Ciencias morales

Reseña publicada el 26 de mayo de 2009, en mi anterior blog

Ciencias moralesUna novela como las que me gustaría leer en Chile sobre la época de la dictadura: personajes anodinos y miserias cotidianas contra el telón de fondo que moldea conductas, sospechas y relaciones; y un abuso, un sólo abuso, que no por aislado es menos terrible y que sólo es posible en virtud de ese panorama general que apenas se sugiere. Los pequeños delatores, los guardianes del deber ser, los que reciben un poder vicario pero no menos opresivo, los que encarnan esa perversa manera de ejercer la corrección en nombre de abstracciones inhumanas, los que, en realidad, hacen posible que las dictaduras se sostengan más allá del mero ejercicio del poder de las armas: el señor Biasutto.

Y, del otro lado, las víctimas, con la ingenuidad de la juventud y la credulidad que emana de la ignorancia, atrapadas en una madeja de tensiones soterradas, que aceptan como normal un orden de cosas profundamente trastocado y que, cuando se revela en su real dimensión y las hace sentir la violencia en carne propia, no pueden responder más que con el pavor mudo, el silencio estremecido, el terror paralizante y, lo que es peor, con un punto de complicidad: la señorita María Teresa, a quien en casa llaman Marité.

La historia es simple y está muy bien contada, con un estilo frío y preciso y tanto más eficaz por ello. Transcurre casi por completo en el Colegio Nacional de Buenos Aires, la institución más antigua y prestigiada de la Nación, en 1982, cuando estalla la guerra de Las Malvinas y la dictadura argentina se encamina hacia su abrupto final. Pero ese es el telón de fondo. Sobre ese tapiz, Kohan logra construir una novela minuciosa, a ratos asfixiante y de una rara sabiduría para dosificar los efectos y hacer crecer, en el lector, la opresiva sensación de déja vù que puede asediar a cualquier latinoamericano que vivió en esos años. Pero no sólo a ellos, en realidad: a cualquiera que haya sufrido la presencia ominosa de los dueños de la verdad, que nunca faltan en cualquier época o régimen político.

Anagrama, Barcelona, 2007. 219 páginas.

Daniela Astor y la caja negra

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 28 de septiembre de 2013

Maquetaci—n 1¿Cuántas maneras hay de leer y contar un proceso de transición a la democracia? Los novelistas españoles demuestran que hay muchas, como se ve en dos novelas que comienzan en 1978. Javier Cercas, en Las leyes de la frontera, optó por el retrato de los delincuentes juveniles que, por un extraño azar de la historia, en algún momento fueron vistos como héroes; y Marta Sanz, en Daniela Astor y la caja negra, por el progresivo descubrimiento del cuerpo femenino y de sus derechos. La novela discurre por un doble trayecto: por una parte, está el relato en primera persona de la protagonista que habla desde sus doce años, pero, invirtiendo el dicho habitual, desde el adulto que todo niño lleva dentro. Por otra, el libreto de un documental realizado por la misma Catalina a sus cincuenta años, que recorre páginas de la década de los setenta: las primeras portadas de la revista Interview, que incluían desnudos de famosas actrices y cantantes; el género cinematográfico del “fantaterror” español, que antecedió en audacia y desnudos a la comedia erótica que floreció ya iniciada la transición; las vidas quebradas de esas mismas actrices que marcaron el preludio del destape español de comienzos de los ochenta. Catalina y su amiga Angélica sueñan que se llaman Daniela Astor y Gloria Adriano, mujeres bellas y rutilantes que despiertan el deseo masculino, cuando en realidad son dos adolescentes que enfrentan el despertar de su conciencia de mujeres en el marco de una sociedad represiva y timorata. El doble o triple juego entre su vida convencional y la vida de fantasía, entre el documental que rememora y desmenuza lo que hoy llamaríamos la farándula en la época en que las niñas viven, le otorga a la novela no solo complejidad e interés, sino también una rara capacidad de construir personajes atractivos e historias cuyo desgarro -porque, por supuesto, la realidad impone sus derechos y las obliga a desterrar a sus falsas identidades, incapaces ya de sostener el muro defensivo de la fantasía- comienza cuando la madre de Catalina adopta una decisión que significa la ruptura del entramado familiar. Desde sus cincuenta años, o desde la adulta que la niña lleva dentro, Catalina ofrece un recorrido sereno y revelador de cómo las mujeres de su generación se descubrieron a sí mismas y de cómo vivieron esa transición que fue también, de alguna manera, un paso a la madurez.

