestran a adolescentes rubios, chicas de trenzas, chicos altos y robustos, tan lejanos a la imagen de blancos pobres que muestran, por ejemplo, las fotografías y los textos de James Agee y Walker Evans en Elogiemos ahora a hombres famosos. Es el sur estadounidense a mediados de la década de los treinta, pero el imaginario no está ten lejano.

Kenneth Cook. Seix Barral, Barcelona, 2011. Tradicción de Pedro Donoso. 189 páginas. Planeta no trajo el libro a Chile, pero un librero diligente, quien me lo recomendó, sí lo hizo. Está en Metales Pesados.

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