La ola

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 20 de diciembre de 2014

La-olaSiete cuentos dan forma a este libro de la escritora boliviana Liliana Colanzi (1981). Algunos, como “Vacaciones permanentes”, habían aparecido en un libro previo que llevaba precisamente ese título. El contrapunto entre antiguo y nuevo es muy útil; ese relato es representativo de una escritura bien lograda, pero con un punto todavía de adolescencia en los temas escogidos y en el desarrollo de una trama que podría haber ocurrido en Santa Cruz (la ciudad natal de la autora), Nueva York o Talca: jóvenes perdidos en su camino hacia la madurez, relaciones quebradas, la intensidad dramática de decisiones que más tarde serán tenues hebras de humo en la memoria. Otros relatos -“Retrato de familia”, “El ojo”, “Meteorito”, “La ola”- escapan claramente de ese marco y despliegan historias bien logradas que demuestran una singular madurez en el tratamiento del relato breve.

El mayor logro de Colanzi radica en su modo de trabajar los finales. Hay, aunque a veces sea solo en las últimas líneas, una aceleración del ritmo y una intensificación del sentido que elevan la intensidad narrativa y de alguna manera transforman la narración en otra cosa, o en otro cuento; unas pocas líneas o un par de párrafos que actúan con un efecto bumerán y golpean la conciencia del lector desde ángulos inesperados. Historias familiares o campesinas, cuentos de taxistas, presencias sobrenaturales, frutas autóctonas, dejan ver también el origen de la autora y atisbos sobre la vida cotidiana en Santa Cruz, pero sin ningún afán localista. Al contrario, se nota en Colanzi su voluntad de escribir para todos, con historias que no se arraigan en el color local, sino en sensaciones y percepciones más universales, aunque recuerde, con especial gusto, el achachairú, “la fruta más deliciosa del mundo: por fuera es de un anaranjado violento y por dentro es carnosa, blanca, dulce, ligeramente ácida”. Esa nota de nostalgia funciona como un sello de origen que otorga una identidad más precisa a los relatos, así como cuando habla de los cambas o incorpora una construcción verbal tan propia del castellano de Bolivia, el “había sido”. A partir de ella, Colanzi modula una forma de imaginar, de construir ficciones, desde otro lugar de América Latina, cuyo mapa -gracias, en buena medida, a las editoriales pequeñas de catálogos más arriesgados- se ha enriquecido singularmente en los últimos años.

Liliana Colanzi. Montacerdos, Santiago, 2014. 125 páginas.

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