Flores nuevas

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 19 de julio de 2014

Flores-nuevasEl argentino Federico Falco nació en General Cabrera, en la provincia de Córdoba, y, a juzgar por sus relatos, también se crió en aquellas tierras: en los seis cuentos recogidos en este volumen, tanto el paisaje como la especial sociabilidad provinciana son la materia que nutre un desarrollo narrativo por lo general clásico, pero sin duda atractivo.

Falco construye buenas historias que se adentran en esa manera de vivir, que conjuga la amplitud del horizonte de la planicie con la cerrazón de perspectivas que parece inherente al pueblo chico, donde todo tiene un aire de rito vacío, y que cifra la identidad y el destino en cuidar los límites de lo conocido, aunque en ese devenir alimenta tensiones, odios y rivalidades que crean grietas subterráneas en el paisaje aparentemente tranquilo.

“El cementerio perfecto”, el cuento más extenso del libro (que podría haberse estirado hasta constituirse en una novela; hay un gran mérito del autor en mantenerlo como un cuento largo, una nouvelle de bien cuidada arquitectura), ilustra perfectamente el modo en que Falco dispone los elementos para crear el especial clima de sus relatos, cuyo melancólico humor actúa como un leve contrapunto para la tristeza que los recorre. El pueblo de Coronel Isabeta no tiene cementerio; los muertos van al del pueblo vecino. El intendente de la localidad, cuyo padre, de 104 años, tiene una fractura en la cadera y debería morir de un momento a otro, quiere cambiar tal estado de cosas y contrata a un especialista en el diseño de cementerios, que advierte de inmediato las posibilidades estéticas de la ladera del cerro que se alza a un costado del pueblo y pone manos a la obra.

Pero lo que parecía ser el homenaje de un hijo a su padre saca a la luz historias familiares y tensiones pueblerinas que amenazan la obra y angustian al diseñador, cuya vida solitaria y volcada a su trabajo queda expuesta con una cruda luz, apenas matizada por, ya está dicho, el humor suave y casi a contrapelo que se cuela en todos los cuentos. Ya se trate de las fiestas de 15 y los embarazos juveniles, del sentimiento de culpa o del ímpetu revolucionario, de suicidios o de accidentes de autos, la radiografía de la provincia que Falco lleva a cabo seduce por la calidad de las historias, pero sobre todo por esa nota sostenida de melancolía y distancia que hace más cercanos a personajes de vidas anodinas y, claro está, provincianas.

Federico Falco. Montacerdos Ediciones, Santiago, 2014. 167 páginas.

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