Un muerto equivocado

Reseña publicada en la revista «El Sábado» del diario El Mercurio, 26 de noviembre de 2011

Podría ser el título de una novela de Robert Louis Stevenson, en esa vertiente de la comedia negra donde brilló como pocos el novelista inglés. O de una novela policial. O de una página de la crónica roja. Pero en realidad es el título de un libro de poesía, breve, tan breve como la producción de Matías Rivas, su autor: han pasado 14 años desde la aparición de Aniversario y otros poemas. Y, sin embargo, Un muerto equivocado no tiene nada de leve. En su primera parte –“Beautiful Agony”- asoman voces destempladas, sombrías, que sin contención ni medida se asoman a esos rincones que nadie quiere ver ni oír: la decadencia de la vejez, la humillación y la esclavitud sexual, el real origen del dinero, la trastienda repugnante de hospitales y casas de reposo. Voces que podrían ser aullidos, pero, sometidas al rigor del lenguaje de Rivas, que depura las vibraciones y las ajusta a un ritmo de verso largo, casi excesivo, adquieren una frialdad que las hace aún más atroces. “Quiero escalofríos. Gritar. Pedir otro roto más si se me antoja”, le dice una vieja heredera a su empleada; “soy yo quien le lame el infinito hoyo a la nada”, se lee en otro lugar, en un poema que también habla de “la contemplación de la náusea fría del orden”, que podría ser también una buena manera de describir estos poemas.

La segunda parte, “Un amor contemporáneo”, es más diversa en la métrica y en el tono de resonancias clásicas que emparenta más con su primer libro. Aunque también se filtra algo de la fría desesperación de la parte inicial (“Estoy convertido en un hipocondríaco y sediento puto, / en un neurasténico bestia”), estos poemas brillan más por la sobria elegancia de, por ejemplo, “Hora incierta”, quizá la mejor pieza de la colección: “A la hora no ha lugar en que escribo estas palabras / invoco una claridad glacial, impía, / y en cínico silencio registro anonadado, / al ritmo de irresponsables crayones, / algo sobre ese amor desafiante que arremete / como una hija furiosa pidiendo ser golpeada”. Poesía, pues, ajustada y precisa, que cuesta situar de buenas a primeras en las tradiciones que se disputan la escena criolla y que muestra, por lo mismo, que aún es posible retorcer el lenguaje hasta que fluya con renovada originalidad y fuerza expresiva.

Matías Rivas. Ediciones Tácitas, Santiago, 2011. 59 páginas.

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