Daniela Astor y la caja negra

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 28 de septiembre de 2013

Maquetaci—n 1¿Cuántas maneras hay de leer y contar un proceso de transición a la democracia? Los novelistas españoles demuestran que hay muchas, como se ve en dos novelas que comienzan en 1978. Javier Cercas, en Las leyes de la frontera, optó por el retrato de los delincuentes juveniles que, por un extraño azar de la historia, en algún momento fueron vistos como héroes; y Marta Sanz, en Daniela Astor y la caja negra, por el progresivo descubrimiento del cuerpo femenino y de sus derechos. La novela discurre por un doble trayecto: por una parte, está el relato en primera persona de la protagonista que habla desde sus doce años, pero, invirtiendo el dicho habitual, desde el adulto que todo niño lleva dentro. Por otra, el libreto de un documental realizado por la misma Catalina a sus cincuenta años, que recorre páginas de la década de los setenta: las primeras portadas de la revista Interview, que incluían desnudos de famosas actrices y cantantes; el género cinematográfico del “fantaterror” español, que antecedió en audacia y desnudos a la comedia erótica que floreció ya iniciada la transición; las vidas quebradas de esas mismas actrices que marcaron el preludio del destape español de comienzos de los ochenta. Catalina y su amiga Angélica sueñan que se llaman Daniela Astor y Gloria Adriano, mujeres bellas y rutilantes que despiertan el deseo masculino, cuando en realidad son dos adolescentes que enfrentan el despertar de su conciencia de mujeres en el marco de una sociedad represiva y timorata. El doble o triple juego entre su vida convencional y la vida de fantasía, entre el documental que rememora y desmenuza lo que hoy llamaríamos la farándula en la época en que las niñas viven, le otorga a la novela no solo complejidad e interés, sino también una rara capacidad de construir personajes atractivos e historias cuyo desgarro -porque, por supuesto, la realidad impone sus derechos y las obliga a desterrar a sus falsas identidades, incapaces ya de sostener el muro defensivo de la fantasía- comienza cuando la madre de Catalina adopta una decisión que significa la ruptura del entramado familiar. Desde sus cincuenta años, o desde la adulta que la niña lleva dentro, Catalina ofrece un recorrido sereno y revelador de cómo las mujeres de su generación se descubrieron a sí mismas y de cómo vivieron esa transición que fue también, de alguna manera, un paso a la madurez.

Marta Sanz. Anagrama, Barcelona, 2013. 267 páginas.

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