Relecturas
1. La cartuja de Parma. La leí hace por lo menos 20 años, en una edición en dos tomos de una desaparecida editorial argentina con traducción de José Bianco. La presté y la perdí hace muchos años también y ya pensaba que iba a tener que conseguir otra versión cuando Mondadori reeditó la misma traducción, que procedí a comprar y releer de inmediato; y renové mi amor eterno por Gina Pietranera, para mi gusto, el mejor personaje femenino de la literatura mundial de todos los tiempos.
2. Ivanhoe. En la entrada anterior de este blog escribí sobre esta experiencia, así que no me repetiré.
3. El gran arte. Gracias a la editorial chilena Tajamar, pude volver a leer esta enorme novela de Rubem Fonseca, su obra más ambiciosa, un placer que agradezco y que recomiendo encarecidamente. Tajamar acaba de publicar además Vastas emociones y pensamientos imperfectos; mi reseña aparece el sábado 9 de enero.
4. El conde Montecristo. Otro clásico que no leía desde que era chico. Estupenda la edición de Mondadori. Es un culebrón incomparable. 1100 páginas que pasan volando.
5. El elegido. Es una de las novelas tardías (y menos conocidas) de Thomas Mann. La leí en una antigua edición de Sudamericana, creo. Ahora vuelve por Edhasa. La reseñé, pero no sé si el diario la publique: no les gustan las reediciones. No importa que lleve décadas fuera de las librerías, que sea una nueva traducción en otra editorial, en fin.
Bodrios infumables
1. El premio mayor se lo lleva Muerte a los latinos, de Fernando Villegas. Con mi reseña me gané el mote de “critiquillo huevoncete”, una de las mejores cosas que me pasaron en 2007. Aquí, la reseña y la enjundiosa respuesta del autor.
2. Como bien dice Andrea Palet, da lo mismo que Ampuero sea un mal escritor y que apoye a Piñera; lo insoportable es que crea que es un intelectual. Sus primeras novelas policiales son pasables, pero luego ha ido cuesta abajo en la rodada. Aquí está mi reseña de Pasiones griegas, una de esas novelas que te hacen rabiar por el tiempo perdido en la lectura.
3. No es tan mal libro como para caer en la categoría de bodrio infumable, pero su autor ha armado tal alharaca por las reseñas desfavorables que lo incluyo en la lista. Está bien, se puede discrepar del crítico, pero atribuir intenciones o personalismos es un recurso muy bajo. Me cae bien Gumucio, pero eso no es razón para callar lo que pienso: La deuda es una novela fallida, débil y pretenciosa. Mi reseña, aquí.




¡¿La condesa Sanseverina, el mejor personaje femenino de la literatura universal?!…¡Vaya solemne estupidez! ¿Acaso tú no has leído Anna Karenina, Madame Bovary o Nana?, por citar sólo tres de los más de 500 personajes femeninos de la literatura universal que, en todos los sentidos literarios posibles, estarían por encima de Gina Pietranera, tan tonta ella como el gilipollas de su malcriado sobrino, exagerado y ridículo playboy de carton piedra con el que, claramente, se le fue la mano a ese escribidor de segunda fila que fue Stendhal.