80 días

Reseña publicada en la revista «Sábado» del diario El Mercurio, 8 de noviembre de 2014

80 díasEste trabajo excede las posibilidades de un libro (de hecho, en la página web http://www.80dias.cl se puede escuchar su banda sonora) y es también un trabajo colectivo que hace dialogar textos y fotografías en el soporte impreso. Su carácter híbrido se acentúa más aún por el tipo de escritura -de Jaime Pinos- que lo recorre: fragmentos temáticos que abordan diversos aspectos de la vida urbana en Santiago, escritos a lo largo de 80 días, que funden autobiografía -el personaje que narra se hace llamar el Transeúnte-, observación social y ensayo, todo en un estilo con identidad y sello personal.

Pinos es poeta y ello se refleja en el texto, muy trabajado, que no elude los adjetivos ni la descripción de sensaciones que remiten al vacío existencial en el contexto de una ciudad desmadrada en sus dimensiones, segregada y agresiva. Hay algo de tremendismo en sus observaciones, una exacerbación de los males urbanos, como cuando se refiere al esmog (“peces enfermos en las aguas podridas de un mar muerto, boqueamos en medio de la enorme nube oscura”) o a la inseguridad de las calles (“aquí el miedo es parte del paisaje”). Nada reprochable hay en eso, puesto que la mirada personal del Transeúnte bien puede ser el reflejo de vivencias, de experiencias de lo urbano, mucho más extendidas de lo que reflejan las estadísticas y la vida de algunos barrios; el ojo del Transeúnte se fija quizá con mayor énfasis en los puntos negros, en los lunares, en las zonas desnudas de árboles, luces y áreas verdes.

Los pasajes del centro remiten inevitablemente a Walter Benjamin y dan cuenta de la degradación imparable de lo que fue un símbolo de la modernidad (“marchita toda fantasía, perdida en estos túneles del tiempo, ya nadie ingresa a estos pasillos en busca de otro cielo”). La segregación urbana remite, en definitiva, a la soledad, a la “multitud de los desconocidos, nuestros semejantes, ese vacío en que nos movemos, a golpes o a empujones, codo a codo con nadie”. Subterráneos, vitrinas, grafitis, bares, son otras maneras de abordar lo urbano y de establecer una cartografía personal, “solo por saber dónde está uno parado, en qué mundo entre los mundos”, que ilumina -aunque sea con crudas luces- la ciudad que habitamos. Las fotografías de Alexis Díaz se relacionan muy bien con los textos de Pinos, duros y poco complacientes; al fin y al cabo, nada peor que la mirada conformista.

Jaime Pinos y Alexis Díaz. Alquimia Ediciones/Siega, Santiago, 2014. 64 páginas.

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