¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 12 de enero de 2013

feliz wintersonParece el título de un libro de autoayuda. Los nombres de un par de capítulos (“Un consejo para todos: vale la pena nacer” y “Este es el camino”) pueden reforzar esa sensación. Y si se lo hojea a la rápida, saltarán a la vista aforismos como “me he dado cuenta de que hacer lo más inteligente sólo es una buena idea cuando se trata de decisiones pequeñas. Para las cosas que te cambian la vida, hay que arriesgarse”, así como una manera sentenciosa de narrar que puede también inducir a confusión. Pero nada más lejano que este libro de memorias al estúpido optimismo de creer que basta con tener fe en la bondad para que el mundo sea bueno. Jeanette Winterson nació a fines de los 50 en Manchester, en tiempos de miseria y chatura de horizontes, y fue adoptada por un matrimonio disfuncional; o, mejor dicho, por una madre cuyo desajuste e incomodidad perpetua con el mundo la llevaron a adoptar a una hija con el solo propósito de tener una amiga, una cómplice; pero, como solía decir la señora Winterson, escogió “la cuna equivocada”. La autora se adentra con una lucidez implacable en un mundo áspero y durísimo: una niña, ella, criada entre la lectura de la Biblia, los golpes y las noches a la intemperie, sentada en la escalera de acceso a la casa, o encerrada en la carbonera. Una madre que veía en ella -ya que no fue lo que esperaba- la encarnación del mal. Mucho se podría decir de la señora Winterson -de hecho, quizá, la gran protagonista del libro-, pero es más interesante apuntar a cómo su hija adoptiva logró sobrevivir a esa figura que por momentos parecía hincharse hasta dimensiones monstruosas y construir, a partir de los libros que su madre odiaba, una vida y una identidad. Si la escena en que la madre saca los libros que Jeanette escondía bajo el colchón y los quema en el patio es apabullante en su brutalidad, más luminosa se torna la lección que ella extrajo del hecho: “Me había dado cuenta de algo importante: en cualquier momento te pueden quitar lo que asoma al exterior. Sólo lo que está en mi interior está a salvo”. Y aquello conduce el hilo de estas memorias que llevan a Jeanette hasta su otra madre, la biológica, en un trayecto salpicado de reflexiones, decisiones y sobresaltos de una mujer que nunca tuvo miedo de saltar al vacío y comenzar todo otra vez.

Jeanette Winterson. Lumen, Barcelona, 2012. 251 páginas.

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