Pistas de un naufragio + Lichtenberg

Hoy leí unas 80 páginas de Pistas de un naufragio, el libro de Chiara Bolognese sobre Roberto Bolaño. Se trata de la primera aproximación al conjunto de su obra; o, al menos, la primera que trasciende el ámbito académico, o la primera tesis de doctorado sobre Bolaño que se edita como libro, algo aligerado del aparato crítico y teórico que suele ser la pesada mochila de la academia. Está en algunas librerías de Santiago y pronto comienza a venderse en España.

Está estructurado en cinco partes. La primera es “Itinerarios”, que comienza por una aproximación a la biografía de Bolaño; luego, también de manera somera, inscribe al autor en su “época literaria”, sus pares y maestros, sus enemigos, sus detractores; y cierra con el enunciado de su poética. Es interesante, porque, además de pa perspectiva general, bien lograda, entrega pistas y líneas para profundizar en aspectos puntuales de su obra; por ejemplo, su relación con la poesía chilena, o su manera de inscribirse en la tradición argentina, o su modo de leer el canon. Bolognese tiene además la virtud de hilar bien textos de épocas y géneros disímiles, desde la poesía y el ensayo hasta, obviamente, la narrativa del autor, la parte más voluminosa de su obra.

Luego empecé la segunda parte, “El territorio Bolaño“, que analiza variables como el exilio (voluntario, en su caso) y el tipo de espacios en que se desarrolla buena parte de su obra, espacios urbanos desangelados y marginales, generalmente, que trazan un territorio bien delineado y poderoso en su manera de poner en cuestión las certezas del lector. Voy en el capítulo dedicado a la ciudad; ya hablaré más del tema más adelante, porque vale la pena revisar, aunque sea muy brevemente, las ideas que la autora pone en juego.

Sólo quiero agregar que, en algunos casos -pocos, por fortuna-, Bolognese cede a la tentación -o quizá a obligación- de la academia e incorpora conceptos tales como “literatura fractal”, que viene de las matemáticas, o la “modernidad líquida”, un péstamo de la sociología de Zygmut Bauman, que no muestran mucha utilidad para iluminar la obra de Bolaño. Lo curioso es que las conclusiones o inferencias de la autora a partir de esos textos son mucho más interesantes y atingentes que el concepto utilizado, y uno se pregunta si era de verdad necesario hacer ese rodeo. De cualquier modo, el libro de Bolognese me ha parecido, hasta este momento, muy interesante, útil y esclarecedor, una buena guía para adentrarse en una lectura sistemática, o un buen fruto de una lectura sistemática.

Y para amenizar la tarde, avancé unas cuantas páginas de un libro gracioso, ingenioso, divertido, amable y muy literario: 62 maneras de apoyar la cabeza, de Georg Chistoph Lichtenberg (un par de páginas) y Andrés Virreynas (todo el resto, que es bastante). Este último, mexicano, supongo, en realidad comenta y extiende un curioso apartado de los cuadernos donde Lichtenberg solía escribir sus famosos -y notables- aforismos, de la mano de imágenes de escritores, pintores, ajedrecistas, etc., que ilustran algunos de los modos de sostener la cabeza, o el rostro, como escribió originalmente el escritor alemán, traducido, para esta edición, por Juan Villoro. Un modelo de libro perfectamente inútil que, sin embargo, se lee con insólito placer. Edita Tumbona; en Chile, distribuye Hueders.

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