Cómo hablar de los libros que no se han leído

Hace tiempo que tenía ganas de leer este ensayo de Pierre Bayard y, luego de unas cuarenta páginas, está absolutamente a la altura de las expectativas. Es más, creo que es un libro imprescindible para todo aquel que se mueve en el mundo de los libros. Una de sus tesis es que importa más la situación que el contenido, es decir, la capacidad de situar el libro en el continuo de la cultura, más que dominar perfectamente su contenido. Es una idea provocativa e interesantísima. Mientras avanzo, quiero compartir una extensa Bayardcita de Paul Valéry, un mal lector, un pésimo lector, pero tan brillante que hizo de su aversión al libro una teoría sobre el modo correcto de aproximación a la biblioteca infinita. La cita pertenece a su discurso de incorporación a la Academia Francesa, donde llegó en reemplazo de Anatole France (Premio Nobel de Literatura en 1921 y, de lejos, uno de los autores más olvidables de su tiempo). Valéry estaba obligado a rendirle homenaje y su texto es un modelo incomparable de solapada perfidia:

El público supo agradecer infinitamente a mi ilustre antecesor haberle procurado la sensación de un oasis. Su obra sorprende dulce y agradablemente por el contraste refrescante y graduado con los estilos resplandecientes o complejos que se elaboran por doquier. Parecía que la sencillez, la claridad, la simplicidad hubieran regresado a la tierra. Son diosas que complacen a la mayoría. Se estimó rápidamente un lenguaje que era posible degustar sin pensar demasiado, que seducía por medio de una apariencia natural, y cuya limpidez dejaba sin duda evidenciar a veces un trasfondo, aunque no misterioso; al contrario, siempre legible cuando no consolador. En sus libros se halla un arte consumado sobre el florecimiento de las ideas y los problemas más graves. Nada detiene la mirada, si no es la maravilla de no encontrar en ellos ninguna resistencia. ¿Acaso hay algo más precioso que la ilusión deliciosa de la claridad que nos procura la sensación de enriquecernos sin esfuerzo, de apreciar el placer sin pena, de comprender sin atención, de disfrutar el espectáculo sin tener que pagar?

Maravilloso, ¿no?

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