Marta Sanz. Anagrama, Barcelona, 2013. 267 páginas.

American Gods

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 26 de septiembre de 2013

American GodsNeil Gaiman (1960) pertenece a la generación de autores de cómics y obras de fantasía que renovó el arte de la novela ilustrada y prolongó sus clásicas fronteras. La mayoría son ingleses que en su desembarco en Estados Unidos captaron de otro modo la tradición (de los superhéroes, por ejemplo) y la condujeron hacia nuevos rumbos. En el caso de Gaiman, especialmente a través de su personaje Sombra, que atraviesa tanto su obra gráfica como su obra narrativa, lo abre hacia la fantasía y el terror, en obras que rebasan todos esos géneros. De hecho, la primera edición de American Gods, en 2002, recibió los premios Nebula y Hugo, que galardonan obras de ciencia ficción; el Bram Stoker, que premia novelas de terror; y el Locus, que hace lo mismo con la narrativa fantástica. Ello muestra claramente el carácter híbrido de la novela y su extraña manera de desenvolverse entre mundos -el de acá, el de los antiguos dioses y seres mágicos que llegaron al Nuevo Mundo, el de las bambalinas donde se tejen los hilos de los movimientos de los actores, el de los muertos que quieren volver- que obliga, como pocas obras, a ese acto de aceptación de las normas internas de la novela para poder seguir la trama.

En apariencia, se trata de una guerra. Sombra, tras cumplir una condena de tres años, sufre la muerte de su esposa, y apenas sale de la cárcel es reclutado por un misterioso anciano de extraños poderes, que convoca a sus antiguos colegas para que los nuevos dioses -la televisión, la tecnología, los intangibles (que habitan en Wall Street), y otros- los destruyan. Todo ello es lo que sostiene la trama: la búsqueda de aliados, los ataques del enemigo, el conocimiento de lugares de poder, los sueños que indican rumbos. Pero también es una interesante y atractiva indagación sobre Estados Unidos, sobre todo de ese gran espacio intermedio entre las costas. Esa veta se expresa en divagaciones, encuentros, notas históricas, que intentan descifrar, en palabras de Gaiman, «los mitos y el alma» de Estados Unidos. Aunque los puristas de la alta literatura pueden despreciar a gente como Gaiman, leer esta versión remozada de American Gods que el autor preparó para los diez años de su aparición es una buena experiencia, si se logra suspender la lógica y los prejuicios. Desde luego, los amantes del género (o de los géneros que toca) la apreciarán sin reservas.

Neil Gaiman. Rocaeditorial, 2013, 558 páginas.

El soneto chileno

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 14 de septiembre de 2013

Soneto chilenoEsta antología, con selección y notas del poeta Juan Cristóbal Romero, es de lectura tan grata como sorprendente. Con razón recuerda el editor que el soneto “fue durante años el filtro que utilizó parte importante de la crítica para distinguir la calidad de un poeta: quienes salían airosos eran encaramados a los altares; a quienes cojeaban de alguna sílaba o abrochaban ya sin aliento los tercetos con una rima floja, se les despreciaba como a versificadores de domingo”. Ese desafío para todo poeta se manifiesta en que por muy vanguardista que fuera, Huidobro escribió sonetos, igual que Mistral, Neruda, De Rokha, Parra y Lihn, entre tantos otros. De ahí que el libro, como lo sugiere Romero, puede funcionar también como una antología de la mejor poesía chilena desde Pedro de Oña a Óscar Hahn (los poetas jóvenes, incluido el editor, han sido deliberadamente omitidos). Adriana Valdés, autora del prólogo, indica las múltiples posibilidades del soneto, desde el cuadro costumbrista a la férrea prisión, desde la ironía y la rabia a la cursilería enorme. Y de todo ello hay en el libro, con presencias inesperadas; ¿quién recuerda que Pedro Sienna, además de pionero del cine, fue poeta, y bueno? ¿O que Manuel Rojas se inició como poeta y seguía un complicado método de escritura que lo llevaba a gastar más de cien hojas para escribir un soneto? ¿O que Blest Gana, aparte de sus grandes novelas, escribió sonetos que se encuentran, como bien dice Valdés, entre lo mejor del siglo XIX chileno? Pero, además, la sorpresa y la gracia de la antología descansan en el diálogo que se establece al interior de una forma precisa y muy regulada de escribir poesía. Apreciar la manera en que abordan el soneto poetas de talantes y tiempos tan distintos es un ejercicio de indudable frescura y vivacidad. Aparte hay que destacar las notas introductorias de Juan Cristóbal Romero, que construyen otro hilo que enlaza toda la poesía chilena, hecho “con conocimiento, humor y buena pluma”, como destaca Adriana Valdés en el prólogo. Algunas muestras: “Escribió mucho y publicó demasiado”, sobre Daniel de la Vega; “a pesar de haber sido un buen poeta, aseguran, fue una excelente persona”, sobre Carlos R. Mondaca; “poeta eminentemente de ocasión. Compuso poemas como el mar da peces, por la sola fuerza de su naturaleza”, sobre Mercedes Marín del Solar.

Juan Cristóbal Romero, selección y notas. Tácitas, Santiago, 2013. 233 páginas.

 

Eugenio Lira Massi, «El hombre del momento»

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 7 de septiembre de 2013

elhombredelmomentoportada-641x1024A cuarenta años del golpe militar, es muy oportuna la aparición de El hombre del momento, que recupera para lectores contemporáneos las columnas que Eugenio Lira Massi, un periodista formado a pulso (es decir, en el ejercicio de la profesión y no en la universidad) publicó en diarios como Clarín y Puro Chile entre 1969 y 1973. Socialista y allendista, Lira Massi además participaba en programas de televisión; su militancia y su fama llevaron a que fuera puesto en la lista de personas más buscadas tras el golpe. Se asiló en la embajada de Francia y murió en 1975, en París, de un derrame cerebral, a los 40 años.

El libro está dividido en dos grandes secciones. La primera, “Érase una vez”, agrupa las columnas autobiográficas que publicó en Puro Chile. Se trata, sin duda, de lo mejor del volumen, donde el autor demuestra su talento para usar el lenguaje popular con una viveza y plasticidad muy poco habituales, al servicio de la reconstrucción de la vida cotidiana en diversos lugares del país, pero sobre todo en la comuna de Independencia. La sociabilidad, los partidos de fútbol, los amigos, los padres de los amigos y personajes tan entrañables como Cara de Hacha, un chofer de micro que siempre hablaba de sí mismo en tercera persona, Pildorita, el Lalo, el Tuco, el Pocho, son la materia prima para esta manera de recuperar una manera de habitar la ciudad que parece ya desaparecida, pero que también, gracias a la fluidez y riqueza del estilo de Lira Massi, parece también tan viva y tan cercana. La segunda, “A mi distinguida clientela”, recopila columnas de variado orden temático, donde el autor le habla a los lectores con una naturalidad impresionante, como si se tratara de sus amigos o como si estuviera reunido con ellos en algún bar o en una casa. Ahí muestra también su lado más mordiente -usaba el sarcasmo como una herramienta muy bien conocida- y sus firmes convicciones políticas. A través de ellas se percibe con fuerza la polarización del país, pero, lo que es más interesante aún, una manera de entender el periodismo sin remilgo alguno, que convertía a personas como Lira Massi, José Gómez López, Fernando Rivas Sánchez, en personajes relevantes en el paisaje político y cultural de la época. De ahí que este libro sea tan importante para la memoria, como caso ejemplar de periodismo comprometido y por su manera de narrar, tan viva y dúctil que admite muy pocas comparaciones.

Eugenio Lira Massi. Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2013. 212 páginas. Selección y prólogo de Marcela Fuentealba.