Primos, de Luis López-Aliaga

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 7 de enero de 2012

“La historia se mueve, se arma y se desarma con unos pocos datos”, dice una de las voces narrativas de esta novela de Luis López-Aliaga que, pese a su brevedad, tiene una estructura que pareciera moverse, armarse y desarmarse al ritmo de historias que se entrecruzan, de fragmentos con orillas discontinuas, de momentos que se dispersan en el tiempo, de geografías que nunca se funden en el mismo plano. La estructura quebrada plantea, sin duda, un desafío: el lector es quien tiene que disponer las piezas en un todo coherente y fijar el rumbo de la navegación al interior del relato. No tiene sentido entonces reconstituir el hilo de la trama, que circula en torno a una familia de inmigrantes, de ese tipo de familias que fundan su identidad más sobre los silencios y las omisiones que sobre tradiciones explícitas y relatos triunfantes. Con todo, hay datos ineludibles: dos primos, Pablo y Flavia, se encuentran en la casa del tío que vive en el sur, en la zona de la inmigración italiana a fines del siglo XIX, a mediados de la década de los ochenta, cuando ella todavía es apenas una adolescente que ya muestra, más que su rebeldía, su capacidad de resistencia a lo convencional. De ahí en adelante se suceden los narradores, las miradas, los episodios fragmentarios; un viaje al norte, una exploración de archivos en la biblioteca nacional, vidas cotidianas en el vacilante recomienzo de la democracia, el antepasado que volvió a Italia, son retazos de un tapiz donde la mayor continuidad está en el “Cuaderno azul” de Flavia, pero éste también es fragmentario y queda trunco, por cierto, por lo que revela una línea previa del relato.

Todo ello se afirma en una escritura que denota oficio y talento; las distintas voces narrativas tienen identidad propia y sostienen la cadencia de un relato que se ordena desde la vertiente de la nostalgia –que no otra cosa es perseguir las claves de una historia familiar- y desde esa interrogación permanente que abre una vida precozmente truncada. Quizá se le puede objetar a Primos que la complejidad corre el riesgo de abrir paso a la confusión, que la armazón de retazos amenaza con convertirse en un amasijo de islotes incomunicados. Pero la cadencia de la escritura sale adelante y la línea final –desolada, precisa- cierra, efectivamente, una buena historia.

Luis López-Aliaga. Libros la Calabaza del Diablo, Santiago, 2011. 105 páginas.

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