Cuando hablábamos con los muertos

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 25 de enero de 2014

Nuevo documento_1El primer título de una nueva editorial independiente en Chile, Montacerdos, es este, de la argentina Mariana Enriquez (sic), periodista y escritora, subeditora de Radar/Página 12, uno de los suplementos literarios de más tradición en Argentina. La edición agrupa dos cuentos y una nouvelle que fue editada en su país de manera independiente. Las tres obras coinciden en el tono, aunque más todavía en una curiosa y original manera de explorar los géneros literarios. Porque, en apariencia, se trata de historias de terror. De hecho, durante la lectura es difícil evitar uno que otro escalofrío. Se trata, por lo demás, de un género desafiante, que cuenta con una ancha tradición y, también, con mucho exceso, falta de contención y uso de recursos fáciles. El estilo contenido de Mariana Enriquez se manifiesta no solo en huir totalmente de aquellas estrategias que persiguen el susto fácil, sino que también en un lenguaje cuidado, fluido, familiar, cercano, que casi obliga a sentirse parte de estas historias bien enhebradas y con suspenso muy bien dosificado. Pero lo más interesante es que la autora explora el género desde un lugar poco habitual. Si se trata, en “Cuando hablábamos con los muertos”, de chicas adolescentes que quieren usar la ouija para convocar a los espíritus errantes, introduce el tema de los detenidos desaparecidos argentinos, sin aspavientos y sin que se sitúen en el centro de la trama, pero ahí están: es otra manera -sutil y sorprendente- de resituarlos en la memoria colectiva. “Las cosas que perdimos en el fuego” tiene algo de crónica policial y otro poco de retrato descarnado de un caso que podría describirse como locura colectiva, pero sobre el telón de fondo -esta vez harto más explícito- del maltrato (las golpizas, la desfiguración, el femicidio) que sufren las mujeres en todas las latitudes. “Chicos que vuelven” es la historia que más propiamente puede inscribirse en el género terrorífico, porque recurre a figuras ya tradicionales en la literatura y el cine, pero de una manera que nuevamente sorprende, tanto por el cuidado en la construcción del relato como en el modo en que un tópico -un topicazo, a estas alturas, en el cine, sobre todo- se convierte en una singular manera de introducir cuestiones como el secuestro de mujeres para la prostitución, los abusos de los padres sobre los hijos, las rupturas matrimoniales que llevan a que uno de los cónyuges se escape con los hijos, la drogadicción, la miseria y el abandono.

Mariana Enriquez. Montacerdos, Santiago, 2013. 109 páginas.

